ENTREVISTA CON MAURICIO SCOLTORE

El cura que se va, sin querer irse

El Padre Mauricio Scoltore celebrando su enésima misa en la parroquia de San Antonio. Minutos antes, en declaraciones a EL TIEMPO El último “lío” de Mauricio Scoltore, algunos días después de saber de su traslado a Bolívar. Acompañó al Intendente y algunos funcionarios en la inauguración de la temporada estival del balneario. Con el monaguillo como testigo, el cura párroco se prepara para dar la enésima misa de la hora 19 en San Antonio.
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El último “lío” de Mauricio Scoltore, algunos días después de saber de su traslado a Bolívar. Acompañó al Intendente y algunos funcionarios en la inauguración de la temporada estival del balneario.

El 14 de diciembre el sacerdote de San Antonio recibió la noticia: el 9 de febrero tendría que hacerse cargo de la parroquia de la ciudad de Bolívar. Al filo de la medianoche, “Pollo” escuchó que por decisión del Obispo Hugo Salaverri, debería dejar Azul en el marco de movimientos que involucraron a otros nueve curas. –

Escribe: Augusto Meyer De la redacción de EL TIEMPO

La agenda de Mauricio Scoltore, cura párroco de San Antonio, está más apretada que nunca. El sacerdote no para de recibir invitaciones de quienes quieren, almuerzo o cena mediante, brindarle un caluroso saludo de despedida; un “muchas gracias y hasta siempre”. También ha crecido su tradicional “popularidad” en la calle, donde muchos azuleños –sean o no feligreses- se detienen para darle un apretón de manos y, por qué no, dejan caer una lágrima por la sorpresiva partida. El anuncio de la publicación de esta misma nota, en el perfil de Facebook de este diario, se inundó rápidamente de comentarios y mensajes de apoyo al querido “Pollo”. No es para menos. El próximo 9 de febrero, el cura deberá estar haciéndose cargo de la Parroquia de la ciudad de Bolívar. El día previo, Scoltore estará dejando Azul; sus obras concretas y un puñado de sueños pendientes, en el marco de una decisión tomada por el Obispo Diocesano, Monseñor Hugo Manuel Salaverri.

En una entrevista con EL TIEMPO realizada el viernes en la casa parroquial de San Antonio, en un alto de los preparativos que lleva a cabo de cara a la futura mudanza y previo a la tradicional misa de la hora 19, el sacerdote expresó que la decisión de su traslado está dentro de lo previsto y que, de hecho, estos movimientos involucra a un total de diez curas.

 

Dos cenas en una misma noche

Mauricio Scoltore no da abasto con los agasajos de despedida que representantes de distintas instituciones le quieren hacer. Son tantas las invitaciones que hasta se equivocó al tomar un doble compromiso en una misma noche.

“La semana pasada hice macanas: tuve dos cenas. Comí en las dos igual, pero no pude estar todo el tiempo con la gente, que es muy cariñosa y al cura lo quiere”, dijo el sacerdote, quien anunció que desistió de la posibilidad de tomar una semana de vacaciones en Mar del Plata, aprovechando que un amigo le prestaba un departamento.

“Me llevo mucho de Azul. La gente de Azul me emociona. Me recibió con cariño desde el comienzo pero ahora voy caminando por la calle, la gente detiene el auto, se baja y me saluda para agradecerme lo que hice por Azul. Creo que no fue tanto pero la gente es cariñosa y agradecida. Doy misa los domingos en cinco horarios para tratar de captar más fieles en la parroquia, pero también he tenido la gratitud de captar la atención de gente que no asiste a la iglesia o que participa de otras expresiones religiosas, y que nos reconoce lo hecho”, agregó.

 

El derrotero pastoral

Tras su paso de ocho años por Tandil y casi 15 años en Azul, Scoltore recalará en Bolívar, donde “todos los problemas y todas las soluciones son mías”. Allí se hará cargo de la única parroquia, la cual forma parte de la Diócesis con sede en Azul. Su apellido no es desconocido en aquella ciudad, ya que su hermano es un hombre de confianza del empresario bolivarense Marcelo Hugo Tinelli.

