EL GOBIERNO PLANTEA UNA BATALLA CULTURAL CON LOS “PRECIOS TRANSPARENTES”

Como si fuese un país que recién está gateando por el mundo, las redes sociales se la pasaron comentando cómo andaban los “precios transparentes”, tal la denominación que la secretaría de Comercio eligió para bautizar el sistema que desde el 1 de febrero procura diferenciar precios “de contado” de los valores financiados.

Es más, la política metió la cola y la grieta se volvió a abrir una vez más. Hubo quienes, aún sin saber que iban a hacer finalmente los comercios, salieron en defensa del sistema por “transparente” y por promover la “competencia”, mientras que otros apelaron a la crítica fácil (y falaz): “Macri terminó con las cuotas sin interés”, se leyó en un tuit.

Bueno es saber que todo lo que se diga aún es muy prematuro y ya se verá cuál es el comportamiento de los dos lados del mostrador: de los consumidores, quienes buscarán hacer valer el “plata en mano…” y de quienes venden electrodomésticos, ropa o electrónica y tienen dos temperamentos: unos, a quienes no les importa seguir en la misma y otros, quienes saben que Chile está a tiro de muchos y no quieren perder mercado.

Recién cuando el sistema se estabilice se comenzará a notar qué pasó en los comercios y a quién le fue mejor, ya que algunos comerciantes habrán dejado como base el precio anterior y pretenderán vender desde allí, mientras que otros aceptarán las reglas de hacer un descuento por pago “contado” (efectivo, débito o crédito en una cuota). Un primer recorrido por las páginas Web de las principales cadenas de electrodomésticos indicaba a media tarde que la obligación de exponer la tasa de financiación, la clave del sistema, se cumplía parcialmente.

Las dos más grandes del sector, Garbarino y Frávega, eligieron exponer los precios de contado y en una segunda pantalla se le sumaba el interés y aparecía el precio financiado. Entonces, allí quedaba muy claro, más en la primera que en la segunda cadena, ya que obliga a hacer una suma, que el “contado” no es ahora igual al costo con tarjeta y que este valor aparece, tal como lo indica la norma, con la tasa al lado.

En tanto, mientras muchos dicen que el sistema fracasará porque “nunca bajó nada en este país”, las autoridades creen que habrá reducciones importantes en muchos precios. Hay que tomar en cuenta que los consumidores, aún sin mirar la tasa, siguen razonando en términos de si podrán o no podrán pagar la mensualidad. Cosas del acostumbramiento inflacionario.

Detrás de todo este proceso, más allá de desarmar el sistema de “cuotas-truchas”, lo cierto es que el Gobierno está encarando un cambio de paradigma que va en línea con la propuesta de Cambiemos y que no se sabe si los argentinos finalmente aceptarán. Se está intentando terminar con el Estado-protector de muchos sectores con el dinero de todos, aunque paradójicamente dependerá del Estado proteger a quienes son más vulnerables y menos entienden.

Es probable que sin esta necesaria tutela, destinada a darles confianza a los consumidores, nadie quiera arriesgar y se sienta una vez más estafado.

En el caso puntual de los “precios transparentes”, habrá que ver también si el comprador entiende que le están haciendo un descuento o si percibe que el comercio se pasó de listo y se le encareció el valor final. Es todo un ejercicio cultural.

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