UNA PATENTE CALAMIDAD

El Lago Güemes, abandonado a su “suerte”


Por Augusto Meyer – ameyer@diarioeltiempo.com.ar
El espejo de agua, al igual que una parte de su entorno, sufren al mismo tiempo la desidia de particulares y de las autoridades que llevan años sin hacer absolutamente nada para conservar y mejorar el lugar. Más bien todo lo contrario. A la luz de lo constatado ayer hay quienes se empeñan en hacer foco, en detrimento del lago, de su desapego por el cuidado de un patrimonio de todos que mucho costará recuperar. –
El Lago Güemes lleva años siendo epicentro de la desidia y falta de compromiso de algunos vecinos y de las autoridades comunales de turno. La falta de cuidados mínimos elementales que el espejo de agua tuvo durante la anterior gestión municipal se continúa –y hasta se agrava- en lo que lleva transcurrida la administración actual. Tanto ciudadanos como los responsables políticos de guiar los destinos de la ciudad no reparan en el daño que le están haciendo a una reserva de agua dulce que, por esa misma condición y al decir de especialistas, tiene un valor inconmensurable. Para el caso del Ejecutivo, el agravante es que hace algunas semanas se informó que se estaba trabajando para recuperar y reacondicionar el nivel del lago, y realizando tareas de limpieza. Eso, según se pudo corroborar ayer, lejos está de su concreción. El lago se sigue secando; la acumulación de residuos de toda índole permanece y, ante el descenso del nivel de agua, gomas, envases vacíos, escombros y otros desperdicios, quedan a la vista para dar un panorama desolador. Trascartón en el lateral que da a la parte trasera de la cancha de Azul Athletic, el agua se estancó –el color verde y el hedor que decanta así lo reflejan- y posiblemente uno de los efectos no deseados ni esperados –el de la contaminación- comenzó a propagarse.
Al cierre de esta edición, vecinos del Barrio Güemes participaban de un chancho móvil y venta de choripanes en la plaza del sector, que según se informó a través de las redes sociales tenía el propósito de recaudar fondos para destinarlos a distintos arreglos en ese espacio público. En la misma publicación se mencionaba la preocupación existente en torno del estado que presenta el lago, algo que los cronistas de este matutino pudimos constatar durante una recorrida realizada ayer al mediodía.
En un comunicado de prensa dado a conocer semanas atrás la comuna indicó que se estaban realizando las tareas del caso para propiciar el llenado del espejo de agua, algo que –al menos hasta ayer- no se cumplió.

UNA FAMILIA CORDOBESA, “AL PASO”


“Yo paré acá por la sombra y para quedar apuntando hacia la salida a la Ruta 51 ¿estaré bien estacionado?”, nos preguntó Sergio, un albañil y metalúrgico cordobés jubilado que ayer se disponía a almorzar a la altura de la segunda de las tres rotondas de la Avenida Mitre, entre el puente y el Lago Güemes. Con la inconfundible tonada, el hombre nos contó que Azul era un lugar habitual de paso en el regreso que emprendía junto con su mujer e hija hacia la capital mediterránea, luego de pasar unos cuantos días disfrutando de Playa Varese, en Mar del Plata.
“Por Azul pasamos para hacer un descansito”, dijo el hombre, que al mando de un motor home buscaría el retorno a sus pagos surfeando por rutas que le permitieran respirar los típicos aires pueblerinos.
“Yo podría tomar por la autopista, pero me gusta pasar por los pueblos como Tapalqué, Bragado, 25 de Mayo y O’Brian. No sé si es más corto, pero es más lindo, más pintoresco”, indicó.
“No conozco otros lugares de esta ciudad. Veo el río (por el Arroyo Azul) y ese monumento que está allá (por la plazoleta del Quijote) y nada más. No sabía de la existencia del parque ni del balneario. Me quedé por acá como para salir directamente a la Ruta 51”, sostuvo el turista ante la pregunta de si –aprovechando el agobiante calor de la víspera- no prefería dirigirse al espejo de agua por excelencia de la ciudad, donde podría refrescarse gratuitamente.
No habían pasado más que unos pocos minutos que, aceptando la recomendación de estos “improvisados guías turísticos”, la familia cordobesa cerró las reposeras y la mesa de camping y puso proa hacia el Balneario a partir de las indicaciones que –a falta de mapas ni cartelería adecuada- le fuimos haciendo. “Ciudad turística”, que algunos dicen que somos. En fin…
 
 

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