DUELO

Por Adolfo Mirande – Especial par El Tiempo

“No veo los rasgos.

Veo bajo el farol amarillo,

el choque de hombres o sombras

y esa víbora, el cuchillo”

Jorge Luís Borges

Con el alba se despierta la alondra, la perdiz con su querella amante saluda al nuevo día y la Pampa  espera la llegada de la luz de la mañana./ Tibio febrero para este amanecer en la pulpería del rancho pampero que tiene salpicado el techo por gotas de cielo y lo picotean en los agujeros los rayos del lucero./ Es la hora y el momento más apacible de ese llano  misterioso, cuyo seno silencioso se rompe con el canto del gallo, con el trinar del jilguero, y con la aurora de mil cantos armoniosos./ Cuando la luz está por asomar ya hay dos chinas en el patio con dos palos de amasar; y lucen cada una un par de trenzas doradas…y por rusas y polacas las mejillas coloradas./ A los pechos bien erguidos adelante, les da el Sol naciente su rojo deslumbrante y son más bellos cuando ellas los agitan desafiantes./ Las estrellas se van con el arroyo mientras ellas amasan para que venga el pan./ La pulpería es un  rancho viejo que vio malones y peleas y que va desapareciendo como todas las cosas en el tiempo igual que la vela que se va consumiendo./ En las puntas del mostrador dos mozos forasteros se miran de reojo y para el buen observador es clarito el recelo y el enojo./ No hay duda de que es grande el entripado./ Se ve de los hombres la piel curtida porque han recibido en sus ásperas vidas…en su pelo y en sus frentes, de noche y de día, de la tormenta la embestida.

Uno es medio moreno, los pelos ala de cuervo, piel de bronce y un abismo en los ojos renegridos./ Su madre es guaraní y su padre un gringo de Inglaterra…trae el hombre en sus venas, por cruza…mil generaciones de esta tierra./ La piel atezada y bien plantado, viene montando un ruano, calza bota de cuero fino, usa corralera con monedas y debajo del sombrero lleva vincha colorada./ El otro es rubio por gringo y lo crió la madre que fue  en el lupanar figura cotizada y de renombre./ Como el moreno no parece hombre de arrugar./ Tiene la mirada celeste, fuerte y aguda… y lo está esperando un overo, que es el amigo sincero para su buena fortuna en tanta distancia y luna./ No luce divisa alguna, pero tiene mil ganadas y perdidas entre revoluciones y montoneras./ Cada cual por su cuenta, ambos salieron a desafiar la vida…con el Sol, la Luna y las estrellas…/ Los dos pelearon por causa distinta, pero la pasión fue la misma./ Fueron grandeza y tempestad, fueron daga y cuchillo, fueron laguna, arroyo y chaparrón./ Amaron al tero y a la perdiz, y le cantaron al hornero y al picaflor./ Y recién se conocieron para encontrarse en la ceremonia trágica  del facón./ ¡Siempre tiene agachadas el tiempo!…y en el momento menos pensado saca la baraja del destino, el naipe mas inesperado./ La negra onda apareció en sus vidas como una maldición./  Se cruzaron unos labios color rubí, ojazos que eran dos brasas, dos promesas, y las trenzas renegridas, juguetonas por coquetas de una china sin conciencia y sin razón./ Se vuelve tonto el hombre en alguna ocasión y por el hecho de los celos lo pierde la ciega pasión./ Y por esa cuestión están frente a frente los dos gauchos cabales en esta trágica reunión./ ¡Como un estampido en el silencio!…, se oye un grito de repente, que suena como un desafío de odio prepotente…y le dice al otro el moreno…/ Tómese la última copa…está invitado…y agregó con odio…/ Tengo para su carne el filo de mi daga, y como lo tengo mal metido en el alma, se la haré sentir profunda y con calma./ y el rubio responde…

-No tomo solo compadre…y gritó… -Brindo por su puta madre.

Agregando claramente -Pronto por mi mano quedará boqueando el que me está desafiando./ De pronto es una sola cosa enroscarse el poncho en las manos, darle con punta y talón y comulgar en la misa hereje del cuchillo./ Una puntita de Sol está amagando asomar./ A la luz del farol va y viene una tras otra la puñalada insistente y para no encandilarse los dos se mueven evitando la luz de frente./ Todo se hace silencio, y aunque el Sol asoma , no se escuchan los gorriones y vaya saber la causa de porqué el cacareo hace una extraña pausa./ Adentro se desata el ruido y todo se vuelve estallidos. Son gritos y juramentos…que Mitre que Alsina, que crudos y cocidos./ Un viejo sabio y enredador que por diablo es conocedor opina que acá no hay política y sentencia que esto es cosa de mujer, más cerca del infierno que del querer./ En una mesa hay cuatro orejeando, y ante tanta puñalada, por las dudas, un gaucho dice…quiero todo con tres cuatros, y como si viera la luz mala, se levanta./ El pulpero ni pestañea…tuerce el cogote igualito que un búho y con los ojos como huevos duros, espera como puede lo que se viene./ Siente del recelo el regusto porque nunca ha sido sonso el miedo.

Pero sigue el entrevero…los dos brincan como liebres y aletean como gallos tirando picotazos./ Todavía el Sol no alcanza y son como fantasmas las sombras que bailan a la luz del farol y cada uno tira sus puntazos./ Y otra vez juega el destino con los dos cuchilleros y dispone de su suerte marcándoles el camino de sangre y de muerte.

En el vértigo trágico del revuelo vieron a un tiempo el mismo agujero…y ahí tiraron ambos la puñalada…y con suerte malhadada los dos corazones se partieron en esa última atropellada./ Como a veces sucede son una misma cosa Satanás y las mujeres.

Con sonrisa vanidosa ya estaba la china veleidosa a otro gaucho halagando con su beso y ofreciéndole el placer de su amor objeto de tanta desgracia y horror./ La contemplan a la desdichada los cuerpos muertos de dos valientes./ Se hizo leyenda este duelo en el que el mismo infierno decidió…y pasó de boca en boca…y de generación en generación muy mentado en todo fogón./ Y los payadores siempre cantaron de la china su malvado y frío corazón y rindieron homenaje a los que empuñaron el facón.

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