UNA MIRADA EN UNA FOTO QUE INVITA A REFLEXIONAR

Del dolor a la oportunidad de ayudar

Julio Gardino hizo contacto con la gobernadora bonaerense y María Eugenia Vidal aceptó escuchar brevemente la historia de Luca y lo que tiene que ver con el pedido de donación de órganos. Sucedió durante la visita que la mandataria provincial realizó a esta ciudad a principios del pasado mes de julio. El papá de Luca encarga una cruzada solidaria para tratar de llegar con un único mensaje: que la ciudadanía acepte la donación de órganos para prolongar la vida de terceras personas. Una mirada punzante que circula por las redes sociales: la del pequeño Luca, que falleció a los 3 años producto de un “accidente” doméstico. “No sabés lo que eran los abrazos que él me daba; me decía ‘paaa…’. Un abrazo raro era”, expresó el papá del nene que murió el 20 de febrero de 2014. : Izquierda, el Hipódromo es uno de los tantos sitios donde Julio Gadino acude con el fin de fomentar su cruzada. A la derecha, uno de los carteles que autores ignorados retiraron del lugar donde se encontraba, dentro del Parque Municipal.
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Julio Gardino hizo contacto con la gobernadora bonaerense y María Eugenia Vidal aceptó escuchar brevemente la historia de Luca y lo que tiene que ver con el pedido de donación de órganos. Sucedió durante la visita que la mandataria provincial realizó a esta ciudad a principios del pasado mes de julio.

Escribe: Augusto Meyer de la redacción de El Tiempo

Hoy se cumplen 898 días de que Julio Gardino tomó el fallecimiento de Luca, de 3 años, como un disparador en una cruzada en favor de la donación de órganos. Esto lo llevó, por ejemplo, a pedirle a la gobernadora bonaerense María Eugenia Vidal, durante su reciente visita por Azul, que posara junto al afiche con la imagen del nene y una frase que indica “Si yo pude, vos también podés”.

El 20 de febrero de 2014 marcó un antes y un después en la vida de Julio Gardino. La noche de aquel día viernes, junto con su pareja, este hombre tuvo la entereza de acceder a la donación de órganos de su hijo Luca, de 3 años de edad, que estaba conectado a un respirador artificial en una cama del Hospital Materno Infantil “Argentina Diego”. Instantes antes, los médicos de ese centro asistencial provincial le habían confirmado a los padres que el nene tenía muerte cerebral. Ante la situación de un cuadro irreversible en la salud del menor, Gardino se sumió -hace hoy exactamente 898 días- en un mundo que lo mantiene encabezando una lucha personal que, según él asegura, no tiene límite: instar a que la gente done sus órganos. El hombre, que días pasados fue entrevistado por este diario, dio cuenta de la transformación que hizo del dolor en fuerza de voluntad para fomentar que la ciudadanía en general, y la azuleña en particular, tenga ese gesto de solidaridad que puede salvar vidas.

Con ese fin ubicó una penetrante imagen de Luca en afiches, volantes, remeras y carteles que distribuyó en distintos puntos de la ciudad, y busca que aquellos que quieran adherir a esta campaña se fotografíen junto a esa postal. Y fue así que, recientemente, logró que la gobernadora bonaerense María Eugenia Vidal posara junto al cartel con la fotografía del nene, dueño de una penetrante mirada.

 

Un “accidente” doméstico que cambió todo

Según el propio Julio Gardino contó en el diálogo que mantuvo con EL TIEMPO, hacia mediados del mes de febrero de 2014 su vida familiar transcurría normalmente. El hombre, que tiene dos hijos mayores y regentea una carnicería en la calle Hipólito Yrigoyen, a una cuadra de la Costanera Cacique Catriel, hizo un repaso de lo ocurrido aquel 18 de febrero de 2014, en lo que él asegura y reasegura que fue un “accidente”. Era un día miércoles y su pequeño hijo como tantas veces lo había hecho salía del comercio y, una vez más, se dirigía hasta el domicilio de un vecino a jugar con un amiguito y vecino.

