ENFOQUE

El fracaso dignifica

Por Guillermo Ravizzoli (*)

Muchas veces fracasamos. Muchas veces nos caemos y también muchas más veces nos levantamos.                                                                                                                            Hemos fracasado en un examen del colegio, en un negocio, en el amor, en la vida y seguimos aquí volviendo a empezar, volviendo a confiar, volviendo “a la cancha” con más humildad, con ganas de superarnos apostando a las pequeñas cosas que nos ocurren todos los días.                                                       Desde luego que el fracaso dignifica, que nos hace elevar, superarnos y reinventarnos más allá de haber caído. La clave es el aprendizaje, pero más aún es saber si queremos aprender y correr riesgos. Sino le recomiendo la mejor estrategia a nivel mundial para el éxito: no haga nada y critique al que hace, al que se equivoca, al que se supera, usted no emprenda nada y deje todo en mano de los demás; pero eso sí, luego no se queje.

Comúnmente, cuando uno habla de fracaso automáticamente lo asocia con la frustración, cuando las cosas no salen bien. Es interesante que dicho término emane del vocablo italiano “fracassare” que puede traducirse como “estrellarse” o “romperse”; y creo que en este sentido se traduce perfectamente cuando alguien vive una situación así: “se nos cae el mundo” y sufrimos una desintegración emocional cuando nuestras expectativas no se ven satisfechas al no poder conseguir lo pretendido. Y aquí surge la pregunta: ¿estamos preparados para perder?, ¿se nos enseña en casa, en la escuela y en la comunidad toda, que el fracaso es clave para superarnos, para lograr el tan ansiado triunfo?

Nuestra sociedad en general estimula permanentemente la competitividad y estigmatiza a los perdedores, a los fracasados. Es bien claro como sucede muchas veces en los deportes, un día antes de la gran final esos jugadores son los gladiadores de un país pero si pierden al otro día gran parte de la sociedad los condena y algunos medios de comunicación los descuartiza, no con una visión de aportar una crítica positiva desde su lugar, sino pensando en el resultado comercial de su espacio comunicacional. Los “ganadores” son encumbrados e idolatrados, mientras que los “perdedores” son mal vistos y obligados a pagar por sus fracasos.

La familia, la escuela y los medios de comunicación, deberían enseñar a las personas a asumir sus derrotas y digerir los fracasos sin traumas. Es que, en caso contrario, los fracasos perjudican la capacidad de reacción y afectan al bienestar personal, por ende atentan potencialmente contra desarrollo de toda la comunidad.

Por eso es importante trabajar fuertemente en el reconocimiento de los fallos y de nuestras limitaciones personales para desarrollarnos más en los procesos de aprendizaje y en la incorporación de nuevos conocimientos. El desafío es potenciar nuestras fortalezas y virtudes, y preguntarnos si lo que hacemos lo hacemos por nosotros o por otros, y si realmente nos apasiona y nos moviliza; porque a veces el fracaso simplemente es cargar con las necesidades de otros que nos llevarán a ser responsables de esa “derrota” o tercerización de la culpa.

Justamente respecto a esto hace unas semanas culminó la Copa América de Fútbol en Estados Unidos y más allá que fuimos subcampeones me detuve en otro momento que no pasó dentro de una cancha de fútbol. Luego de que Estados Unidos perdiera 4-0 de local contra Argentina, frente a todo su público por su condición de local, Jürgen Klinsmann -su entrenador alemán- dijo palabras emocionantes sobre lo que ocurrió en el campo de fútbol: “Hay que darle un gran crédito al equipo, no hay nada de qué estar avergonzando, quedamos entre los cuatro finalistas y esto es parte de nuestro proceso. Tuvimos una gran actuación en esta Copa. Cuanto más seguido podamos jugar estos torneos más vamos a aprender. Si podemos jugar con Argentina, Brasil, hagámoslo, aunque suframos luego estas lecciones, es una oportunidad para seguir creciendo. Tenemos que estar orgullosos por lo que hicimos estas semanas. Es un gran honor jugar el partido por el tercer puesto”.

Klinsmann luego de sufrir una durísima derrota le dice al mundo 7 palabras claves: equipo, proceso, hacer, aprender, crecer, orgullo y honor. Y si esto no es aprender del fracaso es que no entendimos nada. Es interesante como un deporte puede proyectar lo que a veces nos cuesta como comunidad. Eso es un liderazgo positivo, un verdadero liderazgo de cambio.

“Una persona inteligente supera una derrota, pero un idiota jamás supera una victoria”. Séneca

 

(*) Diseñador en Comunicación Visual UNLP, cursó la Maestría en Administración de Negocios UNICEN, ex presidente del CEDA y Director de Comercio en FEBA.

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