MARCELO ROFFÉ

“El modelo de exitismo y campeonismo malogra a los niños o niñas que quieran hacer deportes”

Despojadas todas las aristas que también hacen a su preocupación y estudio, la matriz es ésa y es la que detona, entre otras cosas, la incapacidad de imponerse a las adversidades, la frustración ante los magros resultados, llegar sin importar qué camino se recorra. El psicólogo deportivo, ex responsable del área de Psicología del Deporte de las Selecciones Juveniles de AFA y autor de más de una decena de libros, participó del Festival Cervantino de Azul, oportunidad en la que también fue entrevistado por EL TIEMPO.

Marcelo Roffé en el Teatro Español, el mes pasado, durante la charla que brindó en el marco del Festival Cervantino.
NACHO CORREA
“Existe la dictadura del resultado: lo único que importa es ganar”.

JOSÉ BERGER 
Roffé brindo en Azul un taller de pautas psicológicas para entrenadores. 

MARCELO ROFFÉ
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Marcelo Roffé en el Teatro Español, el mes pasado, durante la charla que brindó en el marco del Festival Cervantino. NACHO CORREA

Reducir la motivación de presentar esta entrevista a su mera presencia en el Festival Cervantino, es no tanto reducir los entusiasmos del lector como no valerse de la amplia cosmogonía de conocimientos profesionales, validados con una extensa experiencia, que hacen a la relevancia dentro de la psicología deportiva de Marcelo Roffé.

Una de esas experiencias es quizá la que más lo visibilizó para quienes componemos lo que se dice “el público en general”. Integró el equipo profesional que flanqueó a José Pékerman y el seleccionado argentino en el Mundial de Fútbol Alemania 2006. Quizá sea por eso que, a poco de saludar, interpela ­-entre fatigado y desafiante- “¿me vas a preguntar de la Selección, como todos?”.

Muchos de los tópicos de su labor (estudio, por qué no), muchos de los basamentos que delinean el foco de su abordaje, fundamentalmente en el ámbito del deporte, constituyen la sintomatología madre del sistema que impera y que, aunque maloliente, se yergue sin claudicar. La dictadura del resultado; el éxito como factor legitimador de ciertas prácticas, aunque primero sea necesario determinar a qué se asocia lo exitoso en la macro escala de valores; los niños y niñas considerados como mercancías (la utilidad de sus destrezas) en cuanto y en tanto se los sospeche hacedores de un Éden económico; el moho de la frustración que surge cuando bajan las virtuales aguas del éxito. A cada una (y otras muchas) de estas “patologías”, este licenciado en Psicología y ex presidente -­al cabo de 11 años- de la Asociación de Psicología del Deporte Argentina le pone un espejo por delante, en pos de la quijotesca aventura de conseguir que las personas (casi exclusivamente los adultos) se enfoquen, recapaciten y, al menos un poco, se abochornen al observar lo que ese espejo devuelve.

Pero no todo es negatividad en su universo. El actual presidente de la Sociedad Latinoamericana y del Caribe de Psicología de la actividad física y del Deporte (SOLCPAD), llegado a Azul en el umbral de la publicación de su nuevo libro, “Formando al líder de un equipo”, subraya las virtudes de la realización deportiva, enfatiza sobre las determinaciones (genéticas y, después, en la experiencia) y la necesidad de un líder en un grupo, si es caudillo tanto mejor; pondera sus méritos en contraposición a los cosméticos de un jefe, alienta a acercarse a aquellos que se desvisten de vanidad porque se saben parte de un grupo; y asesta, para diferenciarlos, un crudo diagnóstico: “Si habla de ‘nosotros’ es líder, si dice ‘yo’ es jefe”.

Toda esta somera introducción es una suerte de prólogo a la entrevista que Marcelo Roffé mantuvo con EL TIEMPO, en un hueco entre charlas, clínicas y otras notas. Leelo, utilizá su espejo y fijate de qué lado de la mecha te encontrás.

-La diferencia entre líder y jefe y su referencia de que líder se nace. ¿Qué puede aportar la genética para la determinación de la condición de liderazgo? ¿Es la genética o el contexto el que conforma al líder?

