EFECTO CALENTAMIENTO

El Niño genera un caos climático a nivel mundial

 

 

Inundaciones, tornados y olas de calor como no se veían en décadas generaron durante la última semana alarma en distintos puntos del planeta. Mientras algunas regiones del planeta soportan temperaturas inusualmente altas con sequías e incendios, otras se encuentran bajo agua debido a intensas lluvias que causan desbordes de ríos e inundaciones.

En una vasta región del Litoral argentino las consecuencias de las crecidas de los ríos, sobre el cierre del año 2015, han dejado daños cuya extensión aún no es posible dimensionar. DYN
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En una vasta región del Litoral argentino las consecuencias de las crecidas de los ríos, sobre el cierre del año 2015, han dejado daños cuya extensión aún no es posible dimensionar. DYN

Como una confirmación de lo serio del problema discutido semanas atrás en la Cumbre de París, el 2015 concluyó en medio de un caos climático a nivel mundial.

En el término de los últimos diez días se desató sobre el planeta una serie de eventos meteorológicos de una escala y en una cantidad que no se registraba en décadas: inundaciones en Argentina, Paraguay, Uruguay y Brasil; lluvias devastadoras en el norte de Inglaterra; una severa sequía en Colombia; incendios forestales en España, tornados en el sur de Estados Unidos, y una ola de calor extremo en Australia.

No hubo región del planeta que quedara a salvo de los azotes de un clima que parece escapar a toda previsión.

Si bien la Organización Meteorológica Mundial, la agencia climática de Naciones Unidas, había advertido en noviembre pasado que, dada la temperatura del Pacífico, el fenómeno de El Niño se presentaría esta vez con inusual intensidad, no son pocos los científicos que atribuyen su virulencia a los efectos del calentamiento global. En otras palabras, el mundo estaría sufriendo por estos días las consecuencias de un combo climático tan impredecible como devastador.

Aunque algunos climatólogos ponen en duda que exista vínculo entre la magnitud con que se está presentando el fenómeno de El Niño y el calentamiento global, lo cierto es que 2015 se convirtió en el año más cálido jamás registrado, cerrando un lustro que en lo que hace a altas temperaturas no tiene tampoco parangón. Y no menos significativo resulta a su vez que el planeta esté superando ya el umbral simbólico que representa el hecho de que su temperatura promedio haya subido 1 grado centígrado con respecto a la que había antes de la revolución industrial.

Es así que incluso los climatólogos más escépticos no pueden negar que -ya sea por causas humanas o naturales- existe un calentamiento de base que ha llevado a que se estén registrando eventos récords por todos lados y que gran parte de las catástrofes meteorológicas con que terminó 2015 tienen que ver justamente con el calor.

Efectos del calor

Temperaturas anormalmente cálidas para el invierno en gran parte del territorio de Estados Unidos (tan inusuales que Nueva York llegó a la Navidad con 22º) constituyen la causa más mencionada cuando se explica la seguidilla de tornados que azotó el fin de semana pasado el sur de ese país. Y es que si bien se trata de una región donde suelen producirse eventos de este tipo, lo común es que ocurran durante la primavera, rara vez cuando el invierno ya arrancó.

Nueve tornados golpearon el sábado de la semana pasada al estado de Texas arrasando en pocos minutos centenares de viviendas y cobrándose la vida de al menos once personas. El más poderoso de ellos afectó a Garland, un suburbio de Dallas, con fuerza 4, la segunda más potente de la escala, y vientos que alcanzaron los 320 kilómetros por hora. El fenómeno se produjo en medio de un temporal generalizado que obligó a cancelar más de 1.400 vuelos e hizo que también los estados de Misuri, Oklahoma, Nuevo México, Alabama, Misisipi y Georgia se declararan en emergencia.

Con uno de los inviernos más cálidos de los que se tenga registro, también España sufrió el fin de semana pasado los efectos catastróficos del calor. Por la sequía y las altas temperaturas, los bosques de la región montañosa de Asturias, Navarra y Cantabria se convirtieron en el escenario de decenas de incendios forestales. Antes de que el martes pasado lloviera, en la región llegó a haber hasta doscientos focos de fuego que devoraron de un tirón 54.000 hectáreas de bosques y campo, una cifra que supera el total acumulado en los dos años anteriores, según el Ministerio de Agricultura español.

