POR LA HISTORIA DEL FESTIVAL CERVANTINO

Diez años de creación colectiva (1ra. entrega)

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En el año 2007, el Centro UNESCO Castilla-La Mancha, a través del presidente de esa entidad, Fernando Redondo Benito, informó sobre un resultado que nos marcó: la comunidad de Azul había luchado con múltiples instituciones propias, nacionales y provinciales para conseguir el nombramiento como “Ciudad Cervantina de la Argentina”, y lo había logrado. Así lo manifiesta  Redondo Benito por aquellos años.:  “…ahora se rubrica oficialmente como único caso en ese país. La ciudad en un conglomerado de sueños cervantinos, de estelas quijotescas, afirmando que son Ciudad y Tierra de Quijotes”.

En ese momento, Azul quedó designada como Ciudad Cervantina de la Argentina, en virtud del valioso patrimonio cultural de la ciudad, destacándose la colección cervantina que atesora la Casa Ronco, una de las colecciones privadas más importantes de su tipo fuera de España. Esta distinción impuso un nuevo desafío comunitario: generar un proyecto de ciudad donde los recursos patrimoniales y culturales se constituyeran como los pilares del desarrollo local, y una oportunidad para la revitalización de la comunidad. Acá una personalidad que descubre y resalta el tesoro acumulado por Ronco y los que cuidaron su casa y sus bienes: José Manuel Lucía Megías.

Año tras año, organizado por el Comité Directivo Azul Ciudad Cervantina y por la Municipalidad de Azul, el Festival Cervantino fue creciendo, los azuleños se apropiaron de esta fiesta concebida para  todos y que durante diez días convoca a personas y a medios de comunicación de todo el país.

Este 2016 será un año clave para nuestro Festival: se cumplen 10 años de su realización y por este motivo rememoramos aquel primer Festival Cervantino desarrollado en el 2007 bajo los pilares de los valores quijotescos, la diversidad cultural, el patrimonio arquitectónico y los proyectos comunitarios.

Aquel primer Festival Cervantino se proyectó como un encuentro de múltiples identidades. Integración, diversidad, pasión y movilización fueron los cimientos de este proyecto comunitario. Su programación se caracterizó por reflejar las más diversas manifestaciones de la cultura: literatura, teatro, artes visuales, danza, gastronomía, música, talleres, capacitaciones, arte comunitario, conferencias, deportes; mostrando en cada una de ellas sus diferentes géneros, estilos y tendencias.

De esa primera edición, que se desarrolló del 19 al 29 de abril,  participaron el historiador Felipe Pigna, el músico Kevin Johanssen, el escultor Carlos Regazzoni y la fotografía de Csaba Hecke; más conferencias, muestras, ferias, teatro y conciertos que fueron el marco para “tender puentes” entre continentes, siglos y culturas y acentuar la génesis de Azul: la integración de los nativos de la pampa con los inmigrantes europeos.

Hubo ciclos de cine universal, conciertos de tango, jazz y folclore, presentaciones de proyectos especiales escolares y artísticos y conferencias en las que participaron académicos argentinos y españoles.

Por último, el lunes 23 de abril de ese mismo año se colocó, como reconocimiento a la declaración de la UNESCO, una placa en el Cantoncillo Santa Margarita, la plazoleta donada a la ciudad por el matrimonio Ronco en homenaje a su hija Margarita y que este año, gracias al aporte de la Municipalidad y del grupo Amigos del Paseo Bolívar, se puso nuevamente en valor (foto).

El desafío de entonces, (que sigue siendo el del hoy), es que toda la ciudad se apropiara del proyecto, y que la cultura fuera un motor que dinamizara no sólo desde lo educativo, sino desde lo económico, donde el turismo cultural tomara la bandera y saliera a mostrarse a un mundo que repara en riquezas que los azuleños tenemos y que tanto nos identifican.

 

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