Derecho a no saber….tanto.

Por Mariana Azcona

Lic. en Psicología egresada de la UBA. Especializada en Clínica Familiar Sistémica.
MP. 35387

¿Cuál es el equilibrio entre el “no, porque no” y tratar a nuestros niños como pares, de igual a igual, es decir, como pequeños adultos?

En el primer caso el niño obedece por respeto o por miedo a la figura de autoridad o poder sin posibilidad de entender y sin que se tengan en cuenta sus emociones.

En el otro extremo, el niño es “adultizado”, cuando le explicamos racionalmente todo lo que le pasa y cada límite, damos por sentado que ellos lo pueden entender, los sobrexigimos esperando que entiendan cuestiones propias del mundo de los adultos.  Al mismo tiempo, los niños se sobre adaptan para estar a la altura de las exigencias de sus padres y cada vez se alejan mas de su mundo infantil, convirtiéndose en un pequeño adulto, serio y racional.

Este mecanismo les puede traer dificultades para relacionarse con sus pares, para jugar, disfrutar y relajarse en el mundo fantástico de los niños.

Al tener tanta información, tantos cuidados y tantas explicaciones acerca del mundo le cuesta dejarse llevar por la ingenuidad esperable a su edad.

Cuando los niños dicen “te voy a matar” no es literal, cuando dicen “sos la peor mamá del mundo” no quieren decir que no te quiere. Hasta los cinco años no saben ponerse en el lugar del otro y tampoco entienden la ironía o el doble sentido.

Dejemos que crean en Papá Noel, el Ratón Pérez y que si comen alas de pollo van a volar. Que pueden entrar en la tele y salvar el día con su superhéroe favorito.

Estemos atentos, validar sus emociones, poner palabras a sus enojos y responder a sus preguntas no quiere decir tratarlos como adultos.

No les quitemos el derecho a ser ingenuos, porque es lo que les permite jugar, aprender y descubrir el mundo con sus herramientas.

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