El Evangelio de Jesús y los pobres

El proyecto pastoral de Enrique Angelelli estuvo plasmado en esta cita del evangelista Lucas 4, 18-19. Dios en Jesucristo se identifica en el pobre; donde hay un pobre está Dios, está Jesús.

 

HOMILÍA

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Escribe: Miguel Esteban Hesayne.

Obispo Emérito de Viedma.

www.cristifero.com.ar

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Al obispo Angelelli lo asesinaron porque encaró su pastoral programada según el proyecto de Jesús de Nazaret.

Cuando llegó el momento de presentarse en público, Jesús se anunció con estas palabras: “El espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar la buena noticia a los pobres; me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos, a dar vista a los ciegos, a libertar a los oprimidos y a proclamar un año de gracia del Señor” (Lc.4, 18-19)

Desde el instante que Jesús presenta el programa de su actitud evangelizadora, en la Iglesia de Jesucristo es indiscutida la opción preferencial por los pobres, tal cual la han manifestado los obispos latinoamericanos en el Documento de Puebla.

El proyecto pastoral de Enrique Angelelli estuvo plasmado en esta cita del evangelista Lucas 4, 18-19. Dios en Jesucristo se identifica en el pobre; donde hay un pobre está Dios, está Jesús, como lo expresa con sus actitudes y palabras a través de todas las páginas de su evangelio, a partir de la proclamación de su identidad salvadora, liberadora en la sinagoga de Nazaret, personalizando en Él las palabras de Isaías en su época de profeta.

La cercanía con los desheredados de la sociedad israelita, llevó a Jesús a la muerte de cruz en un juicio con falsos testigos. El obispo Angelelli proclamando el evangelio de Jesús, anunciando desde su fe el evangelio de Jesús, la primacía del pobre por la identificación de Dios con el desheredado, fue sentenciado a muerte.

Numerosos casos se pueden citar que cuando Angelelli mencionaba el tema de los pobres, grupos ideologizados que lo escuchaban, reaccionaban contra el obispo con calumnias y difamaciones. Citaré una sumamente significativa de la persecución que sufría el obispo Enrique Angelelli, hasta considerarlo guerrillero. No fue casual la reacción de un alto jefe militar ante la sencilla y coloquial homilía con sus feligreses al regresar de un viaje de visita pastoral a comunidades cristianas del interior riojano. Con sencillez y dolor de pastor comentaba que se había encontrado con muchas situaciones límites de pobreza, de indigencia y marginación social. Ante esta comunicación de padre a la familia cristiana, se levanta la familia entera con el alto jefe a la cabeza tapándose los oídos porque no querían escuchar a un montonero, según decían. La razón que daban es que venían a misa y no a escuchar a un revoltoso social.

Esta historia se ha repetido en muchos puntos de nuestra Latinoamérica; y se repite hoy en nuestro país en gente religiosa que pretende encontrar a Dios con cantos de alabanza, con cantos de glorificación a Dios, sin el compromiso de formarse y formar a niños, a adolescentes y jóvenes como futuros ciudadanos que se comprometan con políticas que hagan pasar a pobres de simple ayuda, a sujeto de una historia de pueblo de Dios en que no falte el alimento, el vestido, la casa, el trabajo, y una cultura que reconozca a Dios como fuente de toda justicia social.

El obispo San Ireneo del siglo II, ya clamaba que la gloria de Dios era que todo hombre viva en dignidad. En nuestros templos, nuestros pastores, han de hacer resonar que la gloria de Dios que han de buscar los católicos argentinos, es que todo argentino tenga el plato de alimento que corresponda, y que sean capaces de ser ciudadanos lúcidos para discernir sus gobernantes y no dejarse engañar por simples promesas.

Es que el tema de los pobres para las ideologías políticas de uno y otro signo, es una bandera para recolectar votos; para una economía ideologizada, es simple tema de encuestas y de cuentas que cierren. Pero para el cristiano, el pobre es un lugar de encuentro con el mismo Dios en Jesucristo (Mt.25, 34-40).

Para desarrollar el tema entonces de Dios y los pobres, lo haremos en sucesivas homilías.

 

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