-Como el campeón, el líder primero se nace y después se nace. Lo mismo la capacidad de resiliencia, aprovecharte de las situaciones adversas, reinventarte, renacer. También, primero se nace y después se hace. Y un líder tiene que tener capacidad de resiliencia y, de alguna manera, tiene que tener pasta de campeón.

Y, en realidad, lo que vemos, en las empresas y en el deporte, si bien hay diferencias y similitudes, lo que abundan son los jefes. En mi nuevo libro que se llama “Formando al líder de un equipo” y que hicimos con Sebastián Riccardi, un poco lo que apuntamos es a ver cuáles son las características que tiene que tener un líder. Un líder tiene que ser humilde, tiene que saber escuchar, tiene que tener empatía, tiene que motivar, tiene que saber comunicar, tiene que valorar a todos, tiene que saber construir equipos, tiene que ser buena persona, tiene que estar en los detalles, tiene que mantener el control emocional en los momentos más difíciles, tiene que tener un alto grado de esfuerzo y de trabajo, y muchas cosas más. Como verás, ¡no es para cualquiera! Por eso sobran los jefes. Un líder dice “nosotros”, un líder no inspira miedo, un líder guía.

-Quizá ser jefe esté dado, relacionado, con disposiciones burocráticas, el ser funcional a intereses mercantiles e, incluso, una práctica obsecuente. Se desestima la construcción genuina.

-Jefe es piramidalmente su lugar en la estructura, asimétrico. Después hay que ver si es un jefe o un líder. Es como el capitán: no todos los que tienen la cinta son capitanes. Hay liderazgos formales e informarles, y hay liderazgos positivos y negativos. Si habla de “nosotros” es líder, si dice “yo” es jefe.

En este libro, que tiene prólogo de Yepes y Mascherano, que son dos caudillos, que es más que un líder, yo cuento la anécdota de un compañero mío del Colegio Nacional Buenos Aires que en un momento fue a renunciar a su puesto en el Correo Argentino. Pedro Lespada, como estudiaba Filosofía y Letras en la UBA, fue y le dijo a su jefe “la verdad es que no puedo estudiar 8 horas por día, dar clases y, aparte, trabajar y rendir en el correo”. Su jefe, que era líder, le preguntó cuántas horas podía trabajar. “Depende -le dijo Pedro-. Cuando tengo examen, falto, y si no, 20 horas. Y hay semanas que 40”. “Bien, perfecto, no renunciás”, le respondió. “Bueno, muchas gracias, pero por qué”, le preguntó mi compañero. Y el jefe le aclaró: “Porque vos en 20 horas me resolvés más que otro compañero tuyo en 40”. Lo sostuvo y, después, Pedro terminó siendo gerente de Recursos Humanos del Correo Argentino. Eso marca la capacidad del que está al frente de tener una visión, de valorar una persona y darse cuenta de quién tiene recursos y quién no.

-Usted ha referido también a la capacidad de asimilación de los cambios, que a veces son conflictivos, que posee un líder. Muchas veces, cambios sumamente necesarios que al jefe le hacen perder seguridad.

-Sí, porque el jefe es temeroso. Es como un corchito que flota en el Riachuelo, se siente muy cómodo en las aguas de la mediocridad. Cuando aparece algo que brilla, que él lo ve como amenazante, busca apagar ese destello. Porque esa luz lo desnuda en su incomplitud y su mediocridad.

-Es un espejo de todo lo que lo avergüenza

-Exactamente, y él es muy conciente de eso. Por eso es que José Ingenieros dice en “El Hombre Mediocre”, su excelente libro, “la mediocridad se contagia, el talento no”. Igualmente, lo que vemos en alto rendimiento es que con el talento solo no alcanza. Hay que tener inteligencia, inteligencia emocional, y hay que tener personalidad. Personalidad mata talento.

Sumando a todo lo que dijimos antes, no tiene que tener problemas para manejar los miedos y tiene que tener firmeza, que no quiere decir mal carácter, mala manera de ser. ¡El don de gente no se compra! Vos no podés ir a un negocio y decir “dame medio kilo de talento, medio kilo de don de gente y un kilo y cuarto de empatía”.