El cura tendrá domicilio en la casa parroquial que, en Bolívar, está frente a la plaza y al Centro Cívico -de dos manzanas de extensión-, donde se efectúan las fiestas populares. Tendrá dos colegios religiosos donde poder plasmar su labor sacerdotal y sus amplias aptitudes como conciliador y forjador de grupos de trabajo, de la misma manera que en Azul obtuvo éxitos en el Instituto San Francisco de Asís, el Colegio Sagrado Familia y las gestiones para avanzar con la reconstrucción de la sede de la Escuela N° 17 “Bartolomé Mitre”.

Además se encontrará allí con dos sacerdotes reconocidos, entre ellos el Padre Abel Urrutia.

Por la fecha en que deberá concretar el traslado, Scoltore estará viviendo la época de carnavales en ambos distritos, pero no descartó participar de los corsos en Azul, justamente en una edición a la cual la gestión de Hernán Bertellys pretende darle un salto de calidad importante.

“Ya no haré más lío por Azul”, sostuvo Scoltore, haciendo un paralelismo con la recordada frase que pronunció el Santo Padre (Papa Francisco).

El cura sabe que no deja “una ciudad más” de su destino pastoral. De ahí que muchos no alcancen a comprender la razonabilidad del traslado a Bolívar.

“Azul es una ciudad con muchas posibilidades que, de a poco, se va como despertando y va haciendo valer muchas de las riquezas que tiene. Tiene una gran riqueza cultural marcada por ser Ciudad Cervantina; tiene la gran riqueza que representa el Teatro Español; la belleza de la Catedral; la obra del arquitecto Salamone y tantas cosas más. Tiene una belleza natural marcada por el parque, el arroyo, el balneario y la Boca de la Sierras que también creo que hay que potenciar. Tiene mucha gente con ganas y con proyectos. Hay empresarios que tienen ganas de apostar por la ciudad y más de uno en este tiempo me ha dicho ‘che, vos que estás con el intendente, me tenés que conseguir una entrevista porque yo quiero apostar por la ciudad”, indicó.

 

“Me rinde más trabajar contrarreloj”

Marcelo Scoltore hizo un alto en uno de los preparativos que tiene de cara a su mudanza a Bolívar. En 25 días tiene que estar instalado allí para asumir los compromisos como máximo referente católico en ese distrito. En la sala de estar de la Casa Parroquial, accedió a dialogar con EL TIEMPO.

-¿Últimos preparativos pero con muchos saludos que dan cuenta que su partida será una gran pérdida para Azul?

-Estamos sacando los proyectos que estaban pensados y soñados. Yo trabajo siempre así, a contrarreloj; me rinde más así. Si tengo tiempo, por ahí demoro las cosas. Cuando el tiempo tiene vencimiento, me apuro. Me pusieron fecha de vencimiento porque el 9 de febrero, si Dios quiere, tengo que hacerme cargo de la parroquia de Bolívar. Un día antes de llegar a Bolívar me voy a despedir de Azul, no como despedida sino como un dar gracias a Dios por todo lo vivido, que la gente pueda encontrarse y rezar por lo que vivimos y por lo que viene. La idea es ese mismo día, que es 8 de febrero, entronizar una imagen del Sagrado Corazón que hace más de 80 años estaba “plantada” en el patio del jardín de Sagrada Familia. Como ha crecido el colegio, creció también la edificación y quedó como muy ahogada la imagen ahí. Es un Cristo cuya imagen tiene 2,70 metros más el pie de bloque, va a quedar como de cinco metros de altura mirando hacia el patio más amplio del colegio, como para que presida la celebración litúrgica, acompañe a los chicos que juegan en el patio y se pueda rezar. Es una imagen bonita y antigua que se colocó cuando el Hogar de Niños San Antonio de Asís cumplió 25 años.

-¿Cómo se da esto de su traslado a Bolívar? ¿Es algo que usted lo tenía como posibilidad?

