Educación para la inclusión

Todo proyecto pedagógico es un proyecto de sociedad. A fin de que sea una verdadera herramienta para lograr la igualdad, la construcción de las políticas públicas de educación debe tener como premisas la inclusión, la calidad y la gratuidad. Estudiar, ir a la escuela, ir a la facultad, leer un libro, ver una película, un documental, poder elegir… desde ahí crecemos soñando un mundo mejor. Estamos hablando de un Derecho Humano inalienable, ir a la escuela, y del aprendizaje como proceso social y construcción colectiva.

Dos grandes posiciones político-pedagógicas han antagonizado dentro del campo educativo. La primera combina argumentos filosóficos neoliberales y neoconservadores para fundamentar que la lógica del mercado debe regir todo ámbito social. Según esta visión, la misión de la educación es formar individuos competentes para procesar el flujo de la información actual y desplegar sus competencias en el mercado laboral, fomentando así la sensibilidad para el consumo. El segundo enfoque proviene de tradiciones heterogéneas que abreva en las teorías críticas, las perspectivas desescolarizantes y reproductivistas, y las posiciones nacionales y populares, entre otras fuentes.

Las universidades nacionales y los institutos de formación docentes eran pilares fundamentales para la inclusión de todos aquellos que elegían un estudio superior. En contracara, hoy vemos cómo nuestra universidad pública agoniza por no poder pagar servicios básicos como la electricidad y el gas debido a la quita de subsidios y una devaluación de la moneda que ya supera el 40%.

La situación parece calcada de la que vivimos en los 90s: el gobierno (entonces el de Menem, hoy el de Macri) desfinancia la educación como paso previo a la privatización. El procedimiento es tan evidente que termina resultando burdo. Cortar el presupuesto para asegurarse de que las cosas no funcionen, o funcionen mal. Como consecuencia, la gente se molesta, y el gobierno se ampara en esto para realizar el traspaso a manos privadas.

Rechazamos el proyecto educativo neoliberal porque estamos comprometidos con una visión de la educación crítica, respetuosa de las diferencias, intercultural, laica y amparada en el principio de la justicia social. Esa es la tradición de nuestra educación pública. Por lo tanto, no podemos ni debemos permanecer ajenos a una realidad que día tras día se tiñe de desesperanza al ver como nuestros derechos están siendo pisoteados por decisiones políticas que respaldan otros intereses que nada tienen que ver con la educación.

Debemos generar y lograr la implementación de políticas de Estado que piensen en nuestros estudiantes secundarios como protagonistas y a su vez generadores de movilidad social. El programa Conectar Igualdad fue paradigmático en ese sentido porque logró acortar la brecha de desigualdad, generando de ese modo más oportunidades de conocimiento para todos y todas los estudiantes secundarios de la escuela pública. El Conectar Igualdad, que tantos y tan buenos resultados venía dando, fue abandonado recientemente por decisión del gobierno de Mauricio Macri.

El sector educativo se encuentra en estado de alerta debido a la implementación de políticas neoliberales que arrollan nuestros derechos. Debemos alzar nuestras voces contra la embestida de un gobierno que no cree en el Estado como garante de nuestros derechos. Este gobierno tiene una cultura autoritaria, y para sostenerla necesita enseñar la crueldad y la indiferencia. Pero en algo tiene razón: se enfrenta a una pesada herencia. La herencia de los derechos, la inclusión y la solidaridad.

Frente Educativo Frente para la Victoria Azul.

Cristina Conducción

 

 

 

 

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