El joven que está detenido por el violento robo al jubilado tiene varios antecedentes delictivos


Por un robo en un kiosco y por la portación ilegal de un arma de guerra lo habían condenado a una pena única de tres años y ocho meses de prisión. Pero no cumplió la totalidad de esa condena, ya que después salió en libertad condicional. En agosto del año pasado lo aprehendieron por arrebatarle en la calle un teléfono celular a un adolescente. Ahora está preso otra vez, después de que anteayer lo detuvieron como el presunto autor del robo que el pasado domingo en el Barrio El Sol sufrió un hombre de 66 años. Al jubilado que resultara víctima, un sujeto le sustrajo dinero, una carabina y un revólver. Además, lo hirió en la cabeza al atacarlo a golpes con una varilla de hierro.
Cristian Alejandro Castillo, el joven detenido anteayer por el violento robo que el domingo 31 de diciembre pasado tuvo como víctima en su casa del Barrio El Sol a un jubilado, registra varios antecedentes delictivos.
En septiembre de 2014 había sido uno de los coautores de un robo que tuvo como escenario un kiosco ubicado frente al Hospital Pintos. Y en octubre del año siguiente, personal policial lo detuvo cuando en una moto circulaba portando un arma de fuego.
Por ambos hechos, en julio de 2016 había sido condenado en un juicio abreviado a una pena única de tres años y ocho meses de prisión. Y esa sanción se tradujo en que fuera a la cárcel.
Pero en agosto del año pasado estaba en libertad condicional. Y gozando de ese beneficio, que le había sido otorgado desde un Juzgado de Ejecución Penal, volvió a ser detenido por otro ilícito: la sustracción de un teléfono celular a un adolescente, hecho ocurrido a la salida de un boliche bailable que está en el centro de esta ciudad.
“Papiño”, tal el apodo con el que el joven que tiene actualmente 21 años de edad también es conocido, no estuvo mucho tiempo privado de la libertad por aquel robo del teléfono celular que también se le imputara.
La prueba más elocuente de eso es que el pasado viernes volvieron a detenerlo.
En este caso, por el brutal asalto que en la mañana del último día del año que pasó tuvo como víctima a un jubilado de 66 años que se llama Jorge Omar Getzfried, el cual después tuvo que ser llevado al Hospital Pintos a causa de las lesiones que sufrió durante el hecho.
Tal lo que ya se informara desde EL TIEMPO, el hombre fue atacado a golpes en la cabeza con una varilla de hierro por el autor del ilícito, que tenía el rostro cubierto con una capucha.
Ese sujeto, según se cree, es Castillo. El mismo que, además, sustrajo unos doce mil pesos en efectivo, una carabina y un revólver durante lo que fue ese episodio delictivo, ocurrido el pasado domingo después de la hora seis en una casa ubicada en cercanías a la Unidad 7, sobre Calle 8 entre San Carlos y Laprida.
 Tres ilícitos más
En horas de la noche del 3 de septiembre de 2014, en un kiosco que está en Amado Diab entre Maipú y Alvear, se produjo un robo por el que Castillo después sería condenado como uno de los coautores del hecho.
En un juicio abreviado que por lo sucedido se tramitara en el Tribunal Oral en lo Criminal número 1 de Azul, en julio de 2016 el joven había sido condenado a tres años de prisión como coautor del delito de robo calificado por el uso de arma de fuego cuya aptitud para el disparo no pudo tenerse de ningún modo por acreditada.
Según lo que quedara probado en ese proceso en el que intervino el juez Gustavo Borghi, Castillo y otro varón -que después no pudo ser localizado- llevaron a cabo el ilícito en el referido comercio, ubicado frente al Hospital Pintos, cuando era alrededor de la hora 23 del día ya mencionado.
Los autores de lo que fue aquel asalto tenían sus rostros tapados, al tiempo que uno de ellos portaba un arma de fuego que fue definida en el fallo como del “tipo revólver de color negro cuya aptitud para el disparo no fue acreditada”.
Al empleado del local y víctima del robo, los ladrones lo obligaron a que les diera dinero porque de lo contrario “lo quemaban” -según le decían- con ese revólver que portaban.
