A CUARENTA AÑOS DEL HECHO (Nota 2)

El abogado que sobrevivió a “La noche de las corbatas”

Es el caso del doctor Carlos Aurelio Bozzi. Será uno de los expositores en el homenaje que, por primera vez en la historia del país, se hará a los letrados víctimas de la última dictadura; organizado por la Asociación Nacional de Jueces y Juezas del Trabajo.

El abogado Tomás Fresneda, secuestrado junto con su socio Bozzi en julio de 1977. Fresneda fue desaparecido, al igual que su esposa María Mercedes Argañaraz de Fresneda (en la foto). ARCHIVO Recorte periodístico del 21-7-77 que da cuenta de la liberación del abogado Bozzi (en la foto) y del tiroteo contra el vehículo que lo transportaba (en el croquis).
GENTILEZA CARLOS BOZZI
Licencia de inhumación del tercer joven acribillado en el auto donde era transportado el abogado Bozzi. ARCHIVO DEL AUTOR
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El abogado Tomás Fresneda, secuestrado junto con su socio Bozzi en julio de 1977. Fresneda fue desaparecido, al igual que su esposa María Mercedes Argañaraz de Fresneda (en la foto). ARCHIVO

Escribe: Marcial Luna – lunasche@yahoo.com

EL DATO:

Los abogados laboralistas víctimas del terrorismo de Estado serán homenajeados el próximo 7 de julio por la Asociación Nacional de Jueces y Juezas del Trabajo (ANJUT). La actividad tendrá lugar en la Asociación de Abogados de Buenos Aires (AABA), Uruguay 485 de la Ciudad Autónoma, el 7 de julio próximo a las 16. Los doctores Carlos Moreno (Olavarría) y Claudio Minellono (Azul) han sido incluidos en este homenaje.

NOTA II

A las 20 horas del 8 de julio de 1977 el abogado Carlos Bozzi bajó una escalera caracol y salió del estudio jurídico donde trabajaba, en Mar del Plata. Una vez en la avenida Independencia, a pasos de Gascón, vio que un joven le apuntaba a la cabeza con una pistola. Con un par de empujones, fue obligado a retornar a la oficina, ubicada en la planta alta de la mueblería Brunini. Y se les sumaron tres personas, de civil, también armadas.

Los captores comenzaron a interrogarlo a Bozzi. Como estrategia, se hicieron pasar por un comando montonero. Le dijeron que, si no “cantaba”, lo iban a someter a un “juicio popular”. De paso, le sustrajeron el reloj y la billetera.

Con insistencia, le preguntaron a Bozzi por su socio, el abogado Tomás Fresneda, quien arribó minutos después y fue capturado junto con su esposa e hijos, por entonces muy pequeños. Fresneda era de raigambre socialista, al igual que tantos otros marplatenses, y con su socio Bozzi patrocinaban algunos sindicatos obreros, como el de fábricas de aguas gaseosas (entre ellas, las de marca estadounidense).

Dos meses antes de ser secuestrados, “ganamos un juicio de mucho monto, por horas extras no liquidadas a varios empleados. En ese momento, probar las horas extras era una epopeya”, rememora hoy Bozzi.

¿Existió una denuncia de esas empresas para hacer “desaparecer” a los abogados? Aún lo piensa, pero es un aspecto que, hasta ahora, no ha podido probar.

En esos años, el Derecho del Trabajo era “despreciado por el resto de los abogados”, asegura. No se lo consideraba una rama del Derecho propiamente. “Los demás abogados, del fuero civil y comercial, nos despreciaban, porque consideraban que estábamos en la lucha del trabajo contra el capital”, explica Bozzi a EL TIEMPO.

9 de Julio  

Nació en Buenos Aires el 1° de mayo de 1950 pero, por el feriado, Carlos Bozzi fue inscripto el día 7. Había sido futbolista en San Lorenzo de Mar del Plata y, al momento de su secuestro, había logrado el pase para Huracán, en la Primera B. Iba a debutar en el partido del 9 de julio de 1977.

Fresneda, su amigo y socio en el estudio jurídico, sólo concurría de tarde a la oficina, porque las mañanas las ocupaba con su otro trabajo: la herrería artística. Fue secuestrado esa noche del 8 de julio junto a su esposa. Los niños quedaron al cuidado de una abuela.

Desde la oficina que compartían, sobre avenida Independencia, los captores llevaron a los abogados Bozzi y Fresneda hasta una camioneta de doble cabina. Los arrojaron al suelo, uno delante y otro detrás.

Incómodo, Bozzi quedó sobre la cañonera del vehículo. Intentó moverse un par de veces y, en cada oportunidad, tocó una suerte de palanca que terminó accionando una sirena. Uno de los captores le recomendó que se quedara “quietito”. El abogado recuerda que esa sirena sonaba exactamente igual a las utilizadas por la policía en sus vehículos.

