El general San Martín perdura en el tiempo

Sócrates, filósofo griego, por no desobedecer las leyes rechazó los medios para evadirse de la prisión y fue condenado a beber cicuta. Para él la vida está en el espíritu, en el alma, y no en el cuerpo humano. Lo que perdura es el alma.

Si bien el general José de San Martín, hace 166 años que físicamente falleció, su espíritu, su obrar, su pensar están en su alma y ésta tiene vida eterna, porque lo que escribió, y cómo procedió lo mantiene vigente en la actualidad. Como son los pensamientos de Sócrates, Platón, Aristóteles, dentro de los fílósofos griegos. Por eso no esta mal que se diga que son eternos.

Estos son ejemplos que perduran, que marcan una línea de conducta, donde la ética y los valores positivos tienen validez, a pesar de que hayan pasado siglos.

Del general San Martín, el “Padre de la Patria”, se pueden mencionar varios hechos que reflejan una conducta que mantuvo hasta el año 1850. Como por ejemplo cuando en un bando a la población de Cuyo expresó: basta de ser egoístas, a la idea de bien común todo debe sacrificarse. El pueblo cuyano lo entendió, se abrieron sus corazones, brotaron en ellos obras de generosidad y entrega y se encendió en cada hogar un fuego de tiempo nuevo para la Patria grande. La grandeza de los débiles se impuso a la pequeñez y egoísmos de los fuertes que desde los más altos cargos del naciente Estado o desde donde pugnaban por intereses particulares y sectoriales no se cansaron de ponerle palos en la rueda a la hora de parir pueblos soberanos.

En su correspondencia surge que sabia reconocer sus propios errores y miserias.

En sus derrotas no está resentido, no se irrita, no desfallece, no se detiene, aprende en el camino de la humildad, gana en autoridad, sigue aportando al bien común. Los problemas de salud le ganaban batalla periódicamente, pero la salud de mi patria vale más que mi propia salud, solía decir.

En las victorias no humilla, no es soberbio, no se entrega a los placeres, no prepara su enriquecimiento, celebra con austeridad y sigue, no se aturde, comparte el triunfo, respeta, es prudente pero nunca ingenuo. Así como sabe salir de las derrotas sabe salir de las victorias porque sabe que en la historia humana ha habido sólo una victoria para siempre, las demás son siempre engaños. Derrotas y victorias forjan la heroicidad.

Batallas físicas y metafísicas van puliendo la mirada de quien aprende a distinguir lo mejor en todo, lo prefiere y lo ama, piadoso y justo en la victoria y la derrota, se arrodilla sólo ante Dios y ante sus soldados moribundos en el campo de batalla, sabe que toda guerra tiene un primer campo de batalla, el propio corazón, porque quién no es capaz de vencerse a sí mismo difícilmente logre triunfos que den frutos de bien común.

Nadie se hace héroe y libertador de pueblos por individualidad ni por generación espontánea ni por pura fuerza de voluntad, dijo. Mostrar sus orígenes, desde su Yapeyú natal, pasando por España y su final en Europa. Tomar conciencia de lo que hoy falta es un origen común, conciencia de pertenencia mutua y de un futuro que se gesta en un presente compartido si es fecundado de eternidad.

Don José Francisco de San Martín se ha constituido en uno de los arquetipos de la argentinidad a quien los argentinos, y en especial los azuleños siempre deben volver y tomarlo como la luz que ilumina el sendero correcto y ético de la vida humana, con sus miserias y grandezas.

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