Desconectad@s

Por Lic. María Emilia Baldini (*)

 

Los cambios tecnológicos e informáticos que vertiginosamente aparecen  día a día, avanzan sobre nuestra cotidianidad, generando grandes modificaciones. Las redes sociales, son  hoy espacios virtuales habitados por la gran mayoría. En la actualidad, el consumo que se hace de esos espacios, nos permite cuestionar esa llamada “virtualidad” –entendida como irreal- en función de los efectos subjetivos y vinculares  que genera. ¿Qué sería lo real o irreal desde esta perspectiva?

La película Her (2013) de Spike Jonze  lleva al extremo este interrogatorio, mostrando  una ficción en donde el personaje principal -un hombre solitario y triste- se enamora de un programa de computación –representado por una voz femenina muy sensual- atravesando todas aquellas vivencias propias del enamoramiento entre dos personas ¿esas emociones,  podrían pensarse como reales?

Sabemos que las conversaciones por chat -a través de una computadora o  tan “a mano” en los celulares- pueden ser una maravillosa herramienta para facilitar una cita o propiciar un futuro  encuentro; pero también pueden ser una vía para fomentar particularmente lo imaginario. Así es que, pueden dedicarse eternas horas a dialogar con alguien que desea mostrarse de cierta manera y a quién yo imagino de tal o cual otra. Algo narcisístico se juega ahí,  haciendo de esos chats un encuentro placentero con algo del propio yo. En los encuentros en presencia, en cambio, rápidamente aparece algo disruptivo: ese otro es otro, siempre responde diferente a lo imaginado. De ahí que muchas veces el príncipe o la princesa imaginada del chat, pierdan abruptamente todo atractivo  en tan solo una cita. O puede ocurrir también,  que éstas nunca lleguen a concretarse, manteniendo así ese plano imaginario e ilusorio en soledad.

Los muros de facebook se llenan de selfies y fotografías de amigos o  parejas  siempre felices y perfectas a la vista de los otros. Cada quién elige qué mostrar, armando su propio “perfil”.  Los innumerables y esperados clics del “me gusta”, marcan cierta aprobación del otro y afirman la autoestima.

Las aplicaciones como Tinder y otras,  que permiten ubicar candidatos para obtener encuentros sexuales a partir de una cercanía geográfica, hablan también del erotismo y los nuevos modos de vinculación. Estas aplicaciones  enfatizan  una oferta objetalizada de consumo de lo sexual;  lo  cual por supuesto,  no es garantía de placer sexual y menos aún, de poder construir luego, una cercanía afectiva.

¿Cómo transforma todo esto las subjetividades y los modos de vincularnos con el mundo y los demás? En la época de las conexiones, pareciera que hay una tendencia hacia el aislamiento y una dificultad con la alteridad, con lo diferente del otro. Los encuentros y vínculos en presencia,  “cara a cara”,  implican soportar la incompletud, las fisuras. Implican también, la posibilidad de aventurarse  a la novedad vincular, al crecimiento subjetivo junto con  otros.

Sin negar la existencia e inevitable atravesamiento de la “virtualidad”, es importante pensar y elegir como habitar esos espacios, en qué tiempos, bajo qué condiciones. Debemos reflexionar al respecto, para que “conectarse” no se transforme en una fachada que cubra la verdadera desconexión con vínculos, afectos y más aún, con la propia subjetividad.

 

(*) Lic. en psicología.

emibaldini@hotmail.com

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