Dos actos vandálicos repudiables

Impotencia, dolor y bronca son los términos que se adaptan perfectamente a dos robos que sucedieron en menos de un mes donde los más damnificados fueron los niños, porque causaron daños a dos comedores escolares.

El primer hecho sucedió en la Escuela Nº 27 “Juana Manso” ubicada a la altura del kilómetro 298 de la Ruta Nacional Nº 3 cuando al parecer varios sujetos ingresaron para provocar destrozos en el establecimiento. Felizmente se activó la alarma e intervinieron personal policial y las autoridades educacionales.

Por suerte se pudo comprobar que no habían sido sustraídos elementos del interior de la escuela, pero causaron muchos daños.

Ingresaron a la zona del comedor, por una ventana que fue forzada, pero desparramaron y destrozaron mercadería.

Cuando el hecho se descubrió en el interior de la escuela podía observarse huevos arrojados contra las paredes de un salón y frutas y verduras tiradas en la cocina, entre otras imágenes propias de lo que había pasado. Hicieron bastante lío dijo el presidente del Consejo Escolar. Pues fueron hasta el invernadero, donde rompieron plantines y la producción que los chicos realizan.

Esta escuela tiene el comedor, uno de los más importantes del Distrito, pues durante la semana concurren unos 120 chicos.

Semanas después fue en la Capilla San Francisco de Asís, y en el comedor llamado “Juan Pablo II” que funciona allí, ubicados en el barrio del mismo nombre.

El hecho tiene consecuencias directas sobre quienes con mucha voluntad trabajan en ese lugar a favor de la comunidad, asistiendo a una gran cantidad de chicos, a quienes, a causa de lo sucedido, le quitaron la comida del sábado que venían recibiendo los 60 niños y niñas.

Para ingresar los delincuentes tuvieron que forzar una reja para llegar al Salón de Usos Múltiples. De ahí se dirigieron hasta el comedor. Y después a la Sacristía de la iglesia. En este lugar se apoderaron de diferentes elementos considerados de suma importancia para el uso de la iglesia. Además, a ello se sumaron comestibles de diferentes tipos, que fueron tomados del freezer que está en el comedor.

Esos alimentos son destinados, sábado tras sábado, para alrededor de 60 chicos que van a almorzar a la Capilla.

A esto se sumó otro hecho repudiable que tiene que ver con los daños causados por los delincuentes, quienes para evitar ser descubiertos rompieron el sistema de alarma que estaba instalado en el lugar.

No existen palabras para descalificar estas conductas delictivas. Cualquier terminología que se emplee es benigna. Fueron dos establecimientos escolares, en uno de ellos está la Capilla, donde se da de comer a aproximadamente 180 chicos. Muchos de ellos se alimentan mal en sus hogares y merced al plan nutritivo que ofrecen estas instituciones pueden conservar todas las proteínas que necesitan para gozar de buena salud.

En la Capilla San Francisco de Asís ya sufrieron otros robos y las cosas sustraídas fueron vendidas. Por eso piden a los vecinos que si se las ofrecen no las compren y avisen, para recuperar esos elementos.

El hecho de causar daño, apoderarse de lo ajeno y romper una Capilla y dos establecimientos educacionales son cosas para lamentarse.

Impotencia, dolor y bronca sufren estas dos comunidades educativas frente a la actitud delictiva de estos inadaptados sociales. Impotencia porque las fuerzas de seguridad y la justicia no actúan como deberían actuar.

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