EL GOBIERNO Y LOS GREMIOS, ENREDADOS

En pocos días más se dilucidará el dilema planteado entre el Gobierno y la CGT pero cuya resolución en realidad afecta a toda la sociedad. En un caso bastante particular en este tipo de situaciones, gobernantes y sindicatos pusieron un plazo para acordar una serie de demandas en función de las cuales se decide la suerte de un paro nacional de actividades.

Nada del otro mundo, en realidad, pero que en estas circunstancias políticas parece adquirir las características de una conflagración. El tema sirvió para dejar al desnudo  situaciones prácticamente desde ridículas hasta patéticas y mostrar que en los sectores en pugna habitan, como siempre, halcones y palomas.

No es tan infrecuente la cuestión en el mundo gremial como en el gobierno, donde es imprescindible que haya una coherencia al respecto. El funcionariado proveniente del ámbito empresarial o aquel que tiene más afinidad con ese segmento de la vida nacional se expresó en ese sentido, con ofertas más que módicas.

En cambio, los originarios del sector político, aún sin contar con los recursos, trataron de poner en todo momento las compresas necesarias para aliviar las circunstancias, sobre todo teniendo en cuenta que casi nadie quiere la huelga general. Las diferencias entre unos y otros miembros de la administración fueron notorias, al menos a la hora en que pronunciaban sus declaraciones públicas.

Al final, parece que hasta ahora las cuentas cierran para dádivas modestas: exención de ganancias para el aguinaldo y compensaciones dinerarias para los que menos ganan son las ideas más trascendentes. Para el resto, libertad de acción y que cada uno se arregle como pueda con el sector que corresponda. Algunos pocos sindicatos deben sentarse a negociar sí o sí porque han cerrado por un semestre; otro limitado lote ha establecido una cláusula gatillo para volver a discutir, y el resto deberá pulsear por algún puntito o suma de compensación.

Hay algunos que ya saben que van a poder lograr algo por su peso específico, como Camioneros, Bancarios o Colectiveros. Otro punto a empezar a contemplar a partir de esta cuestión del paro es la interna de la CGT y los más duros y menos duros. Pablo Moyano está claramente liderando el sector de los primeros y hay varios que lo siguen.

Los integrantes del triunvirato, por naturaleza pero también por su responsabilidad en la negociación, se mostraron moderados, pero después debieron cambiar el rictus para no quedar a la retaguardia y ceder territorio interno.

En tanto, las otras organizaciones que habían abierto un paréntesis esperando una CGT más combativa -o sea las dos CTA- seguramente van a cortarse solas si los gremialistas peronistas no salen con los tapones de punta de una vez por todas. Pero pasada esta instancia hay algo -o mejor dicho alguien- a quien todos deberán mirar, especialmente el gobierno.

Se trata de la clase media, a la que año tras año los zapatos aprietan más. Las peticiones sindicales fueron abarcativas pero las ofertas oficiales se ciñeron a los sectores más bajos, cuando la clase media también tiene sus claras necesidades y uno de sus verdugos es el Impuesto a las Ganancias. Y se sabe que la exención en el medio aguinaldo es apenas una gota de agua en la arena.

Además, en muchas actividades, por diversos factores y también por efecto de ese tributo, las escalas salariales se han achatado y hay insatisfacción interna y demandas de toda laya que los sindicalistas deben afrontar y resolver, muchas veces sin éxito.

Pero ahora la mira está puesta en la inmediatez de la encrucijada en la que quedaron enredados gobierno y sindicatos. Con la gente como siempre, claro, en el medio como testigo.

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