-El Obispo, hace unos meses atrás, me preguntó qué disponibilidad tenía; nosotros sabemos que la vida del cura es así: vamos de pueblo en pueblo y nuestra libertad está en manos del Obispo. Somos colaboradores del Obispo; él es el que tiene la mirada en conjunto de toda la Diócesis. La Diócesis tiene 42 parroquias; los curas no llegamos a 40 y, con los pocos ‘bueyes’ que hay, tiene que armar toda la Diócesis. Este año quería hacer algunos movimientos; de hecho, creo que somos diez los curas que cambiamos de destino. Esto empezó de a poquito; no es que mandó un día un decreto y nos enteramos cada uno dónde íbamos sino que primero charló con cada uno acerca de la disponibilidad; la disponibilidad la da por descontada. De todas maneras me preguntó y yo le dije, como dice una santa carmelita, la Madre Maravilla, que cuando Dios le pedía algo era ‘cuando quieras, cómo quieras, dónde quieras’. Eso mismo le dije al Obispo pero así y todo yo creía que, por el proyecto de estudio que comencé el año pasado y algunas cosas que quedaban pendientes por acá, era simplemente ofrecer la disponibilidad pero que no me iba a cambiar. El 9 de diciembre, cuando nos encontramos en Tapalqué, para los 50 años de cura del Padre Ormazábal, ahí me dijo ‘ya tengo lo tuyo’ y yo sinceramente me asusté, tanto que le dije ‘no, pero ahora no me diga nada; la semana que viene tengo que dar unos exámenes en Buenos Aires y, después de eso, charlamos del destino’. Ahí ya sabía que tenía que armar las valijas. El 14 de diciembre terminé el examen en Buenos Aires a las 5 de la tarde, y 12 menos cuartos de la noche estaba en el obispado buscando el destino pastoral.

“Con estos cambios yo creo que Azul va a estar beneficiado. Viene el Padre Rafael a la Catedral, quien, por todo el tema de la renovación carismática, es seguido por mucha gente. El Padre Oscar, que es un curita nuevo que ya tiene más de un año de experiencia y que ahora, cambia el párroco pero sigue trabajando ahí. El Padre Juan Alberto, que tiende los fines de semana en Sierras Bayas pero que de lunes a viernes trabaja en Azul. El Padre Enrique que está en Del Carmen y el Padre Pancho que es quien me sucede en San Antonio y la comunidad sacerdotal que se va a armar con el Padre Kelly como párroco y el Padre Ormazábal que atiende las comunidades carcelarias pero que además no tiene problemas de agarrar la bicicleta y salir por los barrios. Eso va a ayudar mucho sobre todo a la zona de Lourdes, que el último tiempo estuvo un poco desprotegida. También están las monjitas de Lourdes, que tienen un compromiso social y evangelizador muy importante. La iglesia de Azul tiene todo para seguir creciendo y madurando, y ajustando muchas cosas. Si me preguntás si queda alguien que tome la posta que dejo y me pueda suceder, yo digo que soy único e irrepetible (risas). Quédense tranquilos que, ‘payaso’ como yo, no se volverá a repetir”, agregó.

 

Un paso que deja huella  

-¿Cuántos años en Azul?

-Iba a cumplir el 21 de febrero seis años de estar en la parroquia, más nueve de haber estado en el Obispado como canciller, que implica hacer algo de archivo y secretaría y actividad notarial en la certificación de firmas y demás documentación interna. Son casi quince años en la ciudad. En los nueve años en el Obispado también acompañé a los sacerdotes ancianos cuando estaban enfermos, haciendo medio de enfermero y otro poco de acompañante. Eso fue algo muy lindo, como un devolverle a los ancianos todo lo que de ellos habíamos recibido, ya que entre ellos estaban los que fueron profesores en el Seminario de la mayoría de los curas actuales. Además en ese tiempo que estuve en el Obispado tuve la responsabilidad de reemplazar a curas de otras ciudades que tenían que salir de vacaciones o necesitaban descanso por enfermedad o viaje. Eso me permitió conocer todas las parroquias de la Diócesis y dar una mano a todos los sacerdotes.

-¿Es como que se encantó con Azul?

-Llegué a Azul primero contento con el oficio. Tenía 34 años y para mí era todo un desafío venir al Obispado para cumplir esa tarea que durante 12 años la había llevado adelante el Padre Mansorido y durante 25 años el Padre Gardey. Me quedaba grande el oficio. No dimensioné lo que era y por ahí me agrandé demasiado cuando comencé; después me di cuenta que tenía que juntar las velas más de a poquito. De a poco fui metiéndome en las cosas de la ciudad, sobre todo desde que llegó el Obispo Hugo, quien me permitió comenzar a trabajar en San Francisco como representante legal del colegio. En esa época, hacia fines de 2006, estaba con muchas dificultades el colegio y se hablaba de cerrarlo. Había docentes que no cobraban sus sueldos, cursos que no tenían la subvensión del Estado; el edificio tenía una calefacción muy precaria y la cocina estaba muy abandonada. En 2007, cuando la escuela cumplió veinte años, presentamos la cocina-comedor nueva, renovamos la calefacción que era con pantallas y garrafas y logramos tener gas natural y calefacción de tiro balanceado, cosas que una escuela merece tener. Fuimos consolidando los equipos directivos, logrando subvensión para todos los cursos, mejorando que la parte administrativa tuviera el apoyo de Sagrada Familia. Eso es lo más encaminado que dejo después de diez años de trabajo.

-San Francisco, un barrio con conflictividad social donde, lamentablemente, hubo muertes.

-Yo ahí tengo el orgullo de decir que uno de los pibes del barrio que había tenido un episodio difícil, a partir de que lo fui a visitar muchas veces a su casa una vez me dijo: ‘mire Padre, si usted viene a mi casa, en el barrio nunca le va a pasar nada’. Si alguna vez tuve temor de algo es porque no entendí un mensaje o me pasaron mal un mensaje; siempre me sentí querido, respetado y cuidado en el barrio y es una de las alegrías más grandes que tengo en el corazón. Y he ido en todos los horarios posible. Ahora hace rato que no se escucha que no pueden ir los bomberos, la ambulancia o los remises.

-Por su misión sacerdotal, pudo ir conociendo las realidades y necesidades de distintos barrios.

-Sobre todo San Antonio y Villa Piazza Norte, donde cuando llegué se inauguraba el Centro Catequístico Santa Teresita, en Industria y Salta. Eso fue creciendo con el trabajo de un buen grupo de gente. Comenzó como cuatro aulas para enseñar catequesis y, al final, se fundó una filial de Cáritas; funcionan sede de terminalidad de primario y secundario; hay distintos cursos y talleres y se ha armado una hermosa comunidad. Hay papás de Catequesis de Sagrada Familia que se han comprometido a trabajar allá, lo mismo que otra gente de la parroquia.

 

Un cura poco “amigo” del protocolo

-En su estadía en Azul se ha podido mostrar tal cual es, logrando un acercamiento diferente a la comunidad. ¿También saliéndose del protocolo?

-Medio payasesco me digo a mí mismo. En realidad es un modo de ser en el que me fui descubriendo y conociéndome con el paso del tiempo. Arranqué de chico contando cuentos desde el Seminario nos íbamos de campamento con los scouts de Saladillo, pero una vez en Tandil teníamos que vender unos choripanes para juntar fondos para una capilla y no sabíamos cómo entretener a la gente mientras comía los choripanes. No conseguíamos ningún número artístico y a mí se me ocurrió decir ‘yo tengo un amigo, el gaucho alambre, que va a venir’; así arranqué: como ‘el gaucho alambre’, contando cuentos. El Padre Raúl Troncoso casi se infarta el día que me vio vestido de gaucho y contando cuentos.

“Con el equipo de La Fiesta de la Vaca fue parecido. Una vez conseguimos que un amigo de Tandil nos armara en el patio de San Francisco una carpa para que comieran 200 personas una tallarinada a beneficio del colegio. Ahí se presentó esta gente (por Hernán Bertellys y Juan Diorio), a quienes yo no conocía, para decirnos que ellos me iban a ayudar para animar la fiesta. Con música y cuentos nos ayudaron a que saliera mucho más linda la tallarinada. Cuando empezó la Fiesta de la Vaca me arrimé porque siempre fui medio ‘cholulo’ y me gustaba estar en el escenario para ver a algún artista de cerca; me daban espacio en el escenario para rezar y bendecir, y me daban el micrófono para contar algún cuento. Me di cuenta que estaba bueno esto de hacer humor sin decir barbaridades ni malas palabras. Los gauchos peregrinos habían acercado la imagen de la Virgen de Luján que acompañó las noches de la Fiesta de la Vaca y, antes de la actuación de Soledad, despedimos a la Virgen y recuerdo haber tenido ahí a miles de personas y yo dando una bendición y rezando un Ave María. Es impagable que el cura tenga ese espacio; yo iba a ‘payasear’ pero, además, aprovechaba para tener presencia sacerdotal”, explicó.

“Otra de las cosas grandes donde tuve la oportunidad de participar fue la restauración de la Escuela 17; simplemente aproveché un contacto que tenía mi hermano en Infraestructura Escolar de la provincia de Buenos Aires y ahí comenzamos a caminar juntos; se armó un equipo de trabajo muy lindo con gente del Consejo Escolar, el entonces intendente Inza que hizo un aporte muy importante –creo que, sin eso, se hubiera demorado mucho tiempo más la inauguración de la obra- y la provincia que, limitadamente, fue respondiendo. Me acuerdo que el planteo que le hice al director de Infraestructura Escolar después de dos empresas que fracasaron y estafaron fue que por qué no le mandaba toda la plata a la cooperadora y yo me comprometía a estar cerca; que se iba a hacer la obra y, con el sobrante de dinero, hacíamos un asado para la inauguración. Ganó la licitación una empresa local y la escuela se terminó. Al margen del producto final, que es la escuela inaugurada, todo el tiempo de trabajo fue muy rico de discusiones, peleas pero también de compartir y de celebrar y hacer amigos. Habíamos institucionalizado una reunión semanal en el Concejo Escolar los días viernes, el cura iba con las facturas, estaba el mate y así salió algo que venía esperándose desde hace muchos años”, agregó.

-¿Toda esta forma de ser le valió algún reto o sugerencia?

-No. Lo único, sobre todo al final, con la libertad de los que se van, he dicho más barbaridades de las que decía habitualmente, pero yo siempre he tenido el apoyo y acompañamiento del Obispo. Yo represento a una institución que es la Iglesia; soy cura de la iglesia y mi presencia es la iglesia trabajando y moviéndose en esos lugares. Es cierto que no todos los curas tienen el mismo carisma o la misma dedicación pero es la presencia de la iglesia, el Obispo lo valora así y me ha acompañado y apoyado siempre.

-Cuando se tiró al agua junto con el intendente en el balneario ¿ya sabía que se iba?

-Sí. Algunos dicen que me cambiaron porque me tiré en el balneario. Si me hubiera quedado en Azul, no me tiraba en el balneario. Soy medio pudoroso para eso. No me pongo malla ni en la quinta de una familia, pero ahí tenía la libertad de los que se van. No es un show sino que es un modo distinto de gestionar (el de Hernán Bertellys y su equipo) y acompañar eso me parecía importante. De hecho, he acompañado a los tres intendentes con los que me tocó estar en estos quince años. Hicimos proyectos junto con Omar Duclós, José Inza y ahora con Hernán. A José lo defendí y aún rescato las cosas buenas que hizo porque las instituciones de la democracia hay que defenderlas y cuidarlas, y el Intendente es una institución de la democracia. En nuestro país costó mucha sangre recuperar la democracia. Cuidar una institución como es el Intendente, el Concejo Deliberante o el Consejo Escolar es cuidar la democracia y eso el cura del pueblo lo tiene que hacer.

 

La hará una sugerencia al Intendente

-Se va pero ¿con el deseo o el sueño de volver?

-Uno, cuando pasa por un lugar, tiene amistades, lazos, proyectos y sueños a cumplir. Cuando me fui de Tandil, hace quince años, me dije ‘tranquilo que los curas somos como los circos y vamos pegando la vuelta’, y hoy en día no puedo conseguir ni tres horas como para ir a Tandil. El peluquero, un amigo de Tandil, me corta el pelo desde 1997 y nunca lo quise cambiar. Ahora voy a estar a 250 kilómetros y va ser más complicado…

“Desde Bolívar prometo volver. Es cierto que a Azul hay más motivos para volver. Está la sede diocesana, la casa del Obispo y el Seminario, que es el corazón de la Diócesis. En lo laboral, si el Obispo llega a decir a futuro que me necesita acá, volveremos”, amplió.

-Se recuerda mucho aquella intervención en el conflicto con los empleados municipales del cementerio, cuando hubo varios días sin inhumaciones.

