EDUCACIÓN PÚBLICA

Días de sudor y lágrimas en las escuelas bonaerenses

El 50% no completa la secundaria y el 65% tiene graves déficits en matemática y lengua; crece el ausentismo docente.

 La llegada de la única alumna de la escuela rural Nº 20 de Carlos Keen.
FOTOS LA NACIÓN
La maestra enseñando para su única interlocutora.
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La llegada de la única alumna de la escuela rural Nº 20 de Carlos Keen. FOTOS LA NACIÓN

Todos los números de la educación estatal bonaerense son un himno a la voluptuosidad: 16.000 escuelas, 275.000 docentes, 125.000 auxiliares, 80.000 licencias de enfermedad por mes entre maestros y profesores, 3,5 millones de alumnos, un presupuesto anual de 140.000 millones de pesos, mil escuelas con menos de 10 alumnos.

Las cifras son tan enormes y la precariedad que el gobierno de María Eugenia Vidal dice que encontró en el área tan grave que hasta hace poco ni siquiera se conocía el número exacto de escuelas, profesores y alumnos. Que son 3,5 millones de alumnos, se sabe gracias a un censo que terminó el 31 de agosto. El dato más elemental es, así, una novedad que apenas tiene dos meses.

Mil colegios con menos de diez alumnos

En la era de la economía del conocimiento, la realidad en la mayor provincia del país cruje por todos lados.

De cada 10 alumnos que empiezan la primaria en escuelas públicas, la mitad no completa la secundaria. Quedan fuera del sistema educativo.

El 65% de los chicos de secundaria no sabe operaciones básicas de matemáticas, y el 50% tiene graves deficiencias en lengua, según los resultados de las pruebas Aprender. Unos 2,5 millones no completaron la primaria, y 1,7, la secundaria.

“Tenemos un grave problema de recursos mal asignados”, admiten en el Ministerio de Educación bonaerense. Se refieren, entre otros rubros, a los fondos y al cuerpo docente destinados a 1000 escuelas que tienen menos de diez alumnos.

Aunque ubicadas en zonas rurales, muchas son vecinas y podrían unificarse, sostienen las autoridades, y del traslado de los chicos se encargaría el ministerio.

“Desde el punto de vista pedagógico y por la socialización de los alumnos es mucho mejor. Cuando son pocos, el régimen es de aulas integradas, donde conviven estudiantes de entre 7 y 12 años”.

A 20 kilómetros de la ciudad de Luján, la Escuela Primaria “Francisco N. de Laprida” tiene un staff de siete personas -la directora/maestra, una profesora de Plástica, una de Educación Física y una de Inglés, además de un auxiliar- para una sola alumna, Camila, de 10 años.

“No importa el número: aunque sea uno solo, se le debe garantizar la educación”, dice la directora, María Gabriela Bisso.

Seis escuelas en un radio pequeño

En el partido de Magdalena (20.000 habitantes), 51 kilómetros al sur de La Plata, la distribución de sus escuelas rurales parece responder a las condiciones y necesidades de otros tiempos: áreas que eran de difícil acceso hoy se pueden unir en cuestión de minutos por caminos asfaltados.

Es el caso de la primaria N° 22 (ocho alumnos, cuatro docentes) que, de rural, ya tiene poco. Está a 9 kilómetros de la ciudad de Magdalena, un trayecto que por la ruta 20 no lleva más de 10 minutos.

“En un radio pequeño tenemos seis escuelas: es una locura, un modelo que ya no resiste -dice el intendente del partido, Gonzalo Pelusso, un radical aliado de Cambiemos-. Algunas deberían estar integradas. Estamos trabajando en eso”.

Pelusso llevó a los cronistas de LA NACION en su auto a visitar escuelas rurales del partido: 14 tienen menos de siete alumnos y varias son vecinas, y están unidas por buenas rutas.

La N° 20 (tres alumnos, cinco docentes) está a 6,5 kilómetros de la 21; la 23 (tres alumnos) y la 14 está a 4,5 kilómetros, y la 33 (cinco alumnos) y la 40 (dos alumnos), a 6 kilómetros.

“Llevar chicos a escuelas que están un poco más lejos no es difícil porque ya hay un transporte contratado por la provincia. Hoy, con tanta dispersión, dilapidamos fondos y no brindamos una buena educación. Aunque las escuelas son de jurisdicción provincial, los intendentes tenemos que involucrarnos”, dice.

Según cifras del gobierno provincial, el sostenimiento de las 1000 escuelas con menos de 10 alumnos supone un costo anual de $740 millones. (LA NACIÓN)

UN DÍA SIN MAESTROS

Hace dos meses la Escuela 16 de Ensenada (foto), una primaria de 127 alumnos en un barrio bajo limítrofe con la ciudad de La Plata, saltó a los medios por un hecho muy poco habitual después de que un profesor de educación física fuera amenazado por el padre de un alumno de 5° grado, todo el staff docente (siete maestras y un profesor) se solidarizó con él y pidió licencia “por ART” (aseguradora de riesgos del trabajo). Sólo quedó el director. Obviamente, durante algunos días se suspendieron las clases.

No fue un episodio importante porque pude intervenir enseguida y de a poco fui logrando calmar al padre, que se había puesto muy mal por una pelea de su hijo con un compañero. Y acusaba al profesor. Nada extraordinario, cosas que pasan todos los días”, dice Teresita Abraham, maestra secretaria de la escuela, que cumple tareas administrativas y docentes y es una suerte de vicedirectora.

La mañana del incidente, el director no estaba en la escuela. Se reincorporó cuatro días después. Otras dos maestras, lo mismo. El resto fue volviendo de a poco. El profesor amenazado lo hizo a fines de octubre, y hasta la semana pasada, una maestra seguía de licencia. “Lo que ocurrió no nos afectó a todos de la misma manera. No todos reaccionamos igual”, explica Abraham, delegada de Suteba.

El director, Ceferino Elichiribehety, un profesor escolar de teatro de 42 años, que lleva 18 meses en el cargo, dice que él no es quién para dudar cuando los docentes piden licencia por enfermedad, por estrés o por cualquier otra razón.

“No objeto al que falta porque no quiero generar roces, un clima feo, sospechas…Tampoco hago conjeturas a nivel subjetivo. No me corresponde hacerlas. Sí tengo que ocuparme de que no se interrumpa el servicio educativo”.

 

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