¿Dónde está el respeto?

Hace muchos años atrás estaba a cargo del Juzgado de Menores del Departamento Judicial de Azul, con asiento en esta ciudad, un profesional que no era oriundo de Azul, secundado por dos secretarias. El aplicaba la legislación vigente en ese momento, pero tenía el criterio de que los padres se tenían que hacer responsables de las conductas de sus hijos. Por eso muchas veces, ante conductas delictuales de los menores de edad, eran los padres que tenían que acudir al juzgado, que muchas veces le significaba perderse un día de trabajo, y asumir su responsabilidad.

En ese entonces había respeto y “miedo” de los chicos hacia los uniformados. Si habían cometido un acto doloso, como la rotura de un banco en la plaza, cuando se aparecía la autoridad sumisamente acataba lo que le ordenaban. Las desobediencias, los indomables, los rebeldes, no aparecían.

Pasaron los años, hoy chicos de 13 y 14 años se dirigen a los funcionarios policiales, que son seres humanos, padres, que están cumpliendo con su deber, provocándolos diciéndoles “vení gato que te doy”, y los amenazan con cuchillos.

Eso sucedió en esta ciudad en el marco de procedimientos dispuestos por la superioridad y montado por la Policía de la Provincia de Buenos Aires con motivo de los festejos por el Año Nuevo.

Existiendo un móvil del Destacamento Balneario apostado en calle Bidegain y Lola Mora, un grupo de menores comenzó a arrojar pirotecnia contra el personal policial y los ciudadanos que habían estado presenciando el show de fuegos de artificio.

Cuando los policías se acercan a los muchachos para que depusieran su actitud uno de los adolescentes extrajo de entre sus prendas un cuchillo y lo exhibió de manera amenazante contra la humanidad del encargado del Destacamento Balneario. Al mismo momento los otros dos chicos iniciaron un ataque a pedradas, de un tamaño que superan los 10 centímetros de diámetro aproximadamente contra un patrullero, causándole daños y la rotura de vidrios.

Se inició una persecución lográndose detener a los tres menores, que tienen 13 y 14 años de edad. En la parte judicial tomaron conocimiento de las actuaciones la Unidad Fiscal y la jueza de Menores.

Estos chicos por la ley vigente son inimputables y, seguramente un testigo estuvo mucho más tiempo en la comisaría que estos menores. Luego lo llaman a declarar al Juzgado, y a realizar otros trámites perdiendo horas de su trabajo. Mañana, los mismos adolescentes, en vez de un cuchillo, utilizando un revolver podrían  lesionar a otra persona y, luego, siguen en la calle haciendo lo que su creatividad  mental se imagina, sin importarse si están a favor o en contra de la ley.

¿Por qué cuando se cometen delitos, por ejemplo robos a mano armada y asesinatos, aparecen muchas veces involucrados menores?

Para los padres de estos menores, si se ocupan de ellos, es una “gracia del nene”, y lo festejan. Frente a esta situación ese Juez de Menores ¿no tendría algo de razón al culpar a los padres por las conductas de los hijos menores?.

Uno de los flagelos que tiene la sociedad es la inseguridad. Y para combatirla es necesario proteger al ciudadano común con una legislación adecuada a las circunstancias, sancionar la falta de respeto y desobediencia y castigar a todos, chicos de 10 años hasta ancianos de 90 años, con la misma regla, y por seguridad con privación de la libertad. Si no se comienza con educación y respeto la inseguridad va a continuar como hasta ahora.

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