NOTICIAS DE GENERAL ALVEAR 

De bailes y orquestas en el campo…

 

La fotografía, del año 1962, muestra a la Orquesta Característica, que animó la fiesta de casamiento de Irma Gangoso con Ángel Díaz, que se realizó en el Paraje La Garita, en una carpa armada con palos y lonas sobre el piso de tierra que se pelaba con pala ancha a puro brazo. GENTILEZA LIS SOLÉ
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La fotografía, del año 1962, muestra a la Orquesta Característica, que animó la fiesta de casamiento de Irma Gangoso con Ángel Díaz, que se realizó en el Paraje La Garita, en una carpa armada con palos y lonas sobre el piso de tierra que se pelaba con pala ancha a puro brazo. GENTILEZA LIS SOLÉ

Por Lis Solé

Cuántas cosas han cambiado en no tantos años… Siempre pienso lo difícil que debe ser para las personas que ahora tienen más de ochenta años poder vivir en el mundo actual. La radio, la electricidad, las grabaciones, la televisión, los teléfonos… ¿Cómo incorporar esos cambios?

Y así como se ha tecnificado todo, las costumbres también parecen como si estuvieran relegadas en lo más profundo de un túnel que ya no se ve. Pero hoy, gracias a una fotografía, podemos ver a una orquesta en el casamiento de Irma Gangoso con Ángel Díaz, vecinos de General Alvear, en el Paraje La Garita, en los campos de Gándara. El acontecimiento se llevó a cabo el 15 de septiembre de 1962, en una carpa con palos y lonas sobre el piso de tierra que se pelaba con la pala ancha a puro brazo.

Recuerdos  

La Orquesta Característica que amenizó la reunión estaba formada por Mito Sánchez (con maracas para simular, porque no era músico), Luis Herrera en guitarra, Hidalgo con su acordeón a piano, el Cholo Yocco (bandoneón), Cacho Herrera (acordeón a piano), Carlos Quiroga (maracas), Cacho Yocco (redoblante y batería) y Cholo Trezza que simula dirigir la orquesta, pero no era músico tampoco sino el dueño y chofer del camión que  transportaba la orquesta completa. Algunos parodiando, otros tocando, todos disfrutando de la fiesta…

Cuenta Carlos Quiroga que si bien él fue bandoneonista durante mucho tiempo, en esa fiesta tenía unos catorce años y era invitado y vecino de la familia, todavía no músico oficial. Carlos aprendió bandoneón con Moleiro y empezó a tocar profesionalmente a partir de los diecisiete años, desde 1965 hasta 1991 que fue la última vez que tocó con René y su Conjunto.

La fiesta 

En estos bailes de compromiso o de casamiento se juntaban doscientos o más invitados y se armaba la fiesta con grandes asados: dos o tres corderos, chancho frío, siempre los pasteles de postre y, por supuesto,  la torta de casamiento. Las sillas y las mesas eran prestadas de los vecinos e iba toda la familia. Y si no había auto, se iba en sulky, o en carro, sin importar distancia, frío o calor…

Había dúos, tríos, muchos músicos. Los grupos casi se armaban en el día: Rapoza con  Oroná en guitarra y por ejemplo llevaba a Ponce. Después, Tito Pradera con el acordeón a piano y que por ahí, cuando “agarraba” un casamiento, veía a Carlos Quiroga para que acompañara con el bandoneón e invitaba a Tete Severino en batería. Los hermanos Yocco  también solían armar un conjunto con Cascallares, o  con Pedano,  Oroná,  Rapoza… O el viejito Orchiani que también tenía su grupo y salía a tocar en los casamientos. ¡Tantos nombres en el recuerdo de General Alvear!

Al mal tiempo, buena cara   

No había conjuntos estables, cuando se necesitaba alguno se contrataba. La cosa era simple: venía generalmente el padre de la novia y decía: “Che, se casa mi hija y preciso una orquesta”, y ahí se armaba una. Y era a capella ya que no había nada de amplificación: con el piso de tierra y techo de lona  había que cinchar, cantar a los gritos, y a tocar y tocar, para que sonara lo más fuerte que se pudiera y pasar los murmullos de la gente. Y que no lloviera, porque con el ruido de la lluvia sobre las chapas o las lonas, no se escuchaba nada. Si llovía, había que empujarlas desde abajo para sacar el agua…

En invierno, un frío infernal en los galpones o en las carpas de lona… Carlos recuerda que en otra de las fiestas fueron en una Chevrolet viejita con Pradera y Tete Severino y empezó a llover a la madrugada. Se largó el agua como a las dos de la mañana y como no se veía nada, tuvieron  que esperar hasta que amaneciera para volver al pueblo… Los caminos se inundaban y las luces de sólo seis volts de la camioneta no iluminaban la huella, eran como un fosforito en el agua. Cuántos recuerdos y aventuras…

Los grupos no tenían nombre. Había orquestas típicas y orquestas características. La orquesta típica está formada por piano, violín, bandoneón y por supuesto el contrabajo. Ésa era la verdadera “orquesta típica” y tocaban tango, milonga y valses. En Alvear hubo una orquesta típica hace muchos años, y los músicos eran  Bazán (bandoneón), Moleiro (bandoneón también), Josesito Gamondi que era el violinista igual que Fernández, “Coco” Martínez en piano y Jaime Sastre en contrabajo. Ésa era una orquesta típica.

La “orquesta característica” tenía acordeón a piano, batería, bandoneón, guitarra, lo que viniera… Era de más jazz. Tocaba rancheras, bahion, rancheras con relaciones, foxtrot, pasodobles, tangos, milongas. En esa época estaban de moda “El gaucho pachanguero” y “Moliendo café”. Todos bailaban, se escuchara o no a la orquesta. Las parejas giraban todas hacia un mismo lado, amontonadas y los chiquitos corriendo por todos lados…

Hasta se vestía diferente, de traje, bien peinado con un jopo, a la gomina y siempre corbata y zapatos. Se usaban los zapatos Grimoldi que vendía  la Casa Naldo o los zapatos “Paso Doble” que se compraban en Zapatería Delucca.

Qué bueno es ver fotos… Si uno no ve, las cosas se pierden en la memoria. Si no hubiera existido la foto del casamiento de Gangoso Díaz, ese momento se hubiera perdido en la memoria de muchos para siempre, el baile compartido, la picardía velada, el amigo de toda la vida, la primera novia, la primera borrachera, el primer beso… La imagen hace el click necesario en la memoria que se ilumina, alegra y vuelve a  ser… Y la nostalgia sana nos pone sonrisas bobas en la cara y en el corazón…

Agradezco a María Yocco, Carlos Quiroga, Mito Sánchez, Isolina y Titina Restagno por compartir sus recuerdos.

 

 

 

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