EL CACHORRO

 

Por Adolfo Mirande – Especial para EL TIEMPO

Los dos ancianos encontraron al animalito camino del puerto en un atardecer de intenso frio mientras regresaban al inquilinato en el barrio de la Boca.

La pequeña criatura bien podría haber llegado en la bodega de algún buque.

-Es un cachorrito, dijo la vieja.

-Si, respondió  el anciano…-es un cachorro de los nuestros…

Con toda ternura se lo llevaron, habiéndolo arropado, masajeándolo y hablándole, mientras el cachorro les lamía las manos con agradecimiento.

La criatura creció todo lo saludable que podía esperarse de la mejor alimentación, abrigo y cariño que se le brindaban.

Para la pareja era el mejor compañero que podían esperar y fue una historia de cariño para “Rattin”, que iba desarrollándose en forma óptima.

Las pericias ya habían determinado que la sangrienta muerte de la esquina de Ibarlucea y Brandasen se había producido por las desgarraduras de enormes colmillos penetrando la garganta de la víctima.

El segundo hecho, producido a la salida de un edificio de departamentos de la calle Caminito ya había trascendido a los primeros planos de los periódicos y al igual que en el primero, fueron terribles colmillos los que produjeron el  degüello.

Y ya el tercero produjo terror en la opinión pública por la continuidad de los ataques y por el espeluznante modus operandi con que se producían los extraños asesinatos.

Algún ángel siniestro volaba por el cielo de la Boca.

Cuando los ancianos, después de muchas dudas, llevaron a “Rattin” al veterinario, el facultativo, mientras lo auscultaba sorprendido y alarmado  se tomo el tiempo para una llamada telefónica.

Estaba realmente muy asustado y lo aterrorizaban los ojos no humanos de esos viejos con sus miradas frías de pequeñas y renegridas pupilas, y lo inquietaban las orejas puntiagudas  y los afilados dientes en sus perfiles de ratón.

El animal traído para la consulta estaba rabioso y tenia una mirada torva… el profesional estaba desconcertado por lo que acababa de comprobar.

Si , se sintió aprensivo y muy asustado ante la segura reacción de los dos horribles personajes que lo observaban con sus pequeños ojillos malignos que no eran humanos…

El sabia demasiado y no iban a permitir que hablara; seguramente estaría vigilado y   ya habrían dispuesto sobre su suerte.

El animal estaba realmente caído y enfermo y el profesional, muy asustado, comenzó a dirigir palabras a los ancianos sobre mimetismo.

Es la habilidad o capacidad que tienen algunos animales para parecerse a otros animales.

El disfraz, la confusión, el engaño, la imitación son algunas de las manifestaciones que utilizan.

Pero no, dijo el medico, esto es llevar la imaginación demasiado lejos por temor a la verdad.

No, no se trata de ningún mimetismo.

Se aplaudió por su llamado telefónico tan oportuno; ya no lo hubiera podido hacer.

El veterinario enloquecido por la fobia y el pánico, los viejos con una expresión  que no tenía nada de humana, y el animal observando todo con una atención paranoica.

Justo vino a ocurrir que el medico padecía de un persistente terror y de una profunda repulsión a las ratas…

Y su musofobia (1) exacerbada lo llevó a sospechar muy seriamente sobre la naturaleza genética  de los dos viejos con rasgos de roedores, que habían traído a la criatura…

No es un cachorro, dijo pálido y temblando, ¡es una rata mutante! y seguirá creciendo.

En ese momento el agresivo animal trato de saltar con una furia inusitada y el inspector Labruna, que acababa de llegar, ordenó con urgencia arrojar las redes sobre la enorme rata, y algunos agentes detuvieron a los viejos, que pertenecían a una secta satánica.

Los ancianos que en verdad tenían ojos pequeños, astutos y muy crueles, habían arriesgado sospechosamente todo por su pervertido amor a la mutante rabiosa. ¿Por qué?.

Y eran peligrosos instigadores de una sangrienta matanza.

¡En la calle!, tres degollados, lo último que vieron en su vida, fueron las pupilas de una rata asesina.

(1) musofobia: fobia a las ratas.

¡Deja un Comentario!

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *