RELATOS DESDE EL ENCIERRO 

Eduardo (color y viajes)

Por Matías Verna  (*)

“Un hombre sin imaginación no tiene alas” Muhammad Alí.

La celda de Eduardo Pérez Colman estaba toda pintada con paisajes y montañas y mares y pájaros de muchos colores que nacían en el pasa platos y se iban por los barrotes para el lado de Cerámica San Lorenzo.

“Cuando me despierto no estoy acá” decía. “A veces estas playas son en Mar del Plata o en Cancún y estas montañas en Esquel o Suiza”, concluía.

Eduardo Pérez Colman siempre vivió sólo en la misma celda. Los demás presos y la mayoría de los guardias lo consideraban un loco lindo y a veces de temer.

Tres efectivos años, sin peleas, sin visitas, sin trabajo, sin nada. “Yo no tengo que ser libre”, contaba, nada más. “El resto de lo que suceda es cuestión de Estado”. Sus discursos invitaban al debate y sus enojos a la medicación.

El hombre se había construido su libertad estando preso y esperaba cumplir con la ley porque así lo habían resuelto los jueces.

Cuando se fue en libertad, pasó sin pena ni gloria. Quedó su número de legajo, su causa y nada más. Nunca más volvió, nunca se le escuchó decir si era culpable o inocente.

Lo que sí es tema de debate es su celda. Algunos odian los colores y quieren volverla a su imagen inicial. Otros la usan como punto turístico en las recorridas que los jueces o camaristas hacen por el penal.

Todos los años, la historia de Eduardo Pérez Colman se va modificando. Algunos dicen que estuvieron con él sin haber estado y otros que le compraron la pintura y los pinceles en sus inicios. Se han dicho varias versiones sobre su destino. En épocas de cámara de rollo aún conservo la imagen que él me pidió que le tomara mientras finalizaba los cerezos cerca de la cama.

Nadie ha visto esa imagen y creen que también mi versión es otra versión.

En las madrugadas, cuando caminábamos los pabellones y hacíamos recuento de población, abría la celda de Eduardo Pérez Colman y respiraba el aire que entraba por los barrotes. A veces cierro los ojos y viajo por las montañas y los mares. Los pájaros me rozan la cara y antes de cerrar la celda me como una cereza sabrosa que mantiene el color intacto.

(*) Es periodista y escritor. Nacido en Azul, vive actualmente en Olavarría: Recientemente publicó su séptimo libro, titulado “Crudo”. En esta sección compartiremos textos inéditos que detallan, con ficción y realidad, la vida en contexto de encierro, tanto de empleados del SPB como detenidos.

 

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