El hambre llegó hace rato

OPINIÓN

Por Javier ciappina de la Redacción de EL TIEMPO

Eran cerca de las 16 horas, me detuve en la panadería de avenidas Mitre y 25 de Mayo. Cuando estaba por ingresar al local, dos chiquilines salían rápidamente, con una mueca de satisfacción en sus rostros y una bolsa de pan en sus manos. Afuera los esperaban otros tres más, todos de unos 10 u 11 años. Saludé al comerciante e hice mi pedido. Comenzamos a conversar de bueyes perdidos y un momento me preguntó: “¿Vos trabajás en el diario, no?”. Al ser afirmativa mi respuesta, Nicolás, ese es su nombre, me realizó el convite. “Habría que publicar algo”, dijo… e inmediatamente agregó: “Es impresionante la cantidad de gente que viene a pedir algo para comer. El otro día estábamos charlando con unos colegas sobre como ha aumentado el número de personas que entran a las panaderías para ver si le podemos dar algo. Los chicos que se fueron recién me pidieron si no les daba unos panes porque tenían hambre”.

El comerciante hablaba y la angustia se percibía en su voz. “Estos últimos años ha sido tremendo como han crecido los casos. Antes capaz que veían uno o dos por días, ahora son muchos más”, comentó Nicolás. Al parecer, de las charlas que mantiene con sus pares queda como balance que esta cuestión no sucede exclusivamente en su local, es similar en todos.

“Es muy triste eh. No te exagero para nada, pero un día como hoy entran dos personas a comprar y una a pedir algo. Es realmente así, como te lo cuento. Es una realidad que asusta. Hay gente que viene todos los días; no falta nunca. Unos chicos pasan siempre antes de ir a la escuela para tener algo para comer ahí. Y es gente que lo necesita de verdad. Uno se da cuenta enseguida de eso”, mencionó el comerciante azuleño.

El hambre es una realidad que nos atraviesa y nos desangra como sociedad, tal como si se tratase de una daga afilada. Muchos vecinos siguen creyendo que esta problemática es parte de las provincias del Norte del país o de los distritos del Conurbano más profundo, que solo se ve por televisión. Lamentablemente están equivocados. El hambre llegó hace rato. Es parte de nuestra comunidad, está ahí nomás, a la vuelta de la esquina.

Tal como se lo reflejó en la edición del pasado domingo de este matutino, la crisis está golpeando duramente en sectores de la clase media-baja y baja. Son muchos los comedores y merenderos que, en diferentes barriadas locales, les tienden una mano -para evitar que la lona sea el doloroso final- a los muchos azuleños a los que la actualidad económica le asestó un certero cross en la mandíbula.

“Yo hago lo que puedo. Mis colegas también…pero no alcanza”, resaltó Nicolás antes de que quien suscribe este texto abandonase el local. Claro que no alcanza. Pero es válida su acción, como la de sus pares, como la del vecino o la vecina que abre las puertas de su casa para darle un plato de comida o una taza de leche caliente a todo aquel que -quizás- de otra forma terminaría su día con la panza crujiendo de hambre.

No alcanza, claro que no, pero es loable la actitud de ponerle el pecho a una realidad que lastima…y mucho.

Claro que no alcanza, porque para que alcance debería estar el Estado, diciendo presente con políticas que incluyan, que no marginen, que generen oportunidades para todos y no para unos pocos.

No hay peor ciego que el que no quiere ver. No hace falta abrir muchos los ojos para darse cuenta que el hambre llegó a Azul, hace rato.

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