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  El barrio “Los Eucaliptos”

 

El barrio “Los Eucaliptos” está al Sur y es el más grande del pueblo de General Alvear. RAFAEL TORRES/AGENCIA GENRAL ALVEAR
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El barrio “Los Eucaliptos” está al Sur y es el más grande del pueblo de General Alvear. RAFAEL TORRES/AGENCIA GENRAL ALVEAR

Por Lis Solé

Sólo la palabra “barrio” ya nos hace caer una lágrima. El barrio es nuestra raíz, la patria diminuta donde se escriben las páginas de vida de todos los vecinos que nos ayudan a vivir. Sus nombres aparecen de por ahí nomás: de sus calles, de sus casas, de los boliches, de las personas, de su paisaje… Los nombres originales parecen extraviarse en el tiempo pero están aún guardados en los memoriosos.

El barrio “Los Eucaliptos”, “leuncalito” como dice mi gente, está al Sur y es el más grande del pueblo de General Alvear. Cubre la superficie de unas 18 manzanas entre las calles Belgrano, Piñero, San Martín y Nueve de Julio (prolongación al costado de las vías).Generalmente los barrios no son fácilmente delimitables, y una cuadra más o menos no significa mucho, por eso muchos lo extienden hasta la calle Hernández, pero esa era sección chacras y casi despobladas, no eran parte del barrio.

Si bien en casi toda la zona había eucaliptos, lo más grandes eran los que formaban el boulevard que comenzaba en la avenida Belgrano sobre la calle Cayetano Rodríguez (hoy Intendente Monti). Los árboles eran gigantes: los vecinos cuentan que no podían abrazarse entre dos, y seguían en boulevard hasta la calle Piñero donde doblaba hacia la avenida San Martín. En esa esquina estaba la casa de López Colatto, el papá de Lopecito, el peluquero (ahora de la familia Labourdette). Enfrente al monte, al lado donde está el Vasco Nápole, doña Ramona Salguero y más allá el Felipe “el Pampa” Villafañe que era arriero.

Los grandes árboles que por su tamaño superan los 100 años, estaban sobre la quinta de Sabino Salcedo, entre Pellegrini y Monti, por donde los vecinos habían hecho una canchita de fútbol donde entrenaba el equipo del barrio. Sin escuela en un principio, los chicos de hace 50 años iban al Colegio de Hermanas, a la escuela Nº 1 o a Villa Belgrano cuando se abrió la Escuela 14. Entre los vecinos más antiguos está Rosa Sierra que vivía con su familia en Piñeyro y Monti, al lado los Palomeque, Isidoro Almendros en Irigoyen y Gutiérrez donde aún vive “Porota” Almendros, los Ceballos, la familia de Carlos Fossa, los Giménez, los Albano, la familia de Augusto Torres, la quinta de Pacho en la Avenida 9 de Julio, los Aranzábal y los Capra sobre la avenida Belgrano. El boliche de entrada al barrio era de Bernardi, en Belgrano e Irigoyen y en la otra esquina, San Martín y Belgrano, el “Turco” Abraham” (donde tenía la gomería el “Guelo” Albo). Al lado, la familia Colatto que siempre hacían quinta y muchos recuerdan al viejito sembrando papas con azada y pala. La familia García Vairo vivía en la manzana que da a la calle San Martín y se distinguía por las altas casuarinas, la hilera de plátanos y una gran palmera en la esquina; una de sus hijas, Elsa García, dona un lote a la Iglesia Católica y es allí donde se construye la Capilla Nuestra Señora de la Paz, Capilla de reunión de todo el Barrio Los Eucaliptos y Villa Barreiro.

Enfrente del barrio, la quinta de Villamarín. Cruzando la calle, la chacra de Casquero, que era chatero y distribuía toda la mercadería que traía el tren llevándola hasta el Correo. De lo de Casquero hasta la vía, la quinta de Rossi (hoy Cordido) era una zona que siempre se inundaba. Había tres lagunas grandes que se comunicaban cuando había muchas lluvias y llenaba las calles Vicente López y Monti. En una de esas quintas, en la quinta de Savorido de los padres de Bienvenido Vicente, donde ahora está el barrio nuevo, había una bomba de mano sobre una lomita que estuvo hasta hace poco y ahí, Bienvenido Vicente tenía su jabonería, o la “grasería” como le decían los chicos que ya están viejos o no tanto y que nunca van a olvidar sus correrías. Sueños de otras vidas compartidos, sueños de progreso y crecimiento que fueron la muerte de los grandes árboles. Quedan pocos, muy podados, pero que con su sombra evocan y remiten a tiempos añorados. Así es, no es un nombre “de puro compadritos nomás”, es desde hace más de cien años: barrio “Los Eucaliptos”.

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