OPINIÓN

El estrecho desfiladero paritario de cada año: fuegos artificiales, pero esta vez con condimentos diferentes

Que sí, que no, si es techo o no es techo; que son libres, que la primera es “testigo” y que las que vienen después se acoplan, que el INDEC no es confiable, que la inflación pasada, que la que viene. Todas esas cuestiones son un clásico del enfrentamiento de juguete que venían protagonizando año a año el machismo sindical y el kirchnerismo, hasta que finalmente los gremios hacían lo que quería el Gobierno.

El presidente Mauricio Macri deberá sortear un desfiladero bastante estrecho, encarnado por las negociaciones paritarias que configuran el primer test en la materia de un gobierno nuevo. DYN
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El presidente Mauricio Macri deberá sortear un desfiladero bastante estrecho, encarnado por las negociaciones paritarias que configuran el primer test en la materia de un gobierno nuevo. DYN

Por Hugo E.Grimaldi. Agencia DyN

 

La vieja historia de los fuegos artificiales previos a las negociaciones paritarias tiene por estos días planteos de bastante hipocresía de todas las partes, similares a muchos tantos otros cruces que piloteó el kirchnerismo, aunque esta vez con algunas variantes propias del contexto, que le ponen un poco más de sal y pimienta a la actual situación.

El que sí, que no, si es techo o no es techo; que las paritarias son libres, que la primera es “testigo” y que las que vienen después se acoplan, que el INDEC no es confiables, que la inflación pasada, que la que viene, etcétera, son un clásico del enfrentamiento de juguete que venían protagonizando año a año el machismo sindical y el kirchnerismo, hasta que finalmente los gremios hacían lo que quería el Gobierno.

Posicionamientos   

A esta ocasión se le agregan otros condimentos de la hora, económicos y también políticos, como que se trata del primer test en la materia de un gobierno nuevo, que muestran que la situación transita por un desfiladero bastante estrecho que el presidente Mauricio Macri deberá sortear.

Desde lo macro se está verificando un reajuste de precios derivados del atraso cambiario, previo y posterior a la asunción del nuevo gobierno -eliminación del cepo incluido- y del quite de subsidios a la electricidad y pronto al gas, más el plan monetario y la banda inflacionaria que calculó el Gobierno. En lo político, no hay que olvidar la actitud beligerante de los gremios más kirchnerizados, estatales sobre todo, que ponen a todos los sindicalistas en actitud de mostrarse también con la cara pintada. Sindicalistas y Gobierno pondrán necesariamente todas estas cartas sobre la mesa.

Patear la pelota para adelante para descomprimir    

Pese a todo, se puede rescatar por ahora algo en común y es un buen punto de partida para seguir la charla: ambas partes han dicho que se podrían negociar paritarias “cortas”, una variante para llegar a la mitad de año, cuando según el Gobierno el empinamiento  de los precios debería declinar y el nivel de actividad a recuperarse, después de salir del embrollo de la deuda y de generar una corriente de inversiones. Es patear la pelota para adelante para descomprimir ahora, pero para retomar la tensión en julio o agosto.

Según la historia, una solución de este tipo no es buena para nadie, ni para los trabajadores, ni para el Gobierno, ya que se le imprime velocidad a la calesita inflacionaria, cuando todos deberían trabajar para detener la inercia.

Como contrapeso de todo lo que se está blufeando por los medios (que 40, que 25, que hay que salir a la calle, que el INDEC no da la inflación porque sigue mintiendo, que hay que cuidar el trabajo, que los empresarios dicen que no pueden pagar 30 por ciento, etc.) hay una herramienta a las que todos tienen intención de acudir, un elemento que, por primera vez en mucho tiempo, se pondrá arriba de la mesa para ayudar al consenso: los impuestos.

El riesgo de enamorarse del confort     

Esta vez, la baja del IVA a los alimentos, que arrimará alivio al bolsillo de los más necesitados y los cambios en los mínimos, junto a la adecuación de las escalas del impuesto a las Ganancias que pagan los trabajadores de clase media, más algunas mejoras en las asignaciones, pueden ser la llave de los acuerdos.

Habida cuenta la deplorable situación fiscal heredada, el Gobierno no podrá tirar demasiada manteca al techo, aunque los funcionarios confían y dicen que este plan debería funcionar si el Congreso aprueba las leyes para cerrar el capítulo de los holdouts y se reestablece el flujo de fondos por endeudamiento, de allí las negociaciones que hay al respecto con parte de la oposición.

Pero, aquí hay otro peligro del estrecho desfiladero actual, porque no será ésta la primera vez que los gobernantes se enamoran de cierto confort y terminan reemplazando la emisión por deuda y pagando con plata externa el gasto de todos los días. Y ese final no le conviene a nadie.

 

 

 

 

 

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