EL TEMA DEL DÍA: EL EXCESO HÍDRICO EN EL DISTRITO - CUANDO EL CLIMA GOLPEA

El durante y el después de los anegamientos en un campo

De izquierda a derecha Martín, Verónica, Josefina, Micaela y Kevin. La familia Sánchez/Bravo recibió a EL TIEMPO para dar cuenta de cómo se viven los días con los campos y caminos anegados por las lluvias.Disfrutando del sol, la familia que trabaja en el establecimiento rural La Solita, recibió ayer a los cronistas de EL TIEMPO.Martín Sánchez aprendió a elaborar quesos con leche de vaca que él mismo ordeña en el campo de la familia Louge, donde trabaja como empleado.El camino de acceso a La Solita volvió a estar “transitable” luego de las fuertes lluvias que se registraron el pasado fin de semana.
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De izquierda a derecha Martín, Verónica, Josefina, Micaela y Kevin. La familia Sánchez/Bravo recibió a EL TIEMPO para dar cuenta de cómo se viven los días con los campos y caminos anegados por las lluvias.

Por Augusto Meyer

ameyer@diarioeltiempo.com.ar

EL TIEMPO visitó ayer en el establecimiento La Solita a la familia integrada por Martín Sánchez y Verónica Bravo; sus hijas Micaela y Josefina, y el nieto de seis meses llamado Kevin. Las limitaciones que establecen las adversas condiciones meteorológicas a sólo 3 kilómetros del cruce de la Ruta 3 y Avenida Mujica. –

La familia que integran el santiagueño Martín Sánchez y la tandilense Verónica Bravo; sus hijas Micaela y Josefina, de 17 y 11 años, respectivamente; y el nieto del matrimonio, Kevin, de 6 meses, saben lo que implica depender del clima y del escurrimiento del agua para entrar o salir del campo donde la pareja reside desde hace doce años. Esta típica historia rural se escribe en el establecimiento La Solita, propiedad de Hilda Louge, situado a unos 3 kilómetros al Este del cruce de Avenida Mujica y la Ruta Nacional N° 3.

Desde allí, con recurrente frecuencia el padre debe llevar a sus hijas hasta la carretera nacional, que es por donde las recoge el transporte escolar a las 7.15 de la mañana para ir a clases: la joven en la Escuela Media N° 5, donde cursa el secundario, y la menor a la Escuela N° 26 que está en el Camino Viejo a Tandil y a la que asisten, en total, casi 40 alumnos.

Cuando se producen lluvias torrenciales o extendidas con el paso de los días, Sánchez tiene que adecuar el medio de movilidad a lo que le permiten las circunstancias climáticas y el estado en el que se encuentre el camino de acceso. Así pasan del auto familiar a la moto o el caballo, y más de una vez deben recorrer a pie y con botas los 3.000 metros que separan la casa de la ruta.

Cuando las condiciones lo imponen las chicas faltan a clases, con todo lo que eso implica en el proceso de aprendizaje. Josefina, por ejemplo, acumula por decenas los días de ausentismo. Al reincorporarse, la niña debe “ponerse al día” con las tareas para no perder el ritmo respecto de sus compañeros. “Si dan tema nuevo, no es lo mismo que Josefina no esté en clases”, advirtió la mamá de la nena.

 

Recorrido angosto y entre pantanos

El camino por el que se accede a La Solita es angosto. Si bien el trazado estuvo bajo agua varios días, desde mediados de la semana volvió a ser “transitable”, más allá de albergar tres o cuatro pantanos donde la circulación tiene dificultades. Además, es mucha el agua acumulada en los préstamos. Parte de esto último podría deberse a que, de existir alcantarillas “operables”, éstas son de dimensiones reducidas como para el transporte del líquido hacia la pendiente natural.

Al final del camino se encuentra la casa desde donde el matrimonio Sánchez y Bravo custodia el predio de la familia Louge. Desde allí también supervisan otro establecimiento al cual el hombre concurre para realizar labores de mantenimiento a pedido de su dueño.

