OPINIÓN

El espacio público y problemáticas contemporáneas

 “Mas de 100 años después, sólo fuimos capaces de hacer dos cuadras de costanera pasando la Av. Mitre, y un precioso mural de Rep que marca exactamente el limite de lo presentable al turismo y los barrios donde el arroyo es el lugar del peligro y la contaminación”. ARCHIVO/EL TIEMPO
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“Mas de 100 años después, sólo fuimos capaces de hacer dos cuadras de costanera pasando la Av. Mitre, y un precioso mural de Rep que marca exactamente el limite de lo presentable al turismo y los barrios donde el arroyo es el lugar del peligro y la contaminación”. ARCHIVO/EL TIEMPO

Escribe Arq. Alicia Lapenta

La ciudad es la gente en la calle. Preguntémonos, ¿Dónde está la gente en la ciudad?

Jordi Borja, urbanista y sociólogo español.

La historia de la ciudad es la de su espacio público. Las relaciones entre los habitantes,  entre el poder y la ciudadanía se materializan, se expresan en la conformación de las calles, las plazas, los parques, los lugares de encuentro ciudadano, en los monumentos, las referencias espaciales y visuales.

Podemos, entonces, leer la historia de Azul en ellos: plaza central, costanera, parque, Club de Remo, balneario… una ciudad concebida desde la cultura y los espacios verdes. Un modelo de ciudad que aún no hemos optimizado, ni superado.

El espacio público es un concepto jurídico -no únicamente-: un espacio sometido a una regulación específica por parte de la administración pública, propietaria o que posee la facultad del dominio sobre el suelo y que garantiza la accesibilidad a todos y fija las condiciones de utilización y de instalación de actividades.

El espacio público moderno resulta de la separación formal (legal) entre la propiedad privada urbana (expresada en el catastro y vinculada generalmente al derecho a edificar) y la propiedad pública (o dominio público por subrogación normativa o por adquisición de derechos por medio de la cesión), que normalmente supone reservar este suelo libre de construcción (excepto equipamientos colectivos, infraestructuras de movilidad, actividades culturales y a veces comerciales, referentes simbólicos monumentales, etcétera).

Espacio de identificación   

El espacio público también tiene una dimensión sociocultural. Es un lugar de relación y de identificación, de contacto entre las personas, de animación urbana, y a veces de expresión comunitaria.

El espacio público supone dominio público, uso social colectivo y multifuncionalidad. Se caracteriza físicamente por su accesibilidad, todos pueden llegar a el y disfrutarlo.

La calidad del espacio público se puede evaluar por la intensidad y la calidad de las relaciones sociales que facilita, por su fuerza mezcladora de grupos y comportamientos; por su capacidad de estimular la identificación simbólica, la expresión y la integración culturales.

Por ello es conveniente que el espacio público tenga algunas calidades formales como la continuidad en el espacio urbano y la facultad ordenadora del mismo, la generosidad de sus formas, de su diseño y de sus materiales y la adaptabilidad a usos diversos, siempre públicos, a través del tiempo.

Azul es una ciudad que se caracteriza por un buen equilibrio entre el verde y lo construido. Espacios verdes de alta calidad y diseño. Construyamos más.

Nuevos, contemporáneos, participativos, pero con el mismo criterio que nos legaron nuestros antecesores: los actuales espacios públicos generosos, para todos, de valor identitario para la ciudad y sus ciudadanos, de valor patrimonial para Azul, y la pampa bonaerense.

Construir espacios públicos demanda la inmensa responsabilidad que significa construir patrimonio, como lo hicieron Thays y Salamone, que, diferentes entre si, coadyuvaron a un modelo de ciudad que disfrutamos en  valor y pervivencia.

El diseño de Azul  

Tuvimos una generación que diseñó Azul superando la traza fortinera, en el avanzado concepto de ciudad higienista (caso ciudad de la Plata), que construyó la costanera, donó el parque municipal, hizo para sí en su momento, el Club de Remo: Azul tuvo una segunda fundación -con extraordinarios servicios culturales que aún nos engalanan y perviven-, un paisaje diseñado agua piedra y árboles, a lo largo del Callvú Leovú, en áreas donde sólo era  campo, mientras la ciudad se extendía hacia el ferrocarril.

Mas de 100 años después, sólo fuimos capaces de hacer dos cuadras de costanera pasando la Avenida Mitre, y un precioso mural de Rep que marca exactamente el limite de lo presentable al turismo y los barrios donde el arroyo en vez de ser un paisaje cotidiano bello y compartido, lugar de encuentro, recreación y esparcimiento, es el lugar del peligro y la contaminación. Donde barrios olvidados y naturaleza degradada coexisten patrimonialmente hablando, con la partición demoledora de la porción de historia que fue la casa de López, el abandono sociocultural y económico de la papelera, seguido de una costanera inconcebible relacionada al crecimiento urbano.

Y de remate, en pleno centro turístico cultural, un depósito inenarrable de camiones y máquinas que pertenece a Vialidad Provincial y nadie se atreve a gestionar su mudanza,  considerando que jamás podrán cumplir normas urbanas mínimas. Un predio que debería contribuir al desarrollo turístico cultural de Azul, junto a atractivos proyectos de  encuentro interbarrial y zonal. Pero parece nadie piensa más allá de exhibir la bella obra de Regazzoni, cercada hacia el norte por el mural de Rep, y que sólo invita a traspasar el mural que hicieron esos jóvenes y decididos artistas, a los que aquí brindo mi agradecimiento y respeto.

La ciudad de todos, parece de nadie   

Tanto para hacer, pensar, rediseñar, construir optimizar. La ciudad de todos, parece de nadie. Más de 100 años después, tenemos muy poco de que enorgullecernos.

Hoy, los espacios públicos requieren tal como el modelo de ciudad deseable y posible, un debate público; con participación ciudadana a lo largo del proceso de concepción, producción y gestión.

Nadie es propietario exclusivo de ningún trozo de territorio considerado “espacio público”. Ni la municipalidad, ni el desarrollista, ni los vecinos. El debate ciudadano ha de estar orientado sobre la base de “bienes comunes”.

La ciudad como espacio de convivencia, como” hogar público”.

Es necesario que los profesionales asumamos una responsabilidad especial en la concepción y diseño de los espacios públicos, -verdes y no tan verdes-. No son un tipo de proyecto como otros.

No es suficiente con responder a la demanda del “cliente”, ya sea la Administración Pública, un organismo autónomo o una empresa privada.

Es necesario hacer todo lo que sea posible para que se expresen los intereses de la diversidad ciudadana, para producir y difundir una cultura de espacios públicos que permita hacer propuestas y también cuestionar o combatir aquellas demandas o exigencias desde la gestión pública, o sociales, no siempre generosas, con los otros o con un mismo. Más que cualquier otro programa urbano, -en la ciudad de la diversidad cultural-, un proyecto de espacio público se ha de apoyar en valores éticos, de libertad, tolerancia y solidaridad. Y pensarse, diseñarse y construirse, cimentando más y mejor patrimonio de futuro, y compartido.

 

 

 

 

 

 

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