Día del Militante…Peronista

Escribe:

Prof. Guillermo Lojo

Como cada año el 17 de noviembre nos remite a una efeméride.  Se conmemora un acontecimiento que puso fin a todo un proceso. Allá por 1972 se produce el primer retorno del General Juan Domingo Perón, quien fuera derrocado de la Presidencia de la Nación por un golpe de estado el 16 de septiembre de 1955 y obligado a abandonar nuestro país bajo la figura de exilio. Éste quiebre del orden constitucional dio inicio a un proceso político caracterizado por la proscripción del mayor partido político de masas; la persecución, privación de la libertad y hasta de la vida de aquellos que, en esa coyuntura, encontraron una causa motivadora y movilizadora en proyectar el regreso de Perón por lo que él significaba.

Y al hablar de causa y proyecto hablamos de militancia, cuyo concepto es muy caro al peronismo pero que necesariamente debe ser extensivo a toda organización que se reconozca como política. Porque aunque mucho les pese a ciertos círculos que creen ser intelectuales, la política es la actividad que engloba a todos los ámbitos de la vida en sociedad.

En líneas generales la militancia implica un sentimiento de pertenencia a una organización política mediante la adhesión, defensa y difusión de determinadas ideas. Esto motiva a la participación en actividades y eventos para convencer sobre la validez de una propuesta política, pero también para posicionar a la dirigencia para que puedan ser candidatos, ocupar cargos públicos y, así, concretar las propuestas.

Hoy transitamos una etapa en la que se pone en duda la única herramienta constitucional para acceder al poder en una democracia formal: la participación en los partidos políticos. Y aquellos sectores, que también son políticos y se benefician con una participación restringida, despolitizan haciendo de la militancia un eufemismo de corrupción y de prebenda, entre otras cosas.

Pero también aquellos sectores que declaman la participación despolitizan haciendo de la militancia una actividad con una finalidad social, ocultando que su verdadero objetivo es la participación electoral para desempeñar un cargo público. Reconocer al militante como el pegador de afiches, el colocador de pasacalles y el repartidor de boletas es también bajarle el precio a la actividad más noble que tenemos como sociedad: la política.

Nadie tiene el monopolio de la militancia y menos en la degradación del otro. Hay cierto grado de militancia inflando globos amarillos y hay cierto grado de militancia convocando a votar en blanco. La diferencia sustancial es la causa que nos motiva a militar. Desde mi humilde opinión la causa más noble es la búsqueda de la Justicia Social y para ello necesitamos militantes que antepongan las necesidades colectivas por sobre los intereses personales. Y en eso estamos en deuda, sobre todo nosotros, los peronistas.

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