TORNEO APERTURA DE PRIMERA DIVISIÓN

Dos gustos: amargo para Athletic, dulce para Vélez 

Son las mismas alternativas del cotejo las que argumentan esta idea. La estrellita dispuso de ventajas numéricas, comenzó ganando el partido y contó con unas cuantas ocasiones destacadas de gol. En tanto que la V, a partir de los 22 minutos, afrontó el encuentro con un hombre menos, en el complemento alcanzó el empate e inmediatamente recibió la segunda expulsión (cuando Athletic también jugaba con 10).

Rodríguez logra evitar la intervención de Ibarra pero no consigue doblegar a Orioli. La tarde en el Lorenzo Palacios se cifró en 1 a 1. El autor material. Buigues ya decidió mandar el derechazo cruzado que vencerá a Matos y que posibilitará el empate velezano.
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El autor material. Buigues ya decidió mandar el derechazo cruzado que vencerá a Matos y que posibilitará el empate velezano. FOTOS NICOLÁS MURCIA

Con el empate ya consumado, cristalizado, inmodificable, seguramente sea Vélez el que esboce una mueca de aceptación más notoria, lindante con la conformidad. No porque así lo haya predispuesto previo al cotejo en el Lorenzo Palacios, sino más vale por algunas circunstancias determinantes que ofreció el mano a mano con Athletic, desfavorables para la V; las más significativas: jugar con un hombre menos que su rival en la mayoría del partido y estar en desventaja en el resultado.

Para la estrellita, la resultante de la mirada global sea, quizá, menos alentadora desde la perspectiva resultadista. Aportó los raptos de juego más destacados, dispuso de la ya mentada ventaja numérica, contó con muy buenas ocasiones de gol (no todas consecuencia de la superioridad futbolística) y abrió el marcador. Athletic no quería que el encuentro terminara, en tanto que Vélez, cuando el juez pitó sintió un muy lógico alivio.

Ponderábamos las notorias ocasiones que el albo desperdició. La primera de ellas tuvo lugar tempranamente, antes de los 2 minutos de juego: ante una defensa en mal retroceso, Burgos cedió hacia la derecha para la llegada por derecha de Rodríguez, quien buscó cruzado y falló. Con el partido puesto, chances como esas tomaron otro peso.

Fue saludable para el espectáculo que ambos elencos se colocasen en el centro del ring, aunque esto en sí parezca imposible dado que si uno lo toma, el otro sufre en las “afueras” de ese foco del juego. Se atosigaban en el campo ajeno, lograban tornar imperfectas las salidas defensivas y no demoraban demasiado en recuperar el balón.

Durante esa fase inicial, el local evidenció falencias en la posesión que le impedían lograr conexiones y avanzar. Vélez lo sostenía en su mitad, incomodándolo y tornándolo improductivo.

Pero un instante, no obstante su  fugacidad, puede revertir demasiadas cosas y así sucedió en el reducto Fidelino, pues en un pestaneo, Athletic estaba arriba y 11 contra 10. A los 21’, una salida pronta del local lo puso a Parodi sobre el área de avenida Chaves, su remate fue interceptado por un velezano y el balón fue a dar a Rígoli, quien no dudó en mandar un derechazo bajo, algo trabado, que venció a Di Blasio. Justamente el arquero, segundos después, debió salir por el balón fuera de área, llegó tarde a interceptar la definición de Parodi y lo golpeó en el salto. Para el árbitro mereció la roja directa.

El elenco de Gérez se cayó de la lógica que venía trayendo el desarrollo. Es que, previo a la celebración blanca, la visita no padecía penurias relevantes y mantenía controlado a su oponente (pese a que éste dispusiera de algunas oportunidades apreciables para aumentar la cifra de la disputa); Confalone regenteaba el círculo y adyacencias, donde Maxi Lapalma no hallaba sintonía en sus compañeros de línea.

El ocaso de la etapa ya no pudo simular la carencia del sentido colectivo, en un partido que aunque abierto y bastante dinámico, no podía más que regirse por la política del accidente, de lo que me nutra el yerro ajeno.

La identidad del albor del complemento fue dotada por Athletic y el entusiasmo dejó ver que no estaba ultimado. El conjunto fidelino lucía más atrevido, criterioso y aventurero, administrando mucho mejor la bocha, con otras intensiones y más cerca de Orioli (destacada actuación tuvo el juvenil arquero).

Como un reflejo de lo acontecido en el primer tiempo, un breve lapso vino a modificar el status quo. A los 10’ Agustín Parodi confirmó las previsiones de muchos (que su enfado crónico lo iba a sacar del partido) y se fue expulsado. Dos minutos más tarde, Carlos Buigues convertía un golazo (de nuevo, un tanto importante, como contra River): por la derecha llegó cómodamente al área mayor de Athletic, administró la justa habilitación y decidió cruzar, mediante una estupenda volea, un balón alto que superó el salto de Matos para confirmar el empate.

Inmediatamente la V pasó a timonear el encuentro, impulsado por la materialidad del gol y el golpe que su rival traslucía. Había pistas sobre un posible futuro de ventura para Vélez, pero Delippo fue tontamente expulsado y la preponderancia naciente comenzó a abortarse rápidamente.

El cotejo fue internándose en un tramo final donde todos tenían algo que protestar, poco que proponer y bastante que resguardar. Lógicamente, el velezano entendía de sus desventajas y comenzaba a sentir cómodo el marcador. Pero a no engañarse: no se amilanaba, se sostenía en la tensión del juego y aún guardaba preocupaciones para su contrincante. Sucedía que, por las ausencias, el trámite había ganado dinámica, espacios y era Vélez el que más padecía tanto campo libre que abordar, ya sea en defensa o en faz ofensiva. Aquí vale ponderar a los dos bastiones en cada sector: Ibarra en el fondo y Buceta en el ataque.

Territorialmente, el cierre evidenció control y supremacía de Athletic (el partido habitaba la mitad visitante), que no alcanzó a traducir esa impronta en chances importantes.

Un empate que no amarga el dulce de ninguno de los dos y que sirve para nutrir (al menos en puntos) dos destacadas campañas.

LA FIGURA 

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Sabino Ibarra

El central velezano se distinguió en una defensa que, por momentos, se vio bastante expuesta en velocidad. Ibarra cumplió perfectamente con ese slogan tribunero que dice “sacó todo”. Pero, además, cuando Vélez recibió las expulsiones, Sabino sostuvo al equipo multiplicando “ocupaciones”.

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