“La combi no entra acá porque el chofer no conoce en detalle el camino. Yo hace doce años que vivo acá y conozco por dónde está más firme”, expresó Sánchez, a la vez que subrayó que en el último temporal “el agua vino por los campos y cortó el camino”.

El trabajador advirtió que en una anterior inundación –año 2014- el agua tapó el alambrado. “Ahora decí que no llovió más, pero el agua había pasado una línea de la casilla” que está junto al perímetro del campo, expresó y mencionó que constató la mortandad de cinco vacas por el temporal.

 

Serviciales, con pocos servicios

Con un sol radiante, la familia Sánchez/Bravo recibió ayer a los cronistas de EL TIEMPO. Mate de por medio y al calor de un hogar en la cocina comedor de la casa, el matrimonio dio cuenta de las peripecias que afrontan cuando llueve en exceso, como fue el caso de la semana anterior.

En el campo ellos contabilizaron 145 milímetros, una cifra sensiblemente superior a otras mediciones realizadas –por ejemplo- en el casco urbano de Azul.

En el establecimiento La Solita carecen de servicio de electrificación rural, a pesar que la línea con el tendido del suministro energético llega a unos 1.300 metros del lugar donde residen. Eso hace que dependan del consumo de gas envasado. En materia de agua, se nutren de un pozo. Tienen paneles solares que, una vez cargados, les permiten contar con dos o tres horas de energía, y cuentan con un grupo electrógeno para situaciones de emergencia.

Por el agua acumulada en el campo propio y en lotes linderos, se formaron lagunas y riachos, por lo que tuvieron que esperar el descenso del nivel del agua para poder salir en la búsqueda de provisiones.

Respecto del camino rural, donde el agua hizo cuatro “cortadas” por la pendiente natural, el hombre dijo que se necesita un alteo y abovedado para contribuir a un mejor escurrimiento, sobre todo porque el Cañadón de Gutiérrez atraviesa varios campos a esa altura del distrito.

“Si el camino estuviera más o menos bien, en el auto yo salgo, pero las cunetas están tapadas y hay desbordes constantes”, expresó Sánchez.

Bravo apuntó que el quedar aislados les genera temor por los chicos ante alguna complicación de salud, en especial a partir del feliz arribo de su nieto, Kevin.

De todas maneras para casos de emergencia, señaló la mujer, hay un plan de contingencia convenido con los responsables de un campo vecino, que en caso de ser necesario los pasa a buscar para llevarlos hasta un sitio seguro.

 

Labores habituales

En la charla con este diario Sánchez dijo que entre sus tareas cotidianas figura la de ordeñar y estar al pie del cañón para las atenciones que pudieren requerir animales propiedad de Louge en el campo de 100 hectáreas.

Comentó que, gracias a la insistencia de la dueña del establecimiento, aprendió a elaborar quesos con leche de las vacas que ordeña, y que a partir de eso logró generarse un ingreso crucial  para la manutención de su familia.

“No sabía a quién se lo iba a poder vender. Empecé; ahora tengo la clientela y no doy abasto. No pensé que iba a tener tanto éxito”, manifestó Sánchez, quien apostó a la antigua pero siempre vigente metodología del trueque.

“Vendo queso y traigo carne o verdura”, sostuvo antes de invitarnos a recorrer el lugar donde trabaja en la elaboración de los derivados lácteos.

“GOLPE” AL BOLSILLO

La familia Sánchez/Bravo ha sido damnificada, como tantos, por los efectos de la inflación en un insumo básico para ellos como es el gas envasado, del que abastecen a la cocina y el termotanque. La garrafa de 10 kilogramos pasó de 16 pesos que costaba hace algún tiempo no muy lejano, a los 53 de unos meses atrás y los actuales 135 pesos.

VOCACIÓN DOCENTE

Micaela Sánchez tiene definida su vocación. Según contó durante de este diario al establecimiento La Solita, una vez que finalice con los estudios secundarios, iniciará la carrera docente. “Quiero estudiar para maestra”, expresó la joven mientras cuidaba de Kevin, su pequeño hijo. La criatura quedará al cuidado de la mamá de la joven progenitora, que cursa el nivel medio en el turno tarde del ex Colegio Nacional.

 

 

 

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