LO CONDENARON AYER

Diecisiete años de prisión para el veterinario que, mediante un juego perverso, abusó de dos nenas

Los jueces que intervinieron en el debate dieron por probado que fueron varias las veces en que César Marcelo “Yeye” Vitale abusó sexualmente de ambas víctimas. Los hechos ocurrieron en la casa donde años atrás el azuleño vivía con su familia. Aprovechando que las menores, una de las cuales tenía en ese entonces ocho años y la otra diez, eran amigas de su hija y se quedaban a dormir, las hacía jugar al “gallito ciego”. Para eso, las encerraba en un baño con los ojos vendados y después las accedía carnalmente por vía oral mediante engaño. El veterinario, que había sido detenido en septiembre de 2015 y está preso en la Unidad 2 de Sierra Chica, no estuvo presente cuando ayer al mediodía se anunció en Tribunales este fallo de primera instancia.

Una imagen de la audiencia llevada a cabo ayer en horas del mediodía en la sala de debates del Tribunal Oral en lo Criminal número 1 local. El veterinario condenado y su abogado defensor no estuvieron presentes.
NAHUEL MAUMÚS
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Una imagen de la audiencia llevada a cabo ayer en horas del mediodía en la sala de debates del Tribunal Oral en lo Criminal número 1 local. El veterinario condenado y su abogado defensor no estuvieron presentes. NAHUEL MAUMÚS

Cuando los hechos ocurrieron en una casa de esta ciudad donde el encausado vivía con su familia, una de las víctimas tenía diez años y la otra, ocho.

Según quedó probado en el juicio que por el caso se hizo, el veterinario azuleño que fue condenado ayer a diecisiete años de prisión abusó sexualmente de ambas nenas de una manera perversa.

Para eso, se valía del pretexto de realizar un juego, “el cual consistía -se mencionó en el fallo de este debate, anunciado ayer en horas del mediodía- en introducir su pene en la cavidad bucal de la menor, quien debía adivinar de qué sabor se trataba el dulce con el cual untaba su miembro viril”.

César Marcelo “Yeye” Vitale -tal la identidad del encausado- también abusaba sexualmente de las nenas cuando se quedaban a dormir, aprovechando que ambas eran amigas de su hija. Y en varias ocasiones, además de ese juego aberrante ya referido, abusó de las dos “mediante manoseos en sus zonas genitales”.

Ayer al mediodía el azuleño de 46 años -que está preso en la Unidad 2 de Sierra Chica- fue condenado en esta primera instancia.

Pero al igual que ocurrió con su abogado defensor, Vitale no estuvo presente en el juicio, a diferencia de lo que había sucedido en las dos primeras audiencias de este proceso, a las cuales sí asistió y se habían llevado a cabo la semana pasada en el Palacio de Justicia local.

Los jueces Joaquín Duba, Martín Céspedes y Carlos Pagliere (h) -que integraron el Tribunal Oral en lo Criminal número 1 para este debate- hallaron por unanimidad al veterinario autor penalmente responsable del delito continuado de abuso sexual con acceso carnal respecto a los hechos que tuvieron como víctima a una de las nenas. También, del delito continuado de abuso sexual con acceso carnal con relación a los episodios cometidos contra la otra menor. En ambos casos, “en concurso real de acciones”, según se mencionó en el fallo donde el primero en votar a las cuestiones planteadas fue el juez Céspedes.

Cuando el jueves de la semana pasada las partes formularon sus respectivos alegatos, el fiscal Marcelo Fernández había pedido que el veterinario fuera condenado a catorce años de prisión. Y el abogado defensor de Vitale, el marplatense Dino Dátola, que lo absolvieran.

Los hechos

La condena para el veterinario, superior en cuanto al monto de pena a la solicitada por el Fiscal, se dio por los mismos hechos que sostuviera el representante del Ministerio Público y que ahora quedaron probados en esta primera instancia.

Durante los años 2012 y 2013, uno de los baños de esa casa de esta ciudad en la que Vitale vivía con su familia era casi siempre el lugar de ocurrencia de los abusos más graves a las menores. Aquellos que estuvieron relacionados con ese perverso juego al que las invitaba a participar, con el pretexto de otorgarles “premios” cada vez que adivinaban qué era eso que se untaba en su pene y después les decía que probaran, sin saber las nenas que en realidad él las estaba accediendo carnalmente por vía oral.

Las declaraciones que ambas menores abusadas brindaron a través de la Cámara Gesell, cuando los hechos fueron denunciados en agosto del año 2015, fueron uno de los elementos de prueba fundamentales para condenar al veterinario, que está preso desde septiembre de ese mismo año.

A través de esos testimonios, por ejemplo, fue posible conocer que el hombre llevaba a cabo diferentes conductas para evitar que las nenas se dieran cuenta de esos abusos a los que estaban siendo sometidas.

De esa manera, les vendaba los ojos y las hacía ingresar de a una al baño. Después cerraba la puerta, apagaba la luz y hasta tapaba la mirilla de la cerradura para que desde afuera nadie se diera cuenta de esas aberrantes prácticas sexuales que llevaba a cabo con sus víctimas, a quienes les decía que estaban chupando una cuchara; aunque les aclaraba que no la mordieran fuerte porque “era de plástico”.

“Él nos hacía pasar adentro del baño, nos vendaba y cerraba la puerta, tapaba el picaporte y apagaba las luces”, contó una de las menores al referirse a las especiales características que el juego tenía, en ocasión de que declarara a través de la Cámara Gesell.

“Este juego que hacían en el baño de la cuchara ¿Estaban todos adentro del baño?”, le había preguntado la psicóloga a una de las nenas abusadas.

“No -respondió ella-, era como un turno. Primero una, después otra, después otra…”.

“¿Y había alguna manera de ganar?”, interrogó también la profesional a la chica en aquella oportunidad.

“Sí. Si nosotros adivinábamos lo que era, él nos daba plata, chocolates o cosas diferentes”.

Los relatos de las víctimas en Cámara Gesell -incorporados a este debate y considerados por los jueces que condenaron ayer a Vitale como “coherentes, verosímiles y consistentes”– quedaron corroborados por testigos que pasaron por el juicio: los respectivos familiares de las menores y también peritos. Estos últimos, además, concluyeron que ambas nenas no mentían.

Los hechos ubicaron al encausado, a decir del juez Céspedes en el fallo, como “el único sujeto que depravadamente las agrediera sexualmente”. El mismo al que ayer lo condenaron a esos ya mencionados diecisiete años de prisión.

El dato

La inexistencia de antecedentes penales fue valorada por los jueces para el veterinario como una atenuante a esos diecisiete años de prisión a los que fue condenado. También, “el buen concepto alegado por las partes”, aunque -aclaró el juez Céspedes en la resolución- “con el acotado alcance que imponen las circunstancias del caso”. Y como una única circunstancia agravante para el encausado, se tuvo en cuenta por parte del Tribunal “la escasa edad que poseían las víctimas al momento de los hechos (8 y 10 años)”.

LA CONFIGURACIÓN DE UN DELITO ABERRANTE

Los jueces del Tribunal 1 que condenaron ayer a César Marcelo Vitale hicieron especial mención en el fallo a aspectos relacionados con las calificaciones otorgadas a los hechos. Los mismos que derivaron en que le impusieran diecisiete años de prisión.

“En el caso estamos frente a una pluralidad de acciones -simples (tocamientos en las partes íntimas) y calificadas (múltiples introducciones del pene en la cavidad bucal)-, dependientes mutuamente entre sí por la unidad de designio; representada por la intención de Vitale de someter a abusos sexuales indeterminados a (las víctimas), de tan solo diez y ocho años de edad respectivamente”, señaló el juez Céspedes.

A criterio de uno de los integrantes del TOC 1, el veterinario ejercía sobre las menores “el poder que le brindaba la autoridad de ser el padre de su amiga y dueño de casa, con el uso de amenazas hacia las respectivas familias de las víctimas si ellas contaban lo ocurrido; con unidad de lesión jurídica y donde el actor y las víctimas son los mismos, encuadrables legalmente en el delito más grave”.

“Mención aparte -sostuvo también el funcionario judicial- merece la introducción del pene en la cavidad bucal. En este caso, en reiteradas oportunidades de las menores, de sólo ocho y diez años de edad”;  circunstancias en las cuales, “con el pretexto de tener que descubrir el sabor del dulce, debían succionar el objeto que lo portaba lo más posible y por el mayor tiempo, la que configura el delito de abuso sexual con acceso carnal”.

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