CRUZADA SOLIDARIA

El campo ya logró ocho millones de platos de comida

La fundación Movilizarse impulsa “La Chocleada”, “La Naranjada” y “La Papa Solidaria” para ayudar a comedores.

Ocho millones de platos de comida lleva "recolectados" en 12 años la fundación Movilizarse, a través de los programas "La Chocleada", "La Naranjada" y "La Papa Solidaria".
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Ocho millones de platos de comida lleva "recolectados" en 12 años la fundación Movilizarse, a través de los programas "La Chocleada", "La Naranjada" y "La Papa Solidaria".

Ocho millones de platos de comida lleva “recolectados” en 12 años la fundación Movilizarse, impulsora de los programas “La Chocleada”, “La Naranjada” y “La Papa Solidaria” en los que alumnos secundarios participan de la recolección a mano de los alimentos en hectáreas donadas por productores.

No se trata solo de reunir los alimentos, sino que hay un trabajo de formación en valores y, mediante la donación de recursos de empresas participantes, aportan recursos económicos para las organizaciones sociales de sus comunidades.

Desde la fundación, Sebastián Deym contó a LA NACIÓN que el proyecto surgió en medio de la crisis de fines del 2001 y comienzos del 2002, cuando vio en televisión una entrevista a Mónica Carranza, del comedor “Los Carasucias”, contar que quienes colaboraban con comida “se estaban cayendo y ella necesitaba seguir dando de comer a 2500 chicos”.

Pensó que podía donar una hectárea de maíz de su campo en Alejandro Roca (Córdoba) y que podrían sumarse otros productores. El desafío era llevarlos a Buenos Aires al comedor. Una hectárea significa entre 60.000 y 80.000 choclos que “podían ayudar a alimentar”.

“Empezamos a comentar la idea, algunos se sumaron y en 2005 hicimos la primera ‘chocleada’ -relata-. Nos fue muy mal a nivel de convocatoria, también porque hubo sequía y bajo rendimiento y ese día fue un diluvio. Todo mal, pero aprendimos de los errores y en 2006 hicimos la segunda que fue un éxito”.

Patricio Boero, dueño de un molino harinero en Córdoba, se sumó a la organización, propuso un manual de procedimiento y empezó el contagio entre localidades. La ciudad de San Francisco fue la primera en replicar la recolección voluntaria de choclos para donar a comedores.

De la recolección participan los alumnos de la escuela secundaria más cercana al campo del productor que hace la donación. “Les decimos que es dedicarle el tiempo de dos partidos de fútbol a ese trabajo y se suman de inmediato. Les contamos el por qué de la iniciativa”, dijo.

El proyecto es apoyado por empresas que “creen en el voluntariado de los chicos” -Cargill, Carlos Boero Romano, Adama, ICBC, Lartirigoyen, Cofco Agri, Bolsa de Cereales, Carrefour y Galicia- y que aportan fondos para que los alumnos los donen a una ONG local.

Para detectar a quién entregar el dinero, los chicos deben hacer un reconocimiento de territorio, informarse sobre el accionar de las entidades y elegir a quién apoyar. “Los cosechadores no son dueños del dinero sino de su destino”, detalla Deym y enfatiza que hay un “fuerte trabajo en valores como esfuerzo, altruismo, empatía y generosidad”.

El modelo se replica en la recolección de naranjas y papas en distintos puntos de la Argentina y Uruguay. Hasta el año pasado se realizaron 236 cosechas con 39.380 voluntarios (este año hubo 35 cosechas más). Cuatro mil ONGs recibieron ayuda por más de 5 millones de pesos.

Movilizarse trabaja con la Red Argentina de Banco de Alimentos, que es la que distribuye los alimentos, con Cáritas y con Conin. “Todo es transparente, las entidades aliadas nos aseguran la trazabilidad y nos devuelven un reporte detallado”, describió Deym.

Con el tiempo, a medida que el proceso se fue aceitando, también se determinó que en algunos lugares donde se cosecha también hay necesidad de alimentos, entonces una parte de lo recolectado se queda. Además, se sumó otra acción, que pasa por “chocleadas” de maíz seco. Lo cosechado se comercializa y con ese dinero se compran alimentos no perecederos que también son entregados a comedores asistenciales de todo el país.

“Los productores se comprometen, ponen la hectárea, la cosechadora, lo que haga falta -indicó Deym-. Les interesa y se entusiasman con que los chicos de su comunidad vayan al campo; el proyecto es un puente del campo a la ciudad”.

Los impulsores de la iniciativa admiten que conseguir alimentos “es un objetivo más de los buscados; la idea original fue mutando de cómo llegar a un comedor a incluir formación en valores, incentivar que los mismos chicos tengan proyectos, que sean apoyados por docentes y padres”.

Fuente: La Nación Campo

 

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