Del otro lado del mundo, también en Australia la ola de calor tuvo días atrás un efecto devastador. Decenas de incendios forestales se registraron el fin de semana pasado en el estado de Victoria, donde destruyeron un centenar de viviendas y miles de hectáreas de campo. Si bien no se registraron allí víctimas fatales, si las hubo al norte del país como resultado de lluvias no menos extremas que desbordaron los ríos desatando otro peligro mortal: cocodrilos. Las autoridades de la zona lanzaron a mitad de semana una alerta por la presencia de réptiles en los centros poblados a causa de la inundación. “Puede ser que no los veas, pero ellos te ven”, advertía el comunicado que recomendaba a la gente alejarse de las zonas anegadas.

Bajo agua

Mientras algunas regiones del planeta soportan temperaturas inusualmente altas con sequías e incendios, otras se encuentran bajo agua debido a intensas lluvias que causan desbordes de ríos e inundaciones. Y el caso más serio, como es sabido, se está dando actualmente en el noroeste argentino, el oeste uruguayo, gran parte del territorio paraguayo y el sur de Brasil. Se calcula que en toda la región son más de 300 mil las personas que debieron dejar sus hogares a causa del agua e iniciaron el año alojados con familiares o en centros de evacuación.

La peor parte se la lleva por lejos Paraguay. La acumulación de lluvia en su territorio y el sur brasileño causaron el desborde del río homónimo, que a su vez provocó la muerte de seis personas además de 90 mil evacuados en las áreas ribereñas cercanas a Asunción y otros 70.000 en el resto del país.

El mismo fenómeno produjo a su vez las crecidas de los ríos, Iguazú, Paraná y Uruguay provocando una de las mayores inundaciones en el litoral argentino y la ribera uruguaya de la que se tenga registro en más de medio siglo. El Año Nuevo arrancó con 16 mil uruguayos evacuados, principalmente en Artigas, Salto y Paysandú, y otros 30 mil en nuestro país.

Si bien tanto el Paraná como el Uruguay comenzaron a estabilizarse sobre el final de la semana, sus niveles siguen estando en rango de evacuación, por lo que se cree que, aun en caso de que las lluvias aflojen en los que resta del verano, van a pasar varios meses para que miles de familias encuentren las condiciones necesarias para volver sus hogares.

Aunque era de esperar que, por el fenómeno de El Niño, este verano lloviera más de lo común en toda esa región, el agua también se ensañó con el hemisferio norte. Tras cinco fuertes tormentas, Frank, la sexta que se desatada sobre las islas británicas en las últimas semanas, terminó de complicar la delicada situación que venían atravesando algunas ciudades del sur de Escocia y norte de Inglaterra, en particular Cumbria, Lancashire, el Gran Manchester y Yorkshire.

Las inundaciones, que dejaron bajo el agua viviendas y comercios especialmente en la ciudad de York, obligaron al gobierno de David Cameron a desplegar 500 soldados para ayudar a evacuar a los residentes. Se estima que los costos por esta catástrofe -que por ahora no causó víctimas mortales- ascienden a 7.830 millones de euros.

Y FALTA “LA NIÑA”

Con todo, el caos climático que atraviesa el planeta –según un reciente informe difundido por la NASA– no sólo está lejos de remitir y sino que podría ser seguido por otro de magnitud similar. La fuerte corriente de El Niño en el Océano Pacífico “no muestra signos de disminución” y si bien se espera que llegue a su fin en marzo, eso no implica que la situación vaya a mejorar. “Podría ser seguido por un La Niña, igualmente poderoso”, advierten expertos de la NASA.

Con condiciones climáticas esencialmente contrarias a las de El Niño, La Niña cambia los patrones climáticos globales provocando menos humedad en el aire sobre las aguas oceánicas más frías. Esto se traduce en menos lluvias en las costas oeste de todo el continente americano y más en el Pacífico Occidental.

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