ABOGADOS LABORALISTAS: EL CASO DE LUIS RAFFAGHELLI

El juez que interviene en PepsiCo fue torturado durante la dictadura

El magistrado dispuso la reincorporación de trabajadores de la empresa en conflicto. Fue uno de los principales impulsores del reciente homenaje a los abogados laboralistas víctimas del terrorismo de Estado que incluyó, entre otros, al azuleño Claudio Minellono.

Escribe Marcial Luna. lunasche@yahoo.com

Juez Luis Raffaghelli, miembro de la Cámara Nacional de Trabajo.
(ARCHIVO)
Raffaghelli durante el homenaje que se realizó, el 7 de julio, a los abogados laboralistas víctimas del terrorismo de Estado, entre ellos al azuleño Claudio Aurelio Minellono. (ARCHIVO)
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Raffaghelli durante el homenaje que se realizó, el 7 de julio, a los abogados laboralistas víctimas del terrorismo de Estado, entre ellos al azuleño Claudio Aurelio Minellono. (ARCHIVO)

EL DATO:

El testimonio del juez Raffaghelli fue incorporado en la megacausa “La Cueva I”, sobre el terrorismo de Estado en Mar del Plata, caso en el que hubo víctimas azuleñas, como Norma Monticelli. Otras causas que hemos utilizado como fuente son: N° 2278 (y su acumulada 2300) y acumuladas Nº 2301 (y sus acumuladas 2325 y 2345), Nº 2380 y Nº 2405); Nº 2086 y su acumulada Nº 2277.

NOTA IV (EXCLUSIVO PARA EL TIEMPO):

Los buzos del puerto de Quequén eran observados a través de la mirilla de la puerta y conminados: “Vuelvan otro día. Hoy el doctor no atiende”.

Sonaban como dos disparos esas dos frases. Secas.

Eran las cinco de la tarde del 20 de abril de 1976. Una comisión de individuos vestidos de civil había irrumpido en el estudio del doctor Luis Raffaghelli, en Necochea. Sobre la hermana del abogado laboralista los secuestradores habían comenzado a descargar violencia física y moral.

Minutos después, al llegar a su oficina, Raffaghelli fue reducido por el grupo de tareas. Le colocaron una pistola 45 en la cabeza y, enseguida, fue maniatado con un alambre, encapuchado y sometido a golpes. Media hora de golpes.

Sin mediar ninguna palabra. Sólo “una salvaje golpiza”, dice Raffaghelli.

En un Torino negro de la policía local, desde su estudio jurídico fue trasladado hasta la Comisaría 4ta de Necochea. Por su condición de abogado, conocía al subcomisario Mario Larrea. Cuando quiso saber de qué se trataba ese operativo, el policía sólo le dijo a Raffaghelli tres cosas: que guardara silencio, que ellos respondían a órdenes y que, aunque era el subcomisario, no podía ni hablar.

El laboralista, de 27 años de edad en ese momento, fue llevado hasta una de las dependencias administrativas de la comisaría y, allí, nuevamente golpeado, pero aún con más ferocidad que en su estudio jurídico. Fueron de tal magnitud esos golpes que Raffaghelli ya no pudo desplazarse por medios propios.

Después llegó el momento de las preguntas, toscas, desordenadas. “¿Quiénes son los zurdos?”. “¿Dónde están las armas?”. Y la amenaza: “Si nos decís algo te vas en libertad, de lo contrario vas a Sierra Chica”.

Raffaghelli, hoy juez Nacional de Trabajo, durante su secuestro fue golpeado sistemáticamente. Esa tercera vez, por un llavero: sus captores querían saber pelos y señales de cada una de las llaves que llevaba encima. En realidad, la cuestión era de lo más simple: una llave era de su casa, otra del estudio jurídico y, la restante, de la casa de sus padres, en la ciudad de Lobería. Todos esos lugares fueron allanados y puestos patas para arriba.

Raffaghelli, al momento de ser secuestrado, tenía dos hijos pequeños. De tres y cuatro años de edad. Lo supo tiempo después: los captores encerraron a los niños en una pieza y, en un macabro juego, les preguntaban: “¿Papá tiene muchos amigos…?”, “¿Vienen los amigos de papá a la casa…?”.

“Operativo Tordo”     

Desde Necochea, en dos oportunidades Raffaghelli fue trasladado hasta Mar del Plata, donde el sistema represivo poseía una contundencia diferente. O, planteado de otro modo y como veremos más adelante, era el lugar donde se tomaban decisiones y se atrincheraban los jefes.

Llegó en “condiciones deplorables”, recuerda el propio Raffaghelli. Tenía todos los botones del saco y el chaleco del traje rotos por las trompadas recibidas desde el momento en que había sido secuestrado.

Fue depositado en una celda muy pequeña. La recuerda como una especie de buzón en el que predominaba una densa humedad. Estuvo treinta y siete días incomunicado en ese “buzón”.