La cotidianeidad de aquella jornada comenzó a desdibujarse cuando Luca regresó de aquella visita muy dolorido tras golpear su cabeza contra una mesa en momentos que se encontraba saltando en un sillón. Ese mismo miércoles, su mamá llevó al chico al centro asistencial porque lloraba y se quejaba de ese golpe que sufriera un rato antes. Luca ingresó lúcido en el centro asistencial de la calle Prat entre De Paula y Moreno, pero tenía vómitos y presentaba un traumatismo localizado en la región temporal derecha de su cráneo, con un edema compatible con ese golpe. Dado el estado del nene, se decidió que quedara internado y en las primeras horas del día siguiente, fue operado por primera vez. A esa altura su estado era crítico. A tal punto que, luego de que salió del quirófano, ya estaba con respiración asistida y su pronóstico era reservado. El daño cerebral sufrido por el golpe en su cabeza se agravó, por lo que ese mismo jueves hubo que operarlo por segunda vez. Al día siguiente, el deterioro neurológico que el menor presentaba hizo que los médicos concluyeran que tenía muerte cerebral.

Según recuerda Gardino en la entrevista, esa noche marcó un antes y un después en su vida y del resto de su familia. Ya nada volvería a ser como antes. Con el irreversible estado neurológico del nene confirmado se tomó la decisión de donar los órganos de Luca. Desde el hospital hubo una comunicación con referentes del CUCAIBA, el Centro Único Coordinador de Ablación e Implante de la provincia de Buenos Aires, para comenzar con el operativo, mientras que el cuerpo del nene era mantenido con ese respirador artificial para conservar los órganos que luego serían donados. De acuerdo con lo que relató la entonces directora del Materno, Dra. Alicia Caramello, todo el equipo humano del hospital resultó afectado por la muerte del nene. En medio de ese triste panorama, Caramello destacó la decisión de los padres de donar los órganos de Luca.

“No espero que caiga nada del cielo”

Julio Gardino es nacido y criado en Azul y tiene un hermano que es mayor que él. En la charla con este medio, el hombre aclaró que hubo muchas cosas que se escribieron y que se dijeron por distintos medios gráficos, radiales y televisivos de la ciudad luego de la muerte del nene con las cuales quedó molesto, tras lo cual se sumergió en un repaso de su vida desde que Luca llegó a este mundo.

“Era el nene que yo iba a disfrutar. A mis otros dos hijos (uno de 32 y otro de 28 años) no es que no los disfruté. Luca era un chico raro; raro en el sentido que teniendo tres años era muy independiente y nunca renegaba por nada. Cuando se le decía ‘que no’, él sabía que era no. Los que lo conocieron te pueden llegar a decir quién era ‘Luquitas’. Él estaba en su mundo, no jodía nunca y fue chico que no lloró nunca. Cuando le salieron los dientes, ni baba le cayó. Tuvimos la desgracia que se fue a jugar a la esquina, con el amiguito, saltando en un sillón se golpea y pasa lo que pasó. Si vos me decís ‘Julio decí el Padre Nuestro’, yo digo ‘Padre Nuestro que estás en el cielo’ y se me terminó el mundo porque no lo sé y no tengo interés en saberlo. Yo sé que a la mañana abro los ojos, me levanto y veo la luz. ‘Estoy vivo’, el día depende de mí. No espero que caiga nada del cielo. Del cielo cae solamente agua”, definió Gardino.

Agregó que “hay tres cosas que me marcaron con Luca. Por lo que me pasó con él tengo que creer en algo. Quiero creer en algo y estoy creyendo en algo. Tengo un video de Luca que una hora antes (del accidente) donde él ‘me contaba’ lo que le iba a pasar en la esquina. Cuando todos vean el video en el Facebook, se van a dar cuenta de lo que estoy diciendo. Yo no andaba todos los días filmándolo a Luca y no es que ahora digo que era un chico especial; estando él en vida, muchos me lo decían. No sabés lo que eran los abrazos que él me daba; me decía ‘paaa…’. Un abrazo raro era”.

El difícil paso a la donación

En la nota, Gardino destacó el punto de la donación de órganos. “¿Sabés dónde con mi compañera decidimos donar los órganos?: en terapia intensiva, cuando entramos por primera vez. (Luca) Estaba todo entubado, le doy un beso y, cuando salgo, se me ‘cruza’ la donación de órganos. ¿Vamos a creer en algo? ¿Por qué no creer que fue una orden de él?. Mis órganos los doné hace una ‘pila’ de años; el problema es donar el órgano ajeno, como por ejemplo en este caso. Fíjate en qué momento tomo la decisión, como si supiera que Luca no estaba (aún no se había determinado que el nene tenía muerte cerebral), le pregunté a mi pareja que si todo terminaba de la peor manera, qué opinaba de la donación de órganos. Me preguntó ¿se puede? y listo; no se habló más del tema”, manifestó.

