El Mercado Municipal, un ícono


Por Eduardo Agüero Mielhuerry
La situación política en nuestra ciudad se había tornado compleja tras el inapropiado e injusto arresto del intendente Ángel Pintos (promovido en base a falsas acusaciones políticas), y el homicidio -en plena sesión- del presidente del Concejo Deliberante, don Eufemio Zavala y García. Desde entonces, el gobernador bonaerense Marcelino Ugarte, quien de por sí era adicto a controlar férreamente el poder a través de cualquier estrategia “caudillista”, dispuso el nombramiento de comisionados en varios Partidos bonaerenses. Incluso su sucesor, Ignacio Darío Irigoyen, continuó con su misma política de manejo territorial y fue él quien nombró a Alcides Carballeda Bazín como Comisionado Municipal de Azul.
Sin embargo, lo que el Ejecutivo provincial no pudo imaginarse fue el profundo rechazo que la figura del Comisionado provocaría en la comunidad. Este sentimiento mayoritario llevó a muchos vecinos a unirse en la que se denominó “Comisión de Fomento”, abiertamente enfrentada a Carballeda Bazín.
Dicha Comisión culminó dando origen al “Partido Popular”, el cual contaba entre sus filas con prestigiosos profesionales, estancieros y comerciantes, destacándose: Federico Urioste, Aquiles Pouyssegur, Evaristo Giménez, Juan P. Sarthou, Enrique Squirru, Luis Arieu y Eduardo Naulé, entre muchos otros. El principal referente de este prestigioso grupo era el reconocido martillero Manuel Castellár.
El 26 de enero de 1911 se realizaron los comicios que dieron triunfador al “Partido Popular” y al haber alcanzado la mayoría dentro del Concejo Deliberante, éste órgano eligió como intendente a Manuel Castellár.
El 7 de abril de aquel año se concretó una transición municipal sumamente ordenada, dando paso a la administración del flamante Intendente, la cual se convirtió en una de las más destacadas y desarrollistas de la primera mitad del siglo XX. Basta con mencionar que el gobierno tuvo entre sus funcionarios y concejales a destacadas personalidades azuleñas como Paulino Rodríguez Ocón, Enrique Squirru, Federico Urioste, Pedro Guiraut, Juan Lacoste, Eduardo Elizalde y Juan M. Navas. Médicos, abogados, comerciantes, periodistas y productores agropecuarios, entre otros, daban cuerpo a un Poder Ejecutivo de ideologías “conservadoras intermedias”, que tenía como destino marcado constituirse en la salida válida ante tanto descontrol y desequilibrio en la administración y la economía municipal.
Con el respaldo en conjunto del Ministerio de Obras Públicas de la provincia de Buenos Aires y la especial anuencia del ministro a cargo de dicha cartera, Dr. José Tomás Sojo, el intendente Castellár proyectó un ambicioso plan de trabajo que pretendía una mejora sustancial del Azul de sus amores.
Tal como destacara Castellár: “A nuestra administración le ha tocado el insigne honor de haber obtenido, en la realización de sus propósitos de progreso moral y material del Azul, el concurso eficaz del gobierno de la provincia, sin cuya ayuda, justo es decirlo, le habría sido imposible llevarlos a la práctica… (…)… No sirviendo nosotros intereses banderizos, pequeños o de circulo, sino los verdaderos y permanentes de la comunidad, se pudo contar con la ayuda oficial”.
Una gran obra para la ciudad   
En sus “Memorias” Castellár decía: “El Mercado Municipal que ostentaba en el centro de la ciudad como una nota discordante en medio de nuestros progresos urbanos, debía desaparecer en homenaje a la salud pública y la estética. El viejo mercado no reunía las más elementales comodidades y era absolutamente reducido, sucio, mal ventilado, impropio en todo sentido del objeto a que estaba destinado. Por otra parte no admitía reforma de ninguna especie y todo gasto que se hubiera hecho en el sentido de mejorar su mal estado, hubiera sido gastar dinero”.
El nuevo proyecto se basó en uno anterior, perteneciente al ingeniero Domingo Selva y planificado durante la administración del intendente Federico Urioste; el nuevo edificio sería “cómodo y estético” y “no monumental”. En consecuencia, Castellár adoptó estas tres características y planteó un amplio local extendido en dos alas perpendiculares desde la esquina integrada por las calles San Martin y 25 de Mayo, donde los puestos serían colocados simétricamente, cada uno con el espacio requerido y suficiente.