-Sí. Esa fue una de las cosas que no pude solucionar totalmente. Mejoró un poco pero seguimos sin inhumación cuando hay feriados largos o los domingos a la mañana. Me llena el corazón acompañar a la familia cuando muere un ser querido; he visto a papás que despiden a un hijo joven que ha muerto y que tienen que irse a la casa y esperar tres días para volver a la inhumación. Eso recrudece el dolor. Es algo que el intendente y su equipo de trabajo tiene que revisar, sin recargar a nadie pero tal vez pagando alguna hora extra para que el domingo o el feriado a la mañana hagan inhumaciones para atender uno de los dolores más grandes que pueda tener una persona, que es la pérdida de un ser querido. Se lo voy a recordar al Intendente antes de irme.

 

“UN TRASLADO APRESURADO”

 

La publicación de un anticipo de la presente nota suscitó espontáneas y múltiples reacciones en el perfil de Facebook de este diario. Transcribimos textualmente algunas de ellas.

Rosa Zattone: Un excelente enviado de Dios, siempre acompañando a los que más necesitan. Esperamos que se lleve lindos recuerdos de nuestra ciudad y que nos visite para volver a escuchar esos cuentos que nos relataba. Cuando estábamos en el acampe del frigorífico, él estuvo con nosotros.

Miriam Godoy: Lo vamos a extrañar!! Su forma de dar la misa; ese humor que tiene y siempre presente cuando se lo convocaba!!! Gracias Padre!!! Querido Padre (pollo).

Susana Tumminaro: Hay cosas que no logro entender. ¿Hará más falta en Bolívar que acá en Azul? Tal vez alguna autoridad eclesiástica lo pueda explicar, ¿no? Un grande el Padre Mauricio!!!

Lucía Arias: Es una lástima que no se pueda hacer algo para que el Padre se quede en la ciudad. ¿Ninguna autoridad puede hablar sabiendo que todos lo queremos acá?

Alejandra Rodrigo: Que lástima que se tenga que ir cuando encontramos a alguien que nos incentiva a ir a la Iglesia por cómo nos trata. Espero que cada tanto pueda venir. Las misas no serán lo mismo. Gracias Padre por todo.

Silvia Risso Patrón: Qué lástima ¿Por qué se va? ¿No se pudo hacer nada? Excelente persona; él le dio la primera comunión a mi hijo y esperaba que él lo fuera para el segundo. Una verdadera pena!

Beto de Azul: Una gran pena. Para la sociedad es muy importante, como lo era en su pasar nuestro querido Juan. Un traslado apresurado desde mi punto de vista.

Caro Sheldon: Nos están vaciando el pueblo!!! Otra persona bellísima que nos “quitan”. Aún duele cuando marchó el padre Guillermo…bendiciones!!

Marta Garciarena: Mauricio, gran sacerdote! PARA IMITAR!!! Unos años más en Azul!!!

María Espínola: Gracias por todo padre Mauricio; lo vamos a extrañar en la parroquia y el colegio.

Susana Domínguez: En Bolívar trasladaron al padre Miguel a Tapalqué y Padre Lisandro a Rauch. También estamos muy tristes.

Matilde Riccobene: Padre. Mauricio. Pollo. Gaucho alambre. Nos diste una caricia al alma dichosos tus nuevos feligreses; hasta siempre!!!

Viviana Olazabal: Qué lástima! Me casaste, bautizaste a mi hija, de tu mano me reconcilié con la iglesia. Se te va a extrañar!

 

PADRE MAURICIO

Gracias por brindarnos su amistad y consejos a mi familia. Por venir a mi hogar como un amigo más.

Querido Padre Mauricio, lo vamos a extrañar por su simplicidad y su acompañamiento sin mirar a quién. En cada lugar de Azul, usted estuvo ayudando sin pedir nada a cambio; es el verdadero sacerdote de pueblo, el hijo que cada madre quiere tener. Que la Virgen María lo acompañe en esta nueva misión, y que Dios con su infinito amor nos conceda el entendimiento que necesitamos para aceptar decisiones que nos provocan mucha tristeza. Querido Padre Mauricio; somos una de las tantas familias de Azul que lo vamos a extrañar y que lo quiere como usted se lo merece.

 N.V.

DNI: 6.516.186

 

 

 

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