Profundizó la importancia de la determinante decisión al señalar que “cuando nos dicen que ‘Luquitas’ de acá para arriba (señala en tórax) no estaba más, dijimos que queríamos donar los órganos. Se llamó al CUCAIBA; tardaron no sé si dos horas. Ahí sí yo hubiera querido que ‘falleciera’ Luca. ¿Por qué? Porque del CUCAIBA vienen con todos los aparatos y, si hay una neurona viva, se van. Y pasa lo que sabemos: lo tenés un mes, dos meses o un año en coma y sabés que al final, la mayoría de las veces, se ‘va’”.

Una señal que se vio en cielo

La charla con Gardino siguió por el camino de los momentos cruciales de la decisión de la donación, instantes éstos que, por su naturaleza, sólo puede ser descriptos luego de pasado un tiempo.

“Cuando nos avisan que ‘Luquita’ está muerto, salimos y la calle era un mundo de gente. Se vienen todos a saludarnos, yo la llevo a mi compañera para la esquina para sacarla un poco de la multitud; atrás nuestro van las maestras jardineras del nene y se sientan contra la pared. En ese momento cae una estrella fugaz que vos no tenés una idea…se prende verde y menos mal que no la vi yo solo porque alguien diría que estaba para psiquiatría. Se prende, se apaga y vuelve a prender. Antiguamente decían los ‘viejos’ que cada vez que moría un angelito caía una estrella. Que me lo saquen de la cabeza eso”, mencionó.

“Es como si fuera un mandato de Luca”

A párrafo seguido el papá del nene fallecido en febrero de 2014 aseveró que “lo que estoy haciendo ahora (una campaña para fomentar la donación de órganos) es como si fuera un mandato de él”.

“Hay cosas que yo publico en el ‘Face’ y me doy cuenta de lo que escribí cuando lo vuelvo a leer. No puedo creer que yo haya escrito eso. Puede haber gente que esté pensando muy mal de mí, que yo estoy queriendo lucrar con esto, y a mí la plata me importa un carajo. Lo único que quiero es que la gente tome conciencia y done órganos. Si uno entra en el Facebook, ve la cantidad de chicos que necesitan de un donante y muchos de ellos fallecen porque no les llega el órgano que precisan. Yo digo que eso tendría que ser ley. Desde el momento que pasa (la muerte de una persona) los órganos tendrían que estar donados sin preguntarle a nadie”, opinó.

Para muchos familiares de los órganos sería normal que en algún momento les surja la inquietud de saber qué destino tuvieron las partes blandas de su ser querido. Cuando a Gardino se le preguntó si sabía qué órganos finalmente se donaron y hacia dónde fueron, respondió que lo desconoce.

“El CUCAIBA no te dice adónde van. Antes, sí se sabía; le decían al receptor y al donante pero, por lo que he leído, dejaron de hacerlo porque podía ocurrir que algún día la familia del donante recurriera a la familia de quien recibió el órgano buscando obtener un rédito económico. Te pueden llegar a decir ‘en Córdoba’; y andá a buscarlo en Córdoba…de Luca se llevaron todos los órganos blandos. Creo, tampoco estoy seguro, que el receptor sabe quién soy yo, dónde vivo y cuál es mi número de teléfono. El día de mañana esta persona quiere levantar el teléfono y agradecer, bárbaro. Si no, listo. Yo sé que los órganos, según el CUCAIBA, sirvieron”, expresó.

Cuando se le preguntó cómo imagina que reaccionaría en caso de encontrarse él cara a cara con ese chico que recibió un órgano de Luca, dijo: “Y…una sensación muy rara. No sé. Nosotros creemos que manejamos la cabeza y no es así. Yo te preguntaría a vos: ¿un tipo que se suicida es valiente o cobarde? Yo digo que no es ninguna de las dos cosas. Es un tipo que se le ‘disparó la cabeza’ y no sabe lo que está haciendo. Yo, de última, el revólver me lo pongo en la cabeza pero que apriete el gatillo otro porque yo sé, si estoy consciente, de que no veo más la luz. A mí no me sirve de nada eso”.

“Yo estoy viviendo de nuevo”

Julio Gardino vuelve sobre el punto inicial del diálogo con este medio para subrayar la bisagra que significó, en su vida, la muerte del menor de sus tres hijos.

“Yo estoy viviendo de nuevo. Yo estaba en la vereda de la ‘derecha’; hoy estoy en la de la ‘izquierda’. Volver a aquella vereda es imposible porque no voy a ser nunca más el mismo. Ahora ¿cómo hago yo para traerte a mi vereda? ¿cómo te explico cómo veo la vida yo? Es imposible. ¿Sabés quién lo sabe? La persona que le pasó lo mismo que a mí. Cuando hablo con una persona que pasó lo mismo, nos entendemos de una. Cuando hablo con alguien que no pasó por algo así, y ojalá que no le suceda nunca más a nadie pero las cosas suceden y por algo suceden, es muy difícil traerlo a mi vereda”, advirtió, para remarcar uno de los cambios que ha experimentado a partir de aquel viernes 20 de febrero de 2014.

“Debo estar viendo cinco o seis chicos con Síndrome de Down por día; me los llevo por delante. Mirá que voy al bingo (de la ciudad de Olavarría) y hasta allá los encuentro. El 9 de julio, cuando desfilé (en el acto oficial por el Día de la Declaración de la Independencia), al primero que vi fue a un chico con Síndrome de Down que me saludaba; vino y me dio un beso. Cuándo yo estaba en ‘la otra vereda’ ¿no había chicos con Síndrome de Down? Había. Sólo que no los ‘veía’ yo y hoy los ‘veo’. Esa es una referencia que cómo vivo yo ahora. Trato de usar la neurona antes de mover la lengua, porque después no hay vuelta atrás. Es muy sensible el tema pero quiero que tome la decisión la gente y done órganos. Si me preguntás qué pienso si voy al cementerio, te digo que ahí hay un cajón y, adentro, un montón de huesos y el muñequito de Luca. ¿De qué hubieran servido los órganos dentro de ese cajón? De nada; ¿para que se lo coman los gusanos…? No sirve”, aclaró.

“Gente de otras provincias me dice que les está sucediendo algo con la foto que yo tengo en el ‘Face’ de Luca (la misma de los carteles que están en el Parque Municipal y en torno de la Plaza San Martín). El dolor no se va nunca más. Yo digo que la muerte de un hijo es como tener un dolor agudo de rodilla. Te duele todos los días; un día te levantaste y decís ‘qué bárbaro, no me duele más la rodilla…’. No es así; lo que pasa es que te acostumbraste a vivir con el dolor. La rodilla te sigue doliendo y será así hasta el último día. Yo no digo que la paso ‘bomba’ porque tengo problemas como todos. El tema es que le doy importancia a las cosas que valen la pena. ¿Se me pinchó la goma del auto y no tengo la de auxilio? Espero hasta el día siguiente para arreglarla. Antes puteaba y rompía cualquier cosa”, añadió.

Puntualizó que “la campaña que estoy haciendo es que todo el mundo se saque una foto con el cartel de Luca. Si me decís ¿qué ganás con eso? te digo que no gano nada. Simplemente pretendo que haya donantes, nada más. Eso me va a hacer sentir bárbaro a mí”, para confirmar que “yo quería que la gobernadora (María Eugenia Vidal) se sacara una foto con Luca, que es lo que hago con todo el mundo”. Y la Gobernadora cumplió y aceptó ser fotografiada junto con Julio Gardino y la imagen de Luca.

Destacó que muchas personas, varias de ellas estudiantes secundarios, fueron a visitarlo a su domicilio para pedirle algunas de las 100 remeras que él hizo imprimir con la foto de Luca.

“Hay un montón de gente que se ha sacado fotos con la remera puesta; los ‘chicos’ de Acofar, los de la ENET N° 1; son chicos que están comprometidos con eso y te puedo asegurar que me ayudan un montón”, dijo.

Cuando se le preguntó si se ponía plazos en esta cruzada a favor de la donación de órganos, respondió: “No. Ojalá haya una ley que diga que, cuando un chico nace, es donante. Que no haya que preguntarle a la mamá o al papá. Hace poco falleció una mujer porque era Testigo de Jehová (creencia que impide cualquier clase de donación). Yo respeto las religiones pero hay cosas que no las voy a entender. Si ves el Facebook mío, chico que está esperando un órgano lo pego, lo comparto y ‘le meto zapatilla’”.