Plata y varias tarjetas telefónicas fueron los elementos de los cuales, aquella noche, ambos sujetos se apoderaron antes de huir a pie del comercio convertido en escenario de ese robo.
En el local había cámaras de seguridad. Y esas grabaciones, después en el juicio, sirvieron para demostrar que uno de los autores del ilícito era el joven que nuevamente fue detenido el viernes pasado por el robo al jubilado en su casa del Barrio El Sol.
En libertad condicional
Para cuando ese juicio abreviado se tramitó en el Tribunal 1, a Castillo el juez Borghi le dictó una pena única de tres años y ocho meses de prisión.
Esa sanción era comprensiva de la pena impuesta por el robo en el kiosco y de otra condena anterior que registraba y en ese entonces ya estaba firme.
Meses antes “Papiño” había sido condenado en otro juicio abreviado que se sustanció en el Tribunal 2. En aquella ocasión, por la portación ilegal de un arma de guerra que policías hallaron en su poder cuando en octubre de 2015 lo detuvieron mientras circulaba en una motocicleta.
El veredicto de ese otro proceso, en el que intervino el juez del TOC 2 Carlos Pagliere (h), tenía fecha del 30 de marzo de 2016, cuando Castillo fue hallado autor del delito de portación de arma de fuego de guerra de uso civil condicional sin la debida autorización y le dictaron una pena de tres años y seis meses de prisión.
Con relación a ese hecho, el juez había mencionado en el dictamen que el 21 de octubre de 2015 el joven había sido detenido cuando en su poder tenía un revólver Taurus calibre 357 Magnum que estaba cargado con tres cartuchos.
Alrededor de “las 00:30 horas” de ese día ya referido, policías lo detuvieron en San Martín y las vías de esta ciudad, cuando “se trasladaba en una motocicleta marca Honda Wave 110 cc sin dominio colocado, color negra”.
Los efectivos de seguridad lo localizaron aquella noche en Mitre y Alberdi, lugar desde donde varios móviles iniciaron una persecución hasta que lo interceptaron y le incautaron ese arma de fuego considerada “de guerra”.
Según los policías habían señalado, Castillo hizo una mala maniobra en la moto, lo que hizo que se cayera y que así pudiera ser arrestado.
Aquella pena única de tres años y ocho meses de prisión que le impusieron al joven en el segundo de los juicios abreviados, sanción comprensiva de ambos ilícitos ya referidos, hizo que fuera a la cárcel.
Pero no cumplió la totalidad de esa condena, ya que tiempo después salió en libertad condicional, beneficio otorgado desde uno de los juzgados de Ejecución Penal pertenecientes al Departamento Judicial Azul.
En esas circunstancias, Castillo volvió a ser detenido el 12 de agosto del año pasado.
En aquel entonces, acusado de haberle arrebatado un teléfono celular a un adolescente, hecho ocurrido a la salida de un boliche bailable ubicado en la zona céntrica de esta ciudad.
En esa causa penal -al igual que ahora donde le imputan la autoría del violento robo al jubilado- había tomado intervención desde la UFI 13 departamental el fiscal Javier Barda, quien en su momento pidió que la aprehensión de Castillo por la sustracción del teléfono celular al menor de 17 años fuera convertida en detención, acusado del delito de robo.
El hecho había ocurrido alrededor de la hora 4.30 del día ya referido en Yrigoyen entre Moreno y De Paula.
El adolescente que resultara víctima de aquel robo iba caminando cuando le fue arrebatado su celular, teléfono que después la Policía halló en poder de Castillo cuando lo aprehendió.
El dato
Por el robo del pasado 31 de diciembre al jubilado en su casa del Barrio El Sol, Cristian Alejandro Castillo había sido trasladado ayer a Tribunales para ser indagado. En esa audiencia, dijeron voceros judiciales, se negó a declarar, acusado del delito de “robo doblemente agravado por efracción y por el uso de arma”. En carácter de detenido, sigue todavía en la Seccional Primera local de Policía, aunque cuando había sido ordenada esa medida cautelar que se hizo efectiva anteayer se dispuso también que sea trasladado a la Alcaidía que está en la Unidad 38, una de las cárceles del SPB ubicada en la localidad olavarriense de Sierra Chica.
 

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