“De la Mancha”

 

Por Adolfo Mirande – Especial para EL TIEMPO

Qué terco en la nobleza. Y en lo más loco del coraje, que empeñoso  en la bravura.

Filoso y sin sonrisa el perfil agreste. ¡Que dura su manera!.

En ventas y palacios…Con princesas y venteras, que pronta y tan fina su graciosa galanura…Y que presto su afanoso besamanos…

En el lance  que aire  orgulloso y desafiante…Acaso Sir Lanzarote del Lago fuera…Pero no lo era…Porque era Don Quijote, el de la lanza arriba y su atropellada fiera…

Qué porte tan triste el caballero. Irrespetuoso y garboso su gesto ante fantasmas y gigantes…

Tan negros los ojos  y terribles para la mirada del justiciero…

El sudor  intenso empapando  la flacura del que siempre fue de  frente…

Espada con acero de Toledo  brillando en tascas y  cortes de damas principales, o en sierras y llanuras, con soles y con lunas, de manos de un valiente…

Profunda angustia,  y que estupor  por las derrotas y caídas, en el alma de… La Mancha…, la española…

Gusto  amargo para la saliva, en las noches y los días de la burla derramada…

Cuantas almas incrédulas contemplan el coraje inútil de la lanza en embestida…

Qué dolor cuando muerdan las culebras miserables de la befa y el escarnio.…

¡Está tan fría la noche!…¡Está tan triste el Caballero!…¡Está tan negra la Luna!…

Y está abierto el pozo del  sepulcro.

Se fue al cielo de los grandes, donde moran las mujeres que amaron a los dignos y valientes, donde reina Arturo de Camelote  y donde el hombre de España tuvo su lugar entre los que fueron los más empinados en el mundo de princesas, donde siempre cabalga un caballero.

Audaz en la atropellada  y en las cargas;  entre todos, el primero…

Y  más puro el corazón y romántico,  que cualquiera, por más enamorado que este sea.

Lado a lado de Sir Galaad y Sir Gawain en la mesa redonda de la eternidad,  del coraje y la decencia.

No habrá molinos de viento, trocados por hechizo en endriagos fieros,  y lo acunara la paz para todos los tiempos… La faena para él está acabada.

Pero el pensamiento…

El pensamiento seguirá sin arriar banderas…

Perdiendo, pero por siempre sin arriar banderas…

Tantas veces la carne muera, tantas veces flameara al aire el pendón del alma manchega.

Y al decir del eterno Merlín el mago, que fuera de Arturo amigo y consejero, ¡Así es Don Quijote de la Mancha…Que en buena hora lo sea!

Caballero entre los de adentro y los de afuera…En la sierra Morena, en toda otra tierra y en el Cielo que lo espera.

¿De qué otra forma, podría ser, el zafio caballero, en la patria española, que llora al amar y enfrenta con una flor  y  con una sonrisa,  la muerte al pasar? En esa tierra de la lagrima, del piropo a la gitana y del beso en el rio a mora o a cristiana.

Del Guadalquivir, y de la andaluza atrevida sin rubores.

Como habría de ser, sino, el hidalgo de lanza en astillero,  en la patria de Malena, la de Jerez de la Frontera, que agita palo santo en las nerviosas castañuelas.

O en el suelo del galope del Cid, con  potros morunos en tropillas de loca carrera y con cola al corvejón.

Y de bellas mujeres que por el recuerdo de un beso, parpadean. Así habría de ser  Don Quijote, el de la tierra brava, aunque Don Miguel sin nacer fuera.

Tate, tate, caballero.

Que en Alcalá, el de Lepanto fue nacido  y un recuerdo legendario  cuenta,  que con lágrimas, con vino en la barriga,  y entre putas y bullicio, decía el bueno de Cervantes…

Melancólico y nostálgico…

…Allá, en la paciencia del azul del cielo, estarán con el jinete flaco…Sancho…La del Toboso…Y Rocinante, hasta que viva el tiempo entero.

 

 

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