UN DAÑO IMPOSIBLE DE COMPRENDER

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Hace algunas semanas autores ignorados produjeron un daño imposible de comprender.

Si fue un “mensaje”, el contenido no quedó claro para el común de la gente, incluso para quienes salieron por las redes sociales a repudiar el acto vandálico. Alguien hizo desaparecer por algunas horas carteles que Julio Gardino había distribuido con la foto de Lucas en el Parque Municipal.

“Eso fue una barbaridad. Yo casi estaría sabiendo quién es. Esas personas están muy mal. No voy a hacer nombres ni nada pero que vengan a hablar conmigo. Que vos me digas que pintaste el cartel de un político, que no debería ocurrir tampoco, pero ¿le tomarías bronca a un cartel con la foto de Luca…?”, se preguntó.

“Más de uno debe suponer que lo hice yo eso. Tal vez la persona que hizo eso salga a decir eso para ‘abrir el paraguas antes que llueva’, pero ya es tarde para eso. Los sacaron de dos lugares específicos: el del ‘garrapiñero’ y el que estaba en los juegos infantiles. El que lo hizo sabe que yo sé quién fue. Parece que Luca me hubiera llamado. Después de dar vueltas y tratar de encontrar alguien que me dijera si había visto los carteles, me fui derecho para el canal interno del parque, que estaban vacíos. Vi una cosa blanca encontré uno enterrado como para que no lo encontrara nunca más. Pensé que al otro no lo iba a encontrar nunca más. Al día siguiente volví al parque, me bajé en el puente amarillo, hice tres metros, me paro mirando hacia la casa abandonada que está detrás de los juegos, me metí ahí entre las enredaderas y cuando salgo para el lado de los juegos lo encontré”, explicó.

“Vamos a suponer que hay un Dios. Te preguntás ¿por qué se llevó a ‘Luquita’ si era tan chiquito y bueno? Vamos a suponer que Luca era un ser especial. ‘Chiquito: vos no sos para esta tierra’. Se llevó a Luca. Los chicos que son hijos de padres golpeadores, borrachos, drogadictos, no la están pasando bien. A ‘Luquita’, de eso no le va a pasar. Supongamos que ‘Luquita’ no sufrió y si lo que él me dejó es esto, yo lo voy a seguir a muerte. Por eso es hasta raro de cómo encontré los carteles”, amplió.

 

“NO HAY QUE DARLE MUCHA VUELTA AL GUISO”

Más allá de su carnicería, Julio Gardino se dedica a la comercialización de antigüedades. De hecho, buena parte de su casa está poblada de piezas de colección.

En tanto la cocina comedor tiene un común denominador: las paredes están en gran medida cubiertas con fotos de Luca.

Sentado a la misma mesa donde el dueño de casa fue entrevistado por este diario, días pasados Gardino estuvo llorando intermitemente durante cinco horas. Tras aclarar que desconoce el porqué de ese llanto en un día más de esta “segunda parte” de su vida, Julio comentó que es abuelo primerizo. Su primer nieto tiene un año y tres meses, del cual tiene a mano un par de fotografías. “Yo tengo mi historia. Los chicos tal vez me estén pasando ‘factura’; o no. Están sucediendo cosas pero yo del tema privado no hablo porque viene al caso; tengo a mi nieto, hermosísimo”, expresó, para remarcar –por si hacía falta hacerlo- que no existen “reemplazos”.

“Así yo tenga diez hijos más, ninguno reemplaza a ninguno. Cada cual tiene su lugar. No hay que buscarle mucha vuelta al guiso. Es así de fácil”, indicó.

“Luca, con sus fotos, está en todos lados. Y no es que me estoy mortificando. Peor debe ser ver una foto de vez en cuando. Yo no lo quiero olvidar y no lo voy a olvidar. Yo le abrí la mano. No sé si fue el día que se golpeó, si fue al mes…no sé. Yo sé que no está nunca más. Han venido las religiones a decirme ‘vos te vas a encontrar con Luca, lo vas a abrazar’. Yo respeto si ellos creen en eso, me parece bárbaro; a mí no se me da por pensar en eso”, concluyó.

 

 

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