A cargo de la obra estuvo la firma “Zone y Brumana”.
Dos emprendedores…    
En los primeros años de la década de 1910, José Brumana se asoció con el constructor Eduardo Zone.
José Hilario Brumana había nacido en Chascomús el 14 de enero de 1882. Era hijo de Ángel Gotardo Brumana y Magdalena Cassano, quienes habían llegado a Azul con sus hijos a finales del siglo XIX. Su padre fue el fundador y propietario de la primera usina eléctrica de nuestra ciudad, establecida en 1904, durante la intendencia de Federico Urioste.
En 1908 José contrajo matrimonio con Aurora Carolina Piazza, con quien tuvo tres hijas: Elena Esther, Dora Aída y Aída María. En 1944, enviudó y, un tiempo después, se casó en segundas nupcias con Adela Josefina Mazzoni.
Brumana fue gerente de la Usina de Azul y paralelamente fundó una importante empresa constructora. Tuvo a su cargo diversos proyectos, siendo de especial envergadura la obra de “Casa Vigna” (esquina Norte de 25 de Mayo y San Martín) y el chalet de Remigio Piazza, en la Av. Piazza 1225. Y aunque su actividad no se detendría en dichas obras,  ni sabría limitarse al Partido de Azul, su sociedad con Eduardo Zone lo marcaría considerablemente.
Eduardo Zone oriundo de San Angelo, Italia, había nacido el 15 de diciembre de 1879. En 1902 contrajo matrimonio en la ciudad de Buenos Aires con América Barbonaglia. Tuvieron tres hijos: Delá, Eduardo Sol y Libertad. Como menciona Augusto Rocca en su libro (“Historia de la arquitectura de Azul”): “con los nombres unidos de su mujer y sus tres hijos, Eduardo Zone formaba la frase: ‘América: Sol de la Libertad’.
Formó varias sociedades, entre ellas con Nicolás Tartaglia, y más tarde con sus propios hermanos, Emilio, Santiago y José Zone. Sin embargo, los proyectos más relevantes de su carrera los conseguiría en su sociedad con José Brumana.
La firma “Zone y Brumana”, que realizó varias obras de importancia, tales como: los antiguos mataderos municipales (ya demolidos), el antiguo Hospital de General Alvear, la Escuela Nº 17 (diseñada por el arquitecto Carlos Vidal Cárrega), como así también la construcción de varios pabellones en el cuerpo de guardia del presidio de Sierra Chica, y la obra del destacado Mercado Municipal de Azul en la esquina Este de la avenida 25 de Mayo y calle San Martín.
¡El gran día!    
Después de un año de labor, el mismo Manuel Castellár, como Comisionado –pues había sido desplazado como intendente, tal era costumbre en la época-, tuvo el orgullo de inaugurar el moderno Mercado Municipal el 16 de febrero de 1913.
El edificio tuvo un total de sesenta puestos destinados a la comercialización de carnes, verduras, frutas y embutidos entre otros productos. En total ocupaba una superficie que corría 60 metros por Avenida 25 de Mayo y 43 por calle San Martín. Una gran mole destinada al abastecimiento de productos frescos y de óptima calidad para toda la población azuleña…
El Mercado Municipal, al cual se lo calificara como “uno de los mejores en la provincia en  el concepto de la estética y de la higiene” (…) “llenó una premiosa necesidad de la comuna y borró para siempre la nota ingrata del barracón inmundo y mal oliente”.
Pasados los años…    
En la actualidad, la esquina luce absolutamente diferente. La utilidad dada el remodelado edificio es totalmente diferente a la original, y en buena medida la fachada se ve desprolija, casi como olvidada. Hay instaladas allí varias dependencias administrativas y municipales, pero poco se cuida del aspecto general del vetusto edificio que a pesar del pretendido aire moderno que se le quiso dar tiempo atrás, recuerda amargamente el estado en el que Manuel Castellár halló al viejo Mercado Municipal. Tal vez no se “borró para siempre la nota ingrata del barracón…”.

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