Donar órganos salva vidas

Un joven de 33 años se sintió descompuesto y fue a una clínica. Ahí le sacaron sangre y lo dejaron internado porque tenia los valores muy bajos, porque tenía una enfermedad silenciosa, que afectaba a la médula, que solamente uno se da cuenta cuando tiene muy bajos los valores en sangre.

Para salvarlo, luego de una biopsia de médula, era necesario un trasplante. Seis meses buscando donantes, y le avisaron que había un argentino que cumplía con todo en un cien por ciento, eran iguales.

Una niña de Chillar, Eva, necesitaba una donación de sangre y se hizo una campaña para ver la compatibilidad para la pequeña. Entre los muchos que se presentaron, no solo en Chillar sino en Azul, estaba Fabio Tortorella. Varios meses después lo llamaron del Incucai para decirle que era posible la compatibilidad con un paciente desconocido. Por normativa del instituto se trata de que no se sepa el nombre del donante ni del donatario hasta pasado un tiempo prudencial, que puede ser de un año.

Le sacaron sangre en Chillar, en Buenos Aires, le hicieron todos los estudios previos hasta que le dieron fecha para la donación. Esa fecha fue postergada por razones de fuerza mayor. Pero Tortorella estaba dispuesto a donar y para él la postergación fue una demora nada más.

Llegado el día le sacaron sangre por un brazo y por el otro le transfundían. Lo único más difícil fueron unas vacunas que le tuvieron que dar antes, dijo.

Es muy sencillo, no hay que tener miedo, sostuvo. Lo lindo, lo emotivo fue cuando sacaron el sachet y lo pusieron en una heladerita. El médico le dijo esto es vida.

En otro centro médico, cuando llegó el sachet los padres del joven comenzaron a ilusionarse, y pensaron que lo que hizo este “desconocido” fue dar vida en vida, para que otra persona pueda vivir con lo que uno aporta.

Agregaron que la posibilidad era una en seis millones, casi imposible y además, cuando se encuentra al donante éste se puede negar.

Luego del trasplante al joven se le empezaron a levantar los valores y había que esperar la reacción del cuerpo. Y esa reacción fue muy buena.

Existen muchos casos que no se sabe quién es el donante y quien el donatario. Pero en este caso, al año, por voluntad mutua se quisieron conocer. Y se conocieron viajando el donatario hasta la localidad donde vive el donante, y allí se estrecharon en un fuerte abrazo. Y la palabra gracias trocó el dolor por alegría y las lágrimas fueron sanadoras.

Ahora quedó una relación de por vida. Ambos vieron como luchan los enfermos para sobrevivir y el trabajo de los profesionales y su aspecto humano. El grupo de gente que trabaja ad honorem en el Incucai y ponen lo mejor de si. Por eso los dos juntos sostienen que hay que donar, ya sea órganos, sangre, para ayudar a otro a poder superar un momento crítico en su salud.

Esta es una de las tantas historias de dolor, sinsabores, miedos, fuerza, desasosiego, coraje, de espíritu de solidaridad y un sinfín de sentimientos, con un final feliz en este caso.

La donación de órganos puede ser de órganos cadavéricos o de personas vivas. En este aspecto, éste caso es un ejemplo, pero también hay muchos otros más como son las donaciones de riñones entre hermanos o amigos, etcétera.

 

¡Deja un Comentario!

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *