UN DESAFÍO QUE REJUVENECE A LOS MAYORES

El acercamiento del adulto a internet y a las redes sociales facilita sus vínculos y mejora su autoestima

Si en todas las épocas se han producido brechas intergeneracionales, acaso ninguna tan grande como la que impone hoy la era digital. En apenas veinte años los avances de las nuevas tecnologías han revolucionado por completo la forma en que nos relacionamos, nos comunicamos, nos informamos, trabajamos y tomamos decisiones en general. De ahí que es comprensible que quienes por su edad no lograron montarse a tiempo en esta vertiginosa ola de transformaciones se sientan hoy un poco aislados e inseguros de poder superar ese obstáculo alguna vez. Pero lo cierto es así de grande como pueda parecer esa brecha lo es también la satisfacción y el efecto transformador de haberla dejado atrás.

El acercamiento de los mayores a internet y a las redes sociales mejora su comunicación con los seres queridos, les facilita la formación de vínculos afectivos, los enriquece culturalmente y alimenta su autoestima.
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El acercamiento de los mayores a internet y a las redes sociales mejora su comunicación con los seres queridos, les facilita la formación de vínculos afectivos, los enriquece culturalmente y alimenta su autoestima.

Superar la brecha digital

Quienes logran superar la brecha digital resaltan la sensación de empoderamiento que da haber enfrentado un reto difícil y sentirse parte de un mundo que antes parecía condenarlos a la exclusión.

Como coinciden en señalar especialistas que trabajan tanto en educación como en asistencia para la tercera edad, el acercamiento de los mayores a internet y las redes sociales mejora su comunicación con los seres queridos, les facilita la formación de vínculos afectivos, los enriquece culturalmente y alimenta su autoestima al permitirles recuperar independencia en cuestiones cotidianas. En suma, el salto de la brecha digital constituye para muchos de ellos una fuente de juventud.

Y es que por la inmediatez y la facilidad de comunicación que ofrecen hoy las nuevas tecnológicas, la población de mayor edad es en cierto modo la que más provecho le puede sacar. Así como a algunos adultos la posibilidad de mantener videollamadas con hijos o nietos que viven lejos les ha cambiado la vida, para otros hacer trámites o gestionar servicios desde el living de su casa constituye una maravillosa solución a sus limitaciones de movilidad.

Pero más allá de cuestiones prácticas, quienes han logrado superar los obstáculos impuestos por una revolución tecnológica que los tomó siendo ya grandes rescatan en general otro efecto para nada menor: el orgullo y la sensación de empoderamiento que da el haber superado un reto difícil y sentirse parte de un mundo que antes parecía condenarlos a la exclusión.

Motivaciones

“Cuando empezó a popularizarse internet yo ya tenía 50 años y por mi trabajo no tuve la posibilidad de capacitarme como los empleados más jóvenes. Por eso al llegar a los 74, si bien me las venía arreglando un poco con la computadora había un montón de cosas que no sabía hacer o hacía mal. En ese sentido tampoco podía apoyarme en mi marido porque él directamente se resiste a las nuevas tecnologías: no tiene ni celular. Creo que fue eso lo que me llevó a tomar la decisión”, explica Mercedes Gutiérrez, una bancaria jubilada de La Plata al contar por qué resolvió inscribirse este año en un curso de internet.

“Si bien éste es mi primer curso, lo más probable es que después me anote en otro para aprender a usar mejor el celular. Me encanta poder resolver cosas que antes me generaban inconvenientes. Por ejemplo no voy más al banco. Estoy en el homebanking, que es una cosa maravillosa porque no hago más colas. Imprimo las boletas de los impuestos y el otro día me quedé asombrada de haber podido resolver un trámite de ABSA a través de internet”, cuenta.

Como Mercedes, son cada vez más los adultos mayores que se animan a saltar la brecha digital. “No los atemoriza aprender nuevas herramientas para estar vinculados con su entorno”, sostiene la licenciada María Mercedes Olmedo desde un centro para adultos mayores que ofrece a sus residentes programas de inclusión tecnológica. “Las redes sociales han despertado entre ellos un gran interés porque les permite interactuar con sus seres queridos en lo cotidiano y participar socialmente de manera activa. El impacto se refleja de manera positiva en su estado de ánimo y el aumento de su autoestima”, señala la profesional.

Obstáculos a vencer

Lo cierto es que la brecha generacional no es la única que atenta contra la educación digital de este sector de la población. Un estudio de las universidades del Comahue y de la Patagonia Austral reveló que la sobrecarga de información de las interfaces de las redes sociales y sitios web constituyen en general un fuerte obstáculo para los usuarios de entre 61 y 87 años de edad, a quienes tantos datos los suelen confundir. En otras palabras, el mundo de internet tampoco está diseñado pensando en la población mayor.

De ahí la importancia de implementar programas educativos específicamente orientados a la franja de mayor edad, que en América Latina tiene un notable crecimiento respecto de la población general. “Los programas de educación de adultos mayores, que cada vez se instalan en más lugares, posibilitan el aprendizaje y la incorporación de estas nuevas herramientas a la vida de los envejecentes, y son parte de la aplicación del nuevo paradigma del envejecer, que es el envejecimiento activo. Esta integración también repercute en el cambio de estereotipos y prejuicios sobre la vejez, ya que todos los estudios muestran que se puede aprender durante toda la vida”, resalta la doctora Virginia Viguera, médica psiquiatra, docente de adultos mayores y asesora psicogerontológica.

Los viejos estereotipos sobre el proceso de envejecer también jugarían un papel crucial.

Un prejuicio instalado

“Uno de los factores que más atentan contras las posibilidades de los mayores de aprender el uso de las nuevas tecnologías es hoy el prejuicio de que no pueden. Ese prejuicio, que sigue instalado en la sociedad, termina limitando muchas veces su propias posibilidades en el sentido de que lleva a que no lo intenten porque están convencidos de que no van a poder. Pero lo cierto es que una vez que se largan y empiezan a usar la tecnología se dan cuenta de que no tiene grandes secretos”, señala por su parte la coordinadora de los cursos digitales del Programa de Educación Permanente para Adultos Mayores, Mónica Suelgaray.

A su entender existe además otro importante obstáculo para la inclusión digital de la población mayor. “Si bien al hablar de la brecha digital se hace hincapié en nativos versus inmigrantes digitales, la cuestión de la edad deja sin explicar otras brechas que hay en nuestra sociedad para acceder a estas tecnologías”, señala Suelgaray en referencia a las fuertes diferencias que se imponen en función del estrato sociocultural.

Más allá de estos obstáculos, lo cierto es que ya no quedan dudas entre quienes trabajan con adultos del efecto positivo que tiene en sus vidas la inclusión digital. “El acceso a internet y las nuevas tecnologías funciona como un medio de interacción social, favoreciendo la formación de nuevos vínculos Pero además les facilita el acceso a la cultura, la utilización del tiempo libre, el autocuidado de la salud y nuevas oportunidades educativas y laborales”, sintetiza Silvia Gascón, directora del Centro de Envejecimiento de la Universidad Isalud al explicar por qué los países con mayor desarrollo hoy están apostando fuertemente a ayudar a que sus mayores logren saltar la brecha digital. (Fuente: El Día)

MOTIVACIÓN PRINCIPAL

La posibilidad de mantener un contacto fluido con sus familiares y amigos constituiría de hecho la principal motivación de los adultos mayores para incursionar en las redes sociales, según un estudio realizado por investigadores de las universidades del Comahue y de la Patagonia Austral. De hecho, plataformas como Facebook parecen ser la herramienta digital preferida por este sector de nuestra población: tendrían un 96,8% de penetración entre los argentinos mayores de 55 años que se encuentra online, según datos de la consultora CommScore.

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