CÓMO ERA LA CIUDAD CUANDO EL ESCRITOR REDACTÓ AQUÍ SUS “IMPRESIONES”

El Azul que conoció Roberto Arlt

Publicidad de la fábrica Piazza de su producto “Malta Negra – Azul”, incluida en la edición de El Régimen del 30 de julio de 1927, Pág. 11.“Farmacéuticos delincuentes”, un titular de El Régimen del 19 de julio de 1927. Se denunció la venta de morfina y cocaína en Azul. Arlt ya se había instalado en “el Azul”.El escritor y periodista Roberto Arlt, circa 1927.Otros tiempos: los números de la Tesorería municipal se publicaban a diario, para conocimiento público. (El Régimen, 28 de julio 1927, p.7)
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“Farmacéuticos delincuentes”, un titular de El Régimen del 19 de julio de 1927. Se denunció la venta de morfina y cocaína en Azul. Arlt ya se había instalado en “el Azul”.

La venta de alcaloides, fundamentalmente cocaína, fue una de las preocupaciones en la ciudad en 1927, en momentos en que el periodista porteño ingresó al vespertino El Régimen y redactó sus artículos azuleños. La corrupción policial en el ojo de la tormenta. El comercio había entrado en crisis y aplicaba estratagemas para captar clientes. El “cuento del tío”.

Escribe: Marcial Luna. – lunasche@yahoo.com

EL DATO:

En próximas ediciones continuará esta serie, con los casos policiales mencionados y otros episodios, sociales y deportivos de la sociedad azuleña de 1927, cuando Roberto Arlt llegó a Azul para trabajar en la Redacción del vespertino El Régimen.

NOTA I

Había farmacéuticos que vendían morfina y cocaína en sus locales, con fines de lucro. El cadáver de una recién nacida fue hallado en el predio del Colegio Nacional. Un subcomisario fue acusado de raptar y violar a una menor de edad. Otro policía, en este caso un comisario, fue acusado de emplear como doméstico a un cabo, en su casa particular. El Banco Comercial de Azul presentó quiebra y capturó los fondos de los ahorristas. Por ese motivo, el comercio azuleño se declaró en crisis.

Las carreras de bólidos eran la gran atracción y en las canchas de fútbol, los jugadores ni siquiera se presentaban para disputar los partidos. El tránsito automovilístico era un caos y había menores que conducían como si hubiesen estado endemoniados. Hubo críticas por los cambios educativos y la prostitución en la vía pública.

¿Cómo era Azul en el momento en que el escritor y periodista Roberto Arlt llegó a la ciudad, durante el invierno de 1927? Quizá lo antedicho puede representar un compendio, sino directamente una simplificación. Pero lo cierto es que este artículo no agota, sino que sólo recupera algunas de las memorias de la época en que el autor de El Juguete Rabioso y Los 7 Locos vivió en Azul y escribió sus “Impresiones de un porteño en el Azul”.

Memoria gráfica   –

Es fundamental indicarlo. En 1927 se editaban cuatro periódicos en la ciudad de Azul: Diario del Pueblo –que poseía, además, una radio broadcasting–, El Régimen, El Imparcial y El Ciudadano, todos tamaño “sábana”. Gracias a esas publicaciones, y a la conservación que han tenido en las propias empresas y, tienen aún en la Hemeroteca “Juan Miguel Oyhanarte” de Azul, es que ha sido posible hallar la serie desconocida de los artículos arltianos, y profundizar a través artículos como el presente.

Veamos sintéticamente cada caso:

El Régimen fue un vespertino de doce páginas. Se fundó el 30 de julio de 1926, con dirección de Jorge C. Elizagaray.

El Imparcial, fundado por José M. Darhampé en 1894, era matutino. En el momento en que Arlt estuvo en Azul, este diario había iniciado su “segunda época”, con dirección de Paulino Rodríguez Ocón. Mantenía cuatro páginas.

Diario del Pueblo, vespertino fundado por Cipriano V. Moreno el 12 de septiembre de 1918, fue luego dirigido por Pedro Cirigliano. Publicó ocho páginas en la edición habitual.

El Ciudadano fue vespertino y lo fundó en 1907 José S. Ferreyro. La edición varió de ocho a diez páginas. [Estos datos sobre los periódicos referidos pertenecen a “La imprenta de Azul”, de Bartolomé J. Ronco, una edición catálogo de la Biblioteca Popular y Centro Cultural Horizontes, Azul, septiembre de 1948. En: Hemeroteca JM Oyhanarte de Azul].

Crónica roja    –

Es uno de los resultados de la violencia de la sociedad. Los periódicos, con sus notas policiales, no hacen más que reflejar esa contracción execrable que tanto cuesta admitir como característica facial de la comunidad a la que pertenecemos.

