PARA REFLEXIONAR…

El “Día de los Trabajadores”

 

“Manifestación” una de las obras más reconocidas del célebre pintor argentino Antonio Berni.
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“Manifestación” una de las obras más reconocidas del célebre pintor argentino Antonio Berni.

Por Eduardo Agüero Mielhuerry

 

En nuestro país la primera vez que se celebró el “Día de los Trabajadores” fue el 1 de mayo de 1890. Paradójicamente a lo que hoy podríamos suponer, el encuentro de las masas de trabajadores -que congregó a unas dos mil personas-, se concretó en la sede del Prado Español, ubicado en pleno corazón del barrio porteño de la Recoleta.

Pasaron varios años para que los obreros se volvieran a reunir para una conmemoración semejante. Recién entrado el siglo XX, las celebraciones se reanudaron cuando cada fracción del movimiento de trabajadores organizó actos en forma independiente.

Hacia 1909, en la porteña Plaza Lorea, al celebrarse un nuevo aniversario de los trabajadores, se sucedieron hechos de violencia frente al ataque de la policía contra la concentración de la anarquista F.O.R.A. (Federación Obrera Regional Argentina). Fueron catorce las víctimas fatales y más de ochenta los heridos durante la durísima represión comandada por el coronel Ramón Lorenzo Falcón, por entonces jefe de la Policía de la Capital.

El lunes 3 de mayo, los trabajadores concretaron una huelga general. Anarquistas y socialistas, durante ocho días (que posteriormente la historia recordaría como la “Semana Roja”), detuvieron por completo la vida industrial y comercial de Buenos Aires en una de las actitudes más enérgicas y duraderas que registra el movimiento obrero argentino.

Finalmente, los conflictos culminaron con el asesinato de Falcón a manos del anarquista Simón Radowitzky y la expulsión del país de militantes obreros extranjeros.

A pesar de todos los inconvenientes, la fecha obrera se fue afirmando paulatinamente hasta que, el 28 de abril de 1930, el presidente Hipólito Yrigoyen decidió instituir el 1° de Mayo como “Fiesta del Trabajo en todo el territorio de la Nación”, porque -según los considerandos del decreto- la fecha se había constituido en un emblema universal de la lucha obrera.

Tras el derrocamiento de Yrigoyen (acaecido el 6 de septiembre de 1930), grupos socialistas hicieron múltiples e insistentes gestiones para lograr que el presidente de facto general José Félix Uriburu permitiera los actos del 1 de mayo de 1931. Las concentraciones fueron numerosas y afortunadamente no se registraron episodios de violencia.

En los festejos del 1° de Mayo de 1944, durante el gobierno de facto del general Edelmiro Farrel, un sector comunista se enfrentó con la policía en Plaza Once, registrándose un gran número de heridos. Al año siguiente, esa celebración coincidió con los últimos días de la Segunda Guerra Mundial, lo que motivó una severa vigilancia por parte del Ejército para evitar que se realizaran manifestaciones en favor de los países aliados.

Los años ’40 trajeron un sinfín de cambios estructurales, dando un vuelco hacia una nueva concepción socioeconómica que devino en la elección del coronel Juan Domingo Perón como presidente de la República Argentina. Las reformas suscitadas fueron sumamente profundas, despertando tantas pasiones como odios exacerbados. El Presidente supo capitalizar con velocidad y astucia aquella celebración de los trabajadores, sin embargo, supo también dividir las aguas. Por entonces, los socialistas y comunistas, entre otros, que conformaban “la oposición”, debían recordar y celebrar la fecha en días anteriores y en actos que sólo eran permitidos en las afueras de la ciudad, reservando el centro porteño (y de otras localidades) para “la masa peronista”.

El “Día de los Trabajadores” fue convertido, indiscutiblemente, en una celebración del Peronismo. Empero, por entonces la situación comenzó a complejizarse día a día… Tras la irrupción en el poder de la autoproclamada “Revolución Libertadora” y el consecuente derrocamiento del general Perón, los opositores recobraron el derecho de hacer “propio” el “Día del Trabajador”. En 1956 el Partido Socialista realizó una gran manifestación concentrándose en la destruida Casa Rosada, la cual había sido bombardeada para intentar asesinar a Perón.

Tiempo después, durante los mandatos de los presidentes constitucionales Arturo Frondizi y Arturo Illia, aunque con congregaciones dispares, los actos se desarrollaron sin mayores incidentes.

La dictadura autodenominada “Revolución argentina”, encabezada por el general Juan Carlos Onganía, prohibió la conmemoración del 1° de Mayo con actos públicos.

El 1 de mayo de 1974, durante su tercera presidencia, otro Perón, ya no aquel del ’55 sabedor de su inminente caída sino un Perón consciente de su muerte cercana, pronunció otra dura declaración. Fue contra Montoneros, que le disputaban en vida la herencia de su movimiento. Desencajado por los insultos que le llegaban desde la Plaza de Mayo, dirigidos a su mujer María Estela Martínez, lanzó un duro mensaje dirigido a sus otrora “formaciones especiales”: “No me equivoqué (…) en la calidad de la organización sindical, que se mantuvo a través de 20 años, pese a estos estúpidos que gritan (…). Hoy resulta que algunos imberbes pretenden tener más méritos que los que lucharon 20 años.”. Ya nada volvería a ser igual…

El destructivo y nefasto “Proceso de Reorganización Nacional” no hizo más que abrir una enorme brecha en la sociedad argentina y no sólo se enfrentó a todo lo “subversivo”, sino que hasta destrozó todo aquello que tuviese siquiera “apariencia” de Peronismo.

Con el retorno de la democracia de la mano de Raúl Alfonsín, el 1° de Mayo volvió a constituirse en una “excusa” para poner sobre el tapete las complejas relaciones laborales que muchas veces desgranan a la Argentina en conflictos profundos y extensos. Y aunque actualmente la fecha se constituye en una verdadera fiesta de todos los trabajadores, durante los más de treinta años ininterrumpidos que llevamos de democracia, en cada celebración subyace un permanente reclamo por más y  mejor empleo…

 

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