Sólo fue extraído en dos oportunidades. Una cree que fue el 26 de abril de 1976. La otra, el 6 de mayo siguiente. Raffaghelli dice que la característica era similar, en todos los casos: el hecho se producía entre las 22 y 23 horas, se evidenciaba el nerviosismo entre los policías de la Comisaría 4ta de Necochea, quienes finalmente lo entregaban a un vehículo y era “paseado” en un viaje que duraba unos veinte minutos. Se llegaba a un lugar militar, o bien controlado por militares, porque había barreras que pasar. Se circulaba sobre pedregullo y ello era evidente por el ruido que producían los neumáticos del vehículo que lo transportaba. Caminaba cincuenta metros y era ingresado a una sala muy amplia, en la que había música a todo volumen.

En esos dos “traslados”, Raffaghelli fue desnudado y puesto sobre una camilla. Recuerda que le humedecieron todo el cuerpo y, de inmediato, fue sometido a tortura con picana eléctrica. La primera vez, la sesión se extendió una hora.

Las preguntas no eran como en Necochea. En Mar del Plata era todo distinto. Le preguntaron por otro abogado laboralista, Norberto Centeno. “Obviamente al doctor Centeno lo considero uno de mis maestros y, por supuesto, dije lo que pensaba de él”. Como respuesta a su convicción, Raffaghelli fue sometido a una nueva sesión de tortura, aunque esta vez con mayor saña.

Escuchó que, en todo momento, los secuestradores se comunicaban por una radio y hablaban de un “Operativo ‘Tordo’”.

Triple A    

Al ser torturado en Mar del Plata, Raffaghelli fue amenazado de muerte. “Me dijeron que, como yo no daba ningún tipo de nombres, ni información, iba a ser derivado directamente a las Tres A, cosa que me llamó mucho la atención porque yo pensaba que [la Triple A] era un organismo que había funcionado entre el ´74 y el ´76, con lo cual mi conclusión es que, en ese momento, estamos hablando de mayo del ´76, había un nexo entre las Tres A y el gobierno militar”, razona el actual juez Nacional de Trabajo.

En ese contexto, recuerda también que el subcomisario Larrea, luego de una sesión de tortura, le dijo que no tomase agua y, nuevamente, que la policía “no tiene nada que ver”, sino que sólo “cumplimos órdenes”.

Pasados los treinta y siete días en el “buzón” y luego de dos “traslados”, para ser sometido a intensas sesiones de tortura, Raffaghelli fue derivado a un pabellón en el que había detenidos políticos. Dice el juez que, en ese lugar, la situación de tortura psicológica fue permanente.

Barda y la Biblia    

El 16 de agosto de 1976 Raffaghelli fue esposado y trasladado hacia un “nuevo destino”: el GADA 601. Lo atendió el jefe militar, coronel Pedro Barda, quien le anunció que “en ese momento iba a ser liberado” y que “si recibía alguna denuncia respecto de mi persona, la próxima vez me traían con los pies para adelante”.

Barda también le hizo una recomendación a Raffaghelli: que tuviera mucho cuidado con las juntas.

Había una Biblia sobre el escritorio del militar. El laboralista no pudo resistirse y le preguntó si era lector de las Sagradas Escrituras. “Por supuesto”, le respondió Barda. “Pero lo que ustedes hacen no tiene nada que ver con una actitud cristiana”, adujo Raffaghelli. La respuesta de Barda fue concisa: “Esto era una guerra”.

Fue liberado Raffaghelli, pero no terminó allí su martirio. De manera permanente fue seguido por automóviles y sujetos que respondían al tipo “servicio”. El actual juez sabe que, en esa actividad de seguimiento estuvo directamente involucrada la policía.

La persecución sistemática fue sufrida por toda su familia y recién en 1979-1980 pudo reinstalar su estudio jurídico.

ALGUNAS CERTEZAS

De algunas cosas no tiene ninguna duda Raffaghelli:

– “En mi caso es clarísimo que mi secuestro fue ejecutado y planificado por el Ejército, a tal punto que mi liberación me la concedió quien tenía el sumo poder en esta zona, que era el coronel Pedro Barda”.

[Durante la dictadura] Era un genocidio no sólo de personas sino también de pensamiento, de una generación que pudiese estar en contra de la ejecución de este plan y la ejecución de este plan no era sólo un plan militar sino un plan cultural, político, económico, laboral. Esto lo puedo decir como testimonio directo porque mis compañeros de prisión eran profesores, algún estudiante y delegados sindicales”. 

– “En el diálogo con Barda me dijo –lo que abona mi tesis sobre el origen de mi detención– que había recibido opiniones negativas de mi persona de parte de importantes empresarios de la ciudad”.

– “Creo que en general la persecución a la profesión no fue solamente exclusiva de Mar del Plata, sino que fue un hecho distintivo en muchos lugares del país. Principalmente los abogados que sufrieron la represión fueron aquellos vinculados a la defensa de detenidos políticos del período anterior a 1973 y algunos que se produjeron antes del ’76 y los abogados de gremios. Esto fue muy claro. Me parece que el mensaje era ‘si logramos que no haya abogados que defiendan presos políticos se lograba el objetivo porque no había nadie que se presentara en Tribunales a reclamar’, lo cual es gravísimo porque se presume que, en los juzgados, por lo menos en Mar del Plata, había alguien que informaba [a los militares] qué abogados presentaban hábeas corpus”.

 

 

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