“Modelo de exitismo y campeonismo”

-Marcelo, usted hablaba de las presiones y en el deporte, el fracaso no está dado por las implicancias propias del juego (por caso las del fútbol), sino más bien por todo lo que ha venido a intoxicar al juego. ¿Cómo juegan emocionalmente las nociones de éxito, de “ser alguien”, de “llegar”? ¿Y cómo interviene la familia en la alimentación de ese clima opresivo?

-El problema es ganar como sea, a cualquier precio. Y eso es lo que nos han instaurado en la sociedad desde hace 30 años. Que el segundo es el primero de los fracasados, que no hay que valorar el proceso…

-Que nadie se acuerda de los segundos

-Lo cual es mentira, porque todos nos acordamos del Argentinos Juniors que perdió la final con la Juve, de Holanda aunque perdió la final con Alemania…

-Del Huracán de Cappa

-Del Huracán de Cappa, sí. Entonces… ¡es mentira! Obviamente que los resultados son los que le dan mayor brillantes al trabajo. O no. Pero eso en cualquier ámbito. Todos perseguimos los resultados, pero no es tan fácil conquistarlos. Aparte, uno los conquista y 29 no. ¿Entonces, qué? ¿Son 29 fracasados? Para Colombia, salir quinto en el Mundial después de tres mundiales sin clasificar y de nunca ganar más de dos partidos, fue como un campeonato del Mundo. Entonces hay que ver cada contexto, cada situación, cada objetivo y cada sueño en función de la historia también de cada persona y cada equipo.

En ese sentido, si bien el exitismo está globalizado, lo que nosotros escribimos en el libro “Mi Hijo el Campeón, las presiones de los padres y el entorno” es que este modelo de exitismo y campeonismo malogra a los niños o niñas que quieran hacer deportes para ser mejores personas, para internalizar valores, para tener amigos, para pasarla bien, para no estar tanto con la tecnología. Lleva el camino a un eje equivocado, estos padres que o quieren salvarse económicamente a través de los hijos o quieren que el hijo o la hija realicen la propia frustración de que ellos no pudieron llegar a la elite. En los dos casos equivocan el objetivo y, muchas veces, el entrenador es cómplice. Y como decimos en el libro, “el cementerio del deporte está lleno de talentosos”, que se malogran aunque tengan condiciones.

-Y en esa alineación que propicia conductas violentas de los padres no sólo entre sí, sino que en ocasiones se da con rivales de sus hijos, ¿qué culpa tiene el deporte? No parece que el fútbol, su esencia, lleve a cosificar a tu hijo y tonarlo una mercancía (aunque pertenecemos a un sistema de mercancías) que debe valer más que otras.

-Está bien lo que decís, no tiene la culpa pero, muchas veces, es facilitador en una sociedad enferma como la nuestra. Porque el problema de los niños o niñas somos los adultos, con deporte o sin deporte. Y somos más modelo por lo que hacemos que por lo que decimos. Entonces, en ocasiones, puede ser un facilitador para la impaciencia, para la intolerancia, cuando tendría que ser al revés. Por eso en un club que yo asesoro en otro país, se les prohibió a los padres ir a los entrenamientos. Con fundamentos, en un taller de padres, y lo han tomado bien. O, según unas encuestas que vamos a mostrar en la charla, el 98% de los padres, en EE.UU, México y España, reconoce que no puede controlar las emociones al momento de la competencia. ¡El 98%!

-¡Todos!

-Por eso nosotros les pedimos que si no pueden controlar las emociones, que no vayan a las competencias. No le podemos prohibir que vayan, pero sí pedirles que tengan pautas de comportamiento. Es verdad que es difícil, cuando juega tu hija o tu hijo, no enajenarte. Pero si no podés controlar esas emociones hacé terapia, y si no quedate en tu casa, no lo perjudiques. No estamos bien en la sociedad y tampoco en el deporte, porque existe la dictadura del resultado: lo único que importa es ganar.