Circularon por la Ruta 2. Poco después, los obligaron a descender de la camioneta y subir a un automóvil. Recién entonces fueron encapuchados y, por un camino de tierra, arribaron a un predio. Bozzi recuerda aún que, con una soga, sus captores le enrollaron todo el cuerpo, hábilmente. Si movía sus pies se apretaba las manos. Y si movía las manos, la soga se ajustaba a la garganta y comenzaba a asfixiarlo.

En el lugar donde estaban secuestrados los abogados Bozzi y Fresneda, se escuchaba un movimiento constante. Portazos, corridas, gritos. A poco de llegar, alguien les aconsejó: “Pórtense bien, esta noche no queremos matar a nadie más”. Era la voz de uno de los secuestradores. Y ello es coincidente con un dato importante: años después, Bozzi supo que el abogado Norberto Centeno había sido asesinado, en aquel lugar de detención, esa noche del 8 de julio de 1977 (ver nota 1, 11/6/17, en la que se expuso el caso del abogado Centeno).

El captor se retiró y, poco después, una radio comenzó a propalar el Himno Nacional. Bozzi razona: generalmente, todos los 8 de julio, a las 24 horas, las radios emitían la canción patria, en conmemoración del Día de la Independencia nacional.

Al día siguiente, él hubiese debutado en la primera de Huracán. Pero el 9 de julio continuó secuestrado. Y el 10. Y los demás días.

Aunque estaba encapuchado, algo podía ver por debajo. Así pudo detectar un pulóver, de color beige, que tenía manchas de sangre. Y, sobre una pared, manchas de sangre más grandes, producidas por el golpe de la cabeza de una persona contra el muro.

La cueva    

Concluidos los interrogatorios, Bozzi quedó solo. Se llevaron a su colega Fresneda y ya no lo volvió a ver.

Desde el lugar de encierro, se podía escuchar el ascenso y descenso de aviones, muy cerca. Aún tiene presente Bozzi el ruido de las turbinas de las máquinas.

El escenario montado fue completo. “Al mediodía traían la comida. Me llamó la atención que había dos mujeres que servían las comidas. Cantaban muy bien, a dúo con la radio. La canción preferida de ellas era ‘Zamba de mi esperanza’. Sólamente folclore cantaban esas dos mujeres”, dice Bozzi. Desde ese momento, comenzó a perder la noción del tiempo. Contaba los días por las comidas. “Dos comidas, un día”, recuerda.

Una semana después se presentó alguien con mando y le dijo a Bozzi que se habían equivocado con él. Por eso, lo iban a dejar en libertad, pero lo harían en cercanías a la ciudad de La Plata. (Aquí es necesario puntualizar algunos aspectos: el lugar de detención que refiere el abogado Bozzi es el antiguo radar de la Base Aérea Mar del Plata. Fue uno de los centros clandestinos de detención utilizados en esa ciudad y se lo conoce como “La cueva”. Allí estuvo secuestrada la azuleña Norma Monticelli, a quien también sus captores le comunicaron, luego de intensas sesiones de torturas y vejaciones, que sería liberada porque con ella “se habían equivocado…”; ver nota en El Tiempo, 9/4/2017).

Bozzi recuerda que le quitaron la capucha y le colocaron algodones, en ojos y oídos, y los sujetaron con varias vueltas de cinta adhesiva. Luego le colocaron una gruesa capucha de lona.

Fue transportado hasta un automóvil y depositado dentro del baúl. El auto se puso en marcha y circuló por un camino de tierra. Poco después ocurrió algo que le resultó, en semejante contexto, también extraño al abogado. Recuerda que hubo “una frenada, un derrape, puertas que se abren, personas que parecen escapar desde el mismo vehículo, gritos, disparos”.

El auto fue acribillado a balazos. Bozzi afirma que los tiros fueron de escopeta, porque los perdigones hacen un ruido especial cuando impactan en los árboles.

Un vehículo con sirena se aproximó. Era un pelotón del Ejército. Los uniformados abrieron el baúl y lo encontraron al abogado, encapuchado y medio adormecido por los vapores de nafta del auto. Pese a ello, pudo reconocer que estaba en cercanías de la ruta 2, en el acceso a Santa Clara del Mar.

Cuando lo extrajeron del baúl, Bozzi alcanzó a ver que el vehículo estaba “totalmente destrozado por los disparos”. Vio también, colgando hacia afuera desde uno de los asientos, un par de piernas, inmóviles.

