DOS RICAS HISTORIAS DETRÁS DEL MOSTRADOR

Después de 55 años de vida comercial, “El Rey de los Tornillos” baja la persiana en forma definitiva

La firma Medrano y Acosta publicó en la edición del domingo de este diario un aviso anunciando el cierre del local sito en la calle San Martín 881 y para ofrecer infinidad de artículos –bulones, tornillos y algunas herramientas de mano- que tienen para la venta. EL TIEMPO dialogó con Ernesto Rafael Medrano y Miguel Ricardo Acosta, testigos y protagonistas del Azul próspero de mediados del siglo pasado.

Ernesto Rafael Medrano y su cuñado, Miguel Ricardo Acosta, le están poniendo punto final a una trayectoria comercial de 55 años con “El Rey de los Tornillos”. FOTOS NICOLÁS MURCIA La promoción de una marca de arandelas y una forma de publicitar que marcó una época. Miguel Ricardo Acosta observa la escalera que tantas veces escaló para alcanzar los diferentes artículos que sus clientes llegaban a buscar. “El Rey de los Tornillos” ostenta un record: cerrar sus puertas luego de más de medio siglo sin haber sufrido ningún robo. Elementos de trabajo que son mudos testigos de una etapa que está llegando a su término en uno de los negocios más tradicionales de la ciudad. Sábado 8 de abril de 1961. En la página 5 de EL TIEMPO, la firma Medrano y Acosta anuncia la apertura de “El Rey de los Tornillos”. El aviso por intermedio del que la firma Medrano y Acosta anunció el cierre de “El Rey de los Tornillos”.
<
>
Ernesto Rafael Medrano y su cuñado, Miguel Ricardo Acosta, le están poniendo punto final a una trayectoria comercial de 55 años con “El Rey de los Tornillos”. FOTOS NICOLÁS MURCIA

Desde hace décadas, palabras como tornillo o bulón tienen en Azul la zona de influencia un sinónimo: “El Rey del Tornillo”.

Los propietarios de la firma Acosta y Medrano, el tradicional negocio sito en la calle San Martín 881, acaban de anunciar el cierre definitivo del local, después de 55 años de vida comercial.

La decisión fue revelada a la comunidad a través de la publicación en este matutino de un aviso, en la edición del pasado domingo donde además, se señalaba que tienen en venta mercadería stock: tornillos, bulones y algunas herramientas de mano.

El comercio vio la luz el 18 de marzo de 1961, cuando Ernesto Rafael Medrano y su cuñado, Miguel Ricardo Acosta, alquilaron un local situado en Castellar 648, casi San Martín. Recién a fines del año 1978, “El Rey de los Tornillos” se instaló en su actual ubicación, San Martín entre Leyría y Lavalle.

Medrano comentó que “la que hoy es mi señora, y en ese entonces era mi novia (Tita Medrano) me dio la idea de asociarme con él (por Acosta), que en ese momento trabajaba en un restaurante. No tenía nada que ver con este rubro en lo que se estaba desempeñando, pero lo hablamos y me aseguró de inmediato que no tenía problemas en encarar el asunto y que se adaptaría al trabajo”.

Posteriormente, Medrano continuó con el relato del nacimiento del comercio diciendo que en un principio “cuando fuimos a Buenos Aires recorrimos dos negocios del rubro, Casa Gata y El Rey de los tornillos, cuyo dueño hizo todo lo posible para que abriésemos el comercio. Nos dijo que aprovecháramos porque éramos jóvenes y que él nos iba a ayudar en todo lo que fuese posible”.

“Ahí compramos los tornillos, hicimos la sociedad y volvimos a Capital Federal para preguntarle si podíamos ponerle el mismo nombre a nuestro negocio. El hombre nos dijo que no existía problema alguno. Es más; se mostró contento por lo que le estábamos pidiendo”, acotó Medrano.

En el mismo contexto indicó que “nos trajimos un chasis completo de bulones. Después nos vino bien porque Cerámica San Lorenzo nos compró todo; Sudamtex nos compró todo. Si nosotros le cumplíamos con lo que necesitaban, ellos compraban todo acá, querían ser localistas”.

“Una mañana vinieron de EFASA y nos dijeron que necesitaban 4.000 tornillos. ¿Ustedes los tienen?, nos preguntaron. Nosotros le aseguramos que para la tarde le entregaríamos ese pedido. ‘¿Cómo?’ ‘¿No puede ser?’, nos decían sorprendidos. ‘Ustedes quédense tranquilos que para la tarde van a tener lo que necesitan’, les respondimos. Y así fue”, apuntaron Medrano y Acosta.

“Con trabajo y esfuerzo fuimos escalando. Con un primer pago de San Lorenzo compramos el terreno en el cual está ubicado el negocio y con otro, de Sudamtex, comenzamos a edificar”, mencionaron los comerciantes.

Exponencial progreso comercial

El paso de un local a otro no fue menor, a punto que el emplazamiento actual fue construido “a medida”. Se pudo contar con instalaciones más amplias y confortables. Por aquel entonces Medrano, de actuales 85 años, y Acosta, de 84, fueron testigos y protagonistas de una de las etapas de mayor expansión de Azul, con el desarrollo industrial del que tanto se ha hablado y el andar a toda máquina de empresas locales. También de la construcción de las rutas nacional 3 y provincial 51, que en estos tiempos tantas reparaciones y hasta la ampliación de carriles para ser autovía demandan. Hoy, aseguran que tuvieron cinco etapas difíciles de atravesar por las razones económicas imperantes en el país, pero nunca pensaron en cerrar. La razonable necesidad de reparar, antes que comprar a nuevo, fue una vieja fórmula que rindió sus frutos al negocio de Acosta y Medrano.

El local se destacaba, en la ciudad y zona, por contar con variedad de artículos de bulonería, uno de los productos que mayor salida tenía para fábricas, maquinarias rurales y camiones.

Eran épocas caracterizadas por un trato de mutua confianza entre proveedores y vendedores, así como entre vendedores y clientes. El trato era cien por cien personalizado; no existían, obviamente, celulares ni tablets ni internet. La palabra era el mayor compromiso que alguien empeñar, y con eso alcanzaba para establecer un vínculo comercial. También había interés por el progreso “del otro”, algo que los dueños de “El Rey del Tornillo” experimentaron cuando recibieron sin consulta previa de un proveedor, una importante cantidad de artículos antes que se produjera un aumento de precios.

“Un viajante nos dejó un acoplado entero con mercadería. Yo no podía creer que mi socio hubiera encargado semejante cantidad de artículos. A los pocos días me llegó una carta del proveedor que se disculpaba porque ‘se había tomado el atrevimiento de enviarnos sin consulta previa’ toda esa mercadería porque aumentaba, y pensando en nosotros nos hizo el envío con el precio viejo. Hasta dijo que, si se nos complicaba, podíamos ir pagando en cuotas”, recordó Medrano en diálogo con EL TIEMPO.

El tradicional comercio dejará de funcionar manteniendo su “invicto” en materia de robos, un dato no menor en tiempos en que la inseguridad alcanza a más de un argentino. Sólo tuvieron un par de roturas de la vidriera, pero por cuestiones accidentales.

Anécdotas al por mayor

Las anécdotas risueñas, en este derrotero comercial de 55 años, surgen de a decenas en boca de los propios comerciantes.

“Un conocido entró al primer local que tuvimos en la calle Castellar y dijo: ‘Acá se consigue de todo, lo que uno quiera’, y otro le dice: ‘qué van a tener…’; y me dice ‘a ver: tráeme un vaso de vino’. Le dije ‘mirá que te lo traigo; ¿me lo pagás?’. ‘Sí que te lo pago’, me dijo y ahí salí para el fondo del local, que tenía una comunicación con la vinería de al lado. Me le aparecí con el vaso de vino en la mano: ‘Viste, acá te lo traigo…’. El hombre no lo podía creer y, siempre que viene, se acuerda de esa anécdota. Nos pasó algo parecido con un cliente que nos ‘desafió’ a que le trajiéramos una cerveza helada. Y al ratito se la trajimos…”, expresó Medrano.