“Queda lo duradero y prestigioso”

-¿Cómo analiza su profesión inmersa en el deporte? Hay quienes los caracterizan como charlatanes, ajenos a lo esencial de cada juego. Los desvaloriza. Una dicotomía que, salvando las distancias necesarias, se parece a la que suele darse entre el arquitecto y el albañil.

-La psicología del deporte ha venido teniendo avances importantes. Yo soy psicólogo desde el 90 y me dedico a la psicología del deporte desde el 94. Y vivo de esto y no me quejo; hago lo que me gusta y me va bien. Ahora, si bien ha ido avanzando, porque los entrenadores, los deportistas y los dirigentes van viendo que cada vez se necesita más nuestro aporte, también nosotros hemos ido encontrando cada vez mejores respuestas a las demandas.

Por eso es que hacemos hincapié en que es necesaria una especialidad, que primero hay que ser psicólogo y después dos años de especialidad. En ese sentido creo que vamos avanzando despacio pero a paso firme.

Hay que gente que no lo van a entender nunca, es como los técnicos que quieren que su equipo juegue como el Barcelona y tienen jugadores que no lo van a entender nunca. Porque es un sistema táctico que requiere una capacidad cognitiva que no cualquiera lo puede captar. Y esto es lo mismo. Nosotros vamos a trabajar con líderes que están en los detalles, que desmenuzan los detalles, y en la diferencia que hace la diferencia. Y eso no es para cualquiera. En ese sentido, muchas veces te sentís que no sos profeta en tu tierra. Después hay modas (coach, neurociencias) y como toda moda pasa, y queda lo duradero y prestigioso y lo que tiene fundamento. Y, en ese sentido, tratamos de ser cada vez más profesionales.

MÁS QUE LÍDERES, CAUDILLOS

José Pekerman.

José Pekerman.

Marcelo Roffé tiene sus líderes y caudillos distinguidos. Celebra la posibilidad de la que dispuso al haber trabajado largo tiempo junto con jugadores y directores técnicos que hicieron gala de esos dones. Ante la consulta de cuáles eran esos profesionales a los que él subraya por su capacidad de liderazgo, cuáles ocupan los peldaños del podio personal, responde sin titubeos.

 “Dos ya te los nombré y son los prologuistas de mi nuevo libro: Yepes y Mascherano. Un placer trabajar con ellos. ¡Y son más que líderes, son caudillos! Tienen una fuerza superior, no cualquiera es caudillo.

Después, Pablo Zabaleta también es un líder. He trabajado con Lucas Biglia, Fabricio Coloccini, líderes silenciosos. Fue un poco la marca de Pékerman en juveniles, una escuela de valores, si su liderazgo era de esa manera, ¿cómo sus capitanes iban a ser de otra?

Y entrenadores líderes, Pékerman es uno con el que trabajé. Hay muchos entrenadores buenos con los que trabajé: Ferraro, Tojo, Zielinski, Zubeldía, hay muchos. Pero Pékerman es un líder, trabajé 15 años con él. Por ejemplo, en el Mundial éramos 23 para 23: 23 del equipo técnico, médico, interdisciplinario, administrativo, que incluía cocinero, fisiólogo, psicólogo deportivo, analista de videos, ayudante de campo en las tres líneas, para 23 jugadores. Eso es: un líder construye equipos interdisciplinarios”.  

 

2016-11-1411_tapa“Fui entendiendo que uno es siempre parte de algo, un grupo, un equipo, un sueño compartido o una aspiración grupal. Entonces debemos esforzarnos para dar el máximo y ayudar a que el compromiso sea de todos, no imponiéndolo, sino tratando de que se comprenda, de que se quiera y desee y de anteponer el todo al uno.

El libro me atrajo desde el primer momento. Es un tema que a mí me interesa especialmente, hoy como jugador y ya imaginándome como entrenador. Recomiendo el capítulo de propiedades de un equipo, el de resiliencia (clave para ser un buen líder) y sobre todo la parte de capitanes con todas las letras así como las acciones de un mal caudillo”.

Fragmento del prólogo escrito por Javier Mascherano para el libro “Formando al líder de un equipo”, 2016, de Marcelo Roffé y Sebastián Riccardi.

 

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