Escopetas     

Un oficial lo miró a Bozzi y ordenó a sus soldados que se retiraran. Visiblemente nervioso, intentaba recargar su escopeta Ithaca. “Eran cartuchos de color verde y de color rojo. Detrás del destruido vehículo, gran cantidad de los mismos estaban esparcidos por todos lados. A medida que quedábamos solos, comenzó a insultarme”, recuerda el abogado.

Un soldado se acercó y le dijo al oficial: “El otro murió, señor”. El oficial miró a Bozzi: “En el coche hay dos muertos más ¿Los conoce? ¿Quiere verlos? El militar continuaba extrayendo cartuchos de su cinturón con la vista fija en mí”.

Un hombre, de civil, apareció en la escena. El oficial enloqueció, porque ¿quién podía ser ese sujeto que estaba dentro de una zona vedada? Era la noche del 19 de julio de 1977. Bozzi logró reconocer al recién llegado: “Era un abogado, compañero mío de la Facultad de Derecho, asesor de los militares y activista de la Concentración Nacional Universitaria (CNU), al que denuncié muchos años después ante la Justicia Federal. A raíz de ello, fue encarcelado y falleció en presidio”, explica Bozzi. Ese civil era Eduardo Cincotta.

El oficial al mando continuó muy nervioso. “Intentaba cargar la Ithaca, algunos cartuchos se les caían, me insultaba permanentemente, me decía que no hablara, de repente me decía que hablara, estaba enloquecido y nunca llegaba a cargar la escopeta porque los cartuchos se le caían”, asegura el abogado.

En la escena apareció otro oficial y le ordenó a Bozzi: “Levántese, venga conmigo”. Tenía una carpeta y acomodaba papeles. Se abrieron paso por una barrera de unos veinte soldados que estaban ubicados, estratégicamente, sobre los costados de la ruta. Se detuvieron frente a una camioneta del Ejército. El oficial le ordenó a Bozzi que subiera a la caja, que se tirara al piso. Y a un soldado, que le apuntara a Bozzi con el cañón del fusil a la garganta. Y, además, le dijo: “Si se mueve, matalo”.

Se trasladaron hasta el cuartel y allí el abogado fue derivado al juez militar de la Subzona 15, quien le tomó declaración sobre todo lo ocurrido desde el 8 de julio. La familia de Bozzi ya había sido anoticiada y se presentó en la unidad militar. El abogado recién recuperó su libertad la noche del 21 de julio de 1977.

La ejecución       

Días después, la prensa informó que “el Ejército me había liberado en un enfrentamiento con tres extremistas, que manejaban el automóvil propiedad del doctor Norberto Centeno, el que había sido robado al momento de su secuestro”, explica Bozzi.

Hubo que esperar algunos años para saber qué había ocurrido la noche del 19 de julio. Precisamente hasta que se abrieron los archivos de la Dirección de Inteligencia de la Policía de la Provincia de Buenos Aires (DIPBBA). Entonces se descubrió que dos de “los presuntos extremistas” eran, en realidad, jóvenes estudiantes de la Facultad de Agronomía de La Plata, secuestrados en junio de 1977 y alojados en el centro clandestino de detención “La Cacha”, en la capital bonaerense. El tercer ocupante muerto, aún hoy, sigue siendo una incógnita (el comisario Cerruti, de la Comisaría 4ta. de Mar del Plata, ordenó la inhumación del cuerpo. En la documentación del cementerio se lo menciona como “masculino”, “NN”, de 26 años de edad, muerto por “hemorragia interna heridas bala” y se identifica el lugar de enterramiento – Copia del expediente en archivo del autor).

Los otros dos jóvenes acribillados, esa noche en el acceso a Santa Clara del Mar, fueron Stella Maris Giourgas (23 años) y Carlos Alberto Weber Álvarez (24), que había ingresado al Servicio Militar Obligatorio a esa edad porque se encontraba con pedido de prórroga para terminar sus estudios. Este joven fue secuestrado a la salida del Batallón de Comunicaciones Comando 601, en City Bell, luego de que sus superiores le “ordenan realizar una diligencia fuera del cuartel”. Sobrevivientes de “La Cacha”, dieron cuenta de haber estado con ellos ahí.

Bozzi lo explica: “Los habían traído a Mar del Plata con el sólo fin de montar una escena mentirosa y, de paso, asesinarlos”.

Muchos años después, prácticamente veinticinco desde “La noche de las corbatas”, Bozzi quedó congelado cuando un viejo policía le dijo: “¡Ah… usted estuvo en la Noche de las Escopetas!!!…”. El abogado cree que esa frase encierra una gran verdad.

FUENTES: Causa N° 17.077; Causa N° 997; Causa Nº 2278 (Caso Centeno); Causa Nº 2086 y su acumulada 2277 (Caso “La cueva”); Expediente Número 13000001/2007.

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