Para Acosta y Medrano, la necesidad de satisfacer al cliente estaba por encima de todo cuando el trato era mutuamente respetuoso.

“Estaba durmiendo en casa con mi señora, había comenzado a aclarar y tocaron timbre insistentemente. Me asomé y me pareció, de lejos, ver a un enfermero con el delantal ensangrentado; supuse que algo grave le había pasado a un familiar. Se levantó mi señora para atender. Cuando se va a fijar resulta que era un empleado de EFASA que necesitaba urgente una pieza para un camión que tenía que salir con liebres hacia el puerto de Buenos Aires porque el barco se iba”, agregó Medrano.

Una cuestión crucial los dueños de “El Rey de los Tornillos” la tuvieron en la década del ’90, cuando se plantearon si volvían a contratar empleados.

“Tuvimos tres entre 1964 y 1966, pero no ‘caminó’ ninguno por distintas circunstancias. Desde hacía mucho tiempo que el trabajo se había tornado pesado. ¿Vos sabés lo que venía siendo para nosotros subir y bajar los tres o cuatro peldaños de la escalera cincuenta veces al día…?”, señaló Acosta.

Afirmó que el local ha mantenido la condición de referente en la ciudad y la región. “El otro día vino un cliente a pedirme si le cambiaba un tornillo porque me dijo que no lo podía conseguir en otros lugares. Ya lo dice el slogan: ‘Si no lo consigue en El Rey de los Tornillos…’; esto dicho por los mismos colegas. Hay clientes que son amigos y nos dicen ‘mirá, no te agrandés pero no encuentro en otro lado el tornillo que preciso y todos me dicen ‘andá a El Rey de los Tornillos’”, explicó Acosta.

UN BIEN DE FAMILIA

Medrano y Acosta lamentan el trato que dejarán de tener con centenares de personas –fabricantes, proveedores, viajantes y clientes- con las que, durante más de medio siglo, se vincularon a punto de forjar más de una amistad. “Había mucha familiaridad y jamás un cliente se fue disconforme de acá”, afirmó Medrano, quien tuvo dos hijos (un varón, luego fallecido en un accidente de tránsito), una hija y cinco nietos. Acosta, en tanto, es padre de una mujer y abuelo de tres nietos.

Ambos coincidieron en señalar que jamás debieron resignar sus presencias en un acontecimiento familiar a causa de la actividad comercial. “Estuvimos en todas las fiestas habidas y por haber”, señaló Medrano.

Además destacaron con orgullo el grado de convivencia que siempre hubo entre ambos, escapándole a eventuales presiones generadas en los distintos ámbitos donde tenían vinculación.

“Tengo más tiempo compartido con él (Acosta) que con mi mujer, que es su hermana”, dijo un risueño Medrano, mientras que Acosta aportó: “Son 55 años y nunca, hasta ahora, tuvimos un sí o un no. Si uno venía ‘revirado’, el otro agachaba la cabeza y no decía nada; y viceversa”.

“Fue todo un aprendizaje formar y fortalecer esta sociedad. Desde el comienzo, dijimos que los problemas del negocio terminan en la puerta del negocio; lo mismo con los problemas de la casa. Cada cosa en su lugar”, sentenció Medrano.

EN PRIMERA PERSONA

“La firma Medrano y Acosta expresa su más profundo y sincero agradecimiento a empresas, talleres, clientes y público en general por la atención y confianza dispensadas en más de 55 años de trayectoria”. El mensaje es publicado a pedido de los dueños de “El Rey del Tornillo”.

 

 

 

¡Deja un Comentario!

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *