DETENIDO

Un joven acusado de asaltar a mano armada a un colectivero y a dos pasajeras se negó a declarar ayer en Tribunales cuando fue indagado, después de que, contando con una orden dictada por un Juez de Garantías, había sido detenido en esta ciudad en horas de la mañana en inmediaciones del Palacio de Justicia.

Voceros policiales y judiciales ligados a la investigación del caso lo identificaron como Matías Alberto Blando, un azuleño que tiene 24 años.

Por aquel hecho ocurrido el pasado domingo 26 de febrero está acusado ahora del delito de robo agravado por el uso de armas.

Tras la denuncia radicada en la comisaría primera el día en que el ilícito se produjo, la causa iniciada por lo sucedido se instruye desde la UFI 13 que está a cargo del fiscal Javier Barda.

Ayer, después de detenido, el joven fue trasladado a sede judicial para cumplir con esa indagatoria en la que no declaró.

Posteriormente, se dispuso su traslado a la Alcaidía que está en la Unidad 2 de Sierra Chica, el lugar donde ahora permanece privado de la libertad.

Un día antes a que fuera detenido, policías habían allanado la vivienda donde se domicilia, ocasión en la cual se incautaron elementos relacionados con la investigación de este hecho; aunque en ese entonces la medida cautelar que pesaba sobre Blando no pudo efectivizarse, al no ser hallado.

 

Con un arma blanca

 

Un chofer de 55 años de la empresa “La Unión” llamado Julio César Velazco y dos pasajeras -una de ellas menor de edad- habían sido las víctimas del asalto que ahora se le imputa al joven.

Ese domingo ya referido en horas de la noche, Velazco conducía uno de los colectivos amarillos cuando el robo ocurrió.

El agresor había tomado el micro en Aldaz y Colón. Y después de que en otra parada ascendieran al colectivo una mujer y una menor, en momentos que el transporte de pasajeros circulaba por Salta y Castellar ese sujeto que había subido en primer término se acercó con fines de robo hasta donde estaba el chofer.

Velazco fue amenazado por el agresor con un arma blanca que portaba y se la apoyó a la altura de su cintura, al tiempo que le exigía la entrega de dinero que el colectivero tenía en una billetera.

Alrededor de 750 pesos fue la recaudación del día de la que el asaltante se apoderó en aquella ocasión.

Pero cuando intentó sustraerle dinero y efectos de valor a las pasajeras, el chofer del micro lo empujó por la puerta, que estaba abierta, y lo hizo caer de espaldas en la vereda, ocasión en la cual quedó tirado en el lugar mientras el colectivo continuaba su marcha.

 

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