Arlt llegó a Azul con una experiencia a cuestas: la de cronista policial de Crítica, el diario creado por Natalio Botana. Semanas previas al ingreso en la Redacción del azuleño El Régimen, Arlt cubrió periodísticamente algunos sucesos en Buenos Aires. Truculentos. Atroces, esos hechos, pero ante todo reales. “Me voy a suicidar, vivo en…”, fue una nota que luego lo inspiró para su obra de teatro 300 millones. Con anterioridad, redactó “Cianuro en el biberón”, la crónica del caso de una madre, abandonada por su esposo, que enloqueció y envenenó a sus dos pequeños hijos. [en: Arlt, Roberto. El facineroso. Buenos Aires, Del Nuevo Extremo, 2013].

Además de realizar un reemplazo en el vespertino local, sin duda Roberto Arlt llegó a Azul como quien escapa de miserias de la humanidad que nadie podría siquiera imaginar. De allí la contundencia de la realidad y, en definitiva, el germen para la crónica roja.

El propio Arlt lo escribió en su primer artículo: “Yo venía al Azul, enfermo de ciudad. Enfermo de calles sepulcrales” [en: “Impresiones de un porteño en el Azul”, 26 julio 1927, p. 1), y completó: “La locura de sus habitantes movidos por la necesidad y la codicia acaba por contagiarnos su delirio”. Luego, celebró el hecho de haber llegado a una ciudad como Azul, porque lo cobijó, en paz, y lo bañó de sol.

Sin embargo, Azul también mostró en ese año 1927 su mueca repulsiva, como indicamos anteriormente, y los diarios expusieron la sordidez local.

Alucinados   –

“Una persona afecta al consumo de alcaloide hizo acusaciones directas contra determinados farmacéuticos”, publicó El Imparcial (30.VII.1927). Un día antes, se había comprobado que existían “médicos [que] por complacencia o amistad, suscribían recetas de alcaloides para los viciosos”.

El vespertino El Régimen anunció la llegada de inspectores de farmacias a Azul. Requisaron a varios farmacéuticos y les secuestraron “muchas recetas de médicos que imponían fuertes dosis de alcaloides”. Las recetas fueron remitidas al Departamento de Higiene “para ser tenidas en cuenta en el proceso que se ha de iniciar por la venta desmedida de estupefacientes”. (El Régimen, 29.VII.1927). Roberto Arlt ya estaba en esa mesa de Redacción trabajando. En las notas policiales no se incluyó la firma del redactor.

Bastante antes, en la edición del 19 de julio, este diario publicó un artículo con un título por demás elocuente: “Los farmacéuticos delincuentes”. Apuntó, directamente a que esos profesionales “aspiran a ganar, y ganan. Nada les importa la desgracia ajena. De ahí que expendan morfina y cocaína, de la misma manera y con la misma inocencia angelical que si expidieran agua destilada”.

Se demuestra que, en 1927, el consumo de drogas adquiría un ribete ilegal en Azul. Quien escribe estas líneas halló dos menciones directas. El propio Arlt, en “La plaza y la torre”, y al advertir la extraña torre del edificio municipal –más que nada por dónde fue ubicada–, escribió que aquello le sugería un “mirador de arquitectura indefinida, este faro pedestre, parece que realiza un sueño, un sueño de farmacéutico humorista, que no teniendo nada que hacer en sus ocios.” (El Régimen, 30.VII.1927). La segunda mención se halla en esa misma edición. A modo de despedida, el diario le dedicó una conceptuosa nota al escritor porteño, le agradeció por su notable trabajo en el vespertino al cubrir un reemplazo del redactor Enrique Pérez durante el mes de julio de 1927 y, finalmente, anunció una cena de despedida para ese día 30: “El acto que esta noche nos reunirá en torno del gran Roberto [Arlt], dirá a éste de nuestra gran cordialidad, al par que le desagraviará de la impresión que en su espíritu pueda haber causado la presencia de alguna torre atrabiliaria que evoque las veleidades astrológicas de los farmacéuticos”.

El uso de drogas ilegales (o al menos de manera abusiva) era un hecho en el Azul de 1927. Por esos días, se sucedían charlas sobre toxicomanía y, desde los periódicos, se requerían controles policiales y de salubridad. Es un fenómeno, entonces, que ya estaba presente en los albores de esta ciudad en el Siglo XX.

Pero, algunos efectivos policiales, tenían otras preocupaciones que las recetas de morfina y cocaína.

El cabo mucamo   –

El comisario de Azul era Carlos F. Sisto. El Régimen, donde trabajó Arlt como redactor, le formuló una acusación directa: “Continúa disponiendo de los agentes de seguridad que se pagan con los dineros del pueblo, para fines exclusivamente personales”.

¿Qué había ocurrido? El jefe policial disponía, para quehaceres domésticos en su propio domicilio, de un cabo de su comisaría: “El agente Villa sigue siendo empleado por el comisario Sisto en las nada dignificantes actividades de mucamo.” (El Régimen, 12.VII.1927).

En varias oportunidades desde el diario se había señalado la “necesidad” de que el cabo fuese reintegrado a sus funciones específicas, es decir, al plantel de la comisaría de Azul. Sin embargo, Sisto hizo oídos sordos a la denuncia periodística.

También el Diario del Pueblo había arremetido contra el comisario, ante un problema que consideraba grave: “En el Azul hay infinidad de personas que sienten verdadera manía por la portación de armas, las que no tienen reparos en andar exhibiendo en cuanta oportunidad se ofrezca y con el propósito de sentar cierto precedente [y] además resulta un motivo de inquietud en sociedad.” (DdP, 22.VII.1927).

Cuento del tío   –

Hoy, cuando en estos días ha resurgido la modalidad delictiva del “cuento del tío”, vale la pena que ocupemos algunas líneas para señalar que, en el Azul de 1927, era usual que algunos vecinos resultaran víctimas de este tipo de ardid.

El Diario del Pueblo (26.VII) dio cuenta de la existencia de “robos, estafas y ‘cuentos del tío’”. La crónica periodística subrayó que, estos ilícitos, “evidencian también un ingenio ponderable y una ‘nueva sensibilidad’ delictuosa patentizada por los métodos modernos puestos en boga por sus cultores”. Pero, además, apuntó hacia un sector legal: el comercio. O, mejor dicho, “cierto” comercio. El Imparcial, desde sus columnas, propugnó una idea: “Debe efectuarse una prolija inspección de las pesas y medidas que usan algunos comerciantes de esta plaza [Azul], para quienes el kilogramo tiene 900 ó 950 gramos. El resto, queda en casa.” (30.VII.1927).

Colapso bancario     –

El Banco Comercial de Azul colapsó en 1927 y “capturó” los fondos de sus ahorristas. Fue el principio del fin de una etapa de prosperidad de la institución bancaria. El efecto, al menos sobre el sector minorista en la ciudad, fue devastador.

“No pasa día –se indicó en Diario del Pueblo– sin que recibamos la visita de algunas de las personas que han sido alcanzadas por el cierre del Banco Comercial de Azul, apresándole sus depósitos en forma tal que los coloca en serios aprietos […] puede afirmarse que el cierre del Banco ha venido a crear entre muchas personas una situación por demás delicada y que de continuar así puede provocar nivelaciones de apremio angustiosas.” (26.VII).

El comentario, frente a ese cuadro, surgió espontáneamente: “El comercio pasa por un momento crítico”. Y el vínculo, directo: “El cierre del Banco Comercial tiene que ver con esa crisis.” (DdP, 26.VII.1927).

Productos Piazza     —

De todas maneras, existió un comercio próspero en 1927. Un caso, sin duda, ha sido el de la fábrica de cerveza, malta y jabón –inclusive jabón de coco– de Piazza Hnos. El predio industrial estaba instalado en la actual Efasa.

La malta “Negra” había recibido cinco premios en exposiciones internacionales y, en la publicidad gráfica, se ofrecía como “el mejor tónico para dar fuerzas al débil, para rejuvenecer al anciano, para robustecer a la madre que cría para nutrir la niña inapetente”.

Otro producto, de recordada calidad, fue el “Jabón Coco”, producido “a base de puro aceite de coco”. La firma Piazza Hnos. e Hijos recomendaba pedirlo en farmacias y almacenes, y se “vendía” de la siguiente manera: “Es delicioso para afeitarse, para lavar la cabeza, para la toilette de las personas de cutis delicado y para el baño de criaturas”.

En cuanto al jabón para lavar, la publicidad sólo especificó “50 años”, además de confirmar que era el mejor del mercado. No hacía falta más: era el tiempo que el producto venía fabricándose en Azul. (El Imparcial, 28.VII.1927)

¡Ofertones!     –

Ya en 1927 los comerciantes azuleños se las ingeniaron para atraer clientela a sus locales. Hemos hallado numerosos ejemplos y los iremos desgranando en las distintas notas de esta serie. Por ejemplo, en Alsina 888 –actual Yrigoyen– funcionó la mueblería y colchonería “La Blanca” de Casa Padilla. Publicitó el hecho de haber recibido un amplio surtido de juegos de dormitorios, camas de bronce a precios de fábrica porque –aclaró la firma– “como no pagamos alquiler vendemos más barato que nadie”.

La casa de fotografía “La Mascota”, en Alsina 526, ofertó en 1927 que, por tan sólo 2 pesos, le entregaba al cliente tres postales en tiempo récord: 24 horas. Eso sí, la oferta era válida sólo por ese mes [julio del 27]. Como referencia, en ese momento el litro de leche costaba 0,15 pesos.

Casa “Balsamelo y Lage”, en Moreno entre San Martín y Alsina, dedicada al rubro de zapatería y otros artículos para hombres, llamó la atención de esta manera: “[La firma] no obsequia con bonos ni rifas, pero sí beneficia al cliente vendiéndole artículos de buena calidad a precios reducidos.”

“¿Quiere usted vestir bien y barato?”, fue una publicidad gráfica del sastre Constantino, cuyo local funcionó en Colón 891. Además de ofrecer “doce mensualidades de pago”, lo cual revela la presencia de “cuotas” en el Azul de 1927, el sastre tentó a sus posibles clientes de esta manera: “Llevando el corte, hago un regio traje por $ 45 o $ 40, con forro de lana. ¡Constantino no es explotador!”.

[Continúa en próxima edición]

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