El pájaro vio el cielo y se voló…

QUERIDO AMIGO DE LOS AZULEÑOS

A los 90 años de edad, en la tarde del viernes, falleció Mario Miguel Marateo. Aficionado a las aves, apasionado investigador, ganador del concurso “Odol Pregunta” y “Ciudadano Ilustre de Azul”, tuvo una vida en la que cosechó el cariño de toda la comunidad.


Teresita y Mario Miguel Marateo, en su hogar, a poco de cumplir 65 años de matrimonio… ARCHIVO/EL TIEMPO/NACHO CORREA

Por Eduardo Agüero Mielhuerry

Mario Miguel Marateo nació el 2 de mayo de 1928, en un humilde hogar de nuestra ciudad. Sus padres fueron Antonio Marateo y Mercedes Angélica Álvarez, dos trabajadores incansables que supieron criar al niño y a su hermana, María de las Mercedes, plagados de amor a pesar de las necesidades diarias.

Desde su infancia, Mario Miguel tuvo una frenética pasión por los pájaros y a través de los años fue profundizando sus estudios, sin tutores ni maestros, simplemente guiado por su espíritu curioso.

Mario Miguel cursó parte de sus estudios primarios en la Escuela N° 1, luego estuvo en el Asilo “San Antonio” durante dos años y terminó el 6° grado de la mano del maestro Alfonso Cataldo.

Para ayudar a la economía de su casa pronto comenzó a vender diarios y luego trabajó en el Mercado Municipal (ubicado en la esquina este de 25 de Mayo y San Martín); fue cadete de la Farmacia “Mola” y vendedor en la Zapatería Astral de Gabriel Villanueva. Ingresó en la Marina y después de cuatro meses de reclutamiento pasó a la Fragata Sarmiento, de donde, por “problemas de conducta”, lo dieron de baja. En consecuencia, volvió a su querida ciudad donde trabajó en “Casa Etam” y más tarde volvió a trabajar en la Zapatería Astral.

Amor, trenes y plumas…  

A los 19 años de edad ingresó como peón de cargas del ferrocarril, siéndole asignado como destino la Estación Coronel Rodolfo Bunge. Luego llegaría su turno de trabajar en Azul y éste sería el destino final donde halló, con el paso del tiempo, su jubilación.

El 17 de enero de 1953, en la Iglesia de Monte Viggiano, Olavarría, Mario Miguel contrajo matrimonio con Teresa Ida Bonora, su joven novia de 19 años, oriunda de la vecina localidad.

Probablemente la vida de aquél peón ferroviario hubiera sido igual o similar a la de cualquiera. Sin embargo, su pasión por las aves lo llevó a transitar un camino inusitado y escribir una página de oro en su historia personal, en la cual, como “buen hijo” supo también agradecer a la tierra que lo vio nacer.

A partir de 1960 comenzó a mandar cartas al programa televisivo “Odol Pregunta”, para concursar, e incluso su hermana “Mecha” lo anotó personalmente en 1965, pero no obtuvo respuesta hasta dos años después. Marateo fue citado para un examen previo, a cargo del doctor León Benarós, evaluación que aprobó satisfactoriamente y con muy buenos elogios. Todo estaba listo…

El miércoles 5 de julio de 1967, a las 22 horas, todos los azuleños sintonizaron Canal 13 para ver “Odol Pregunta”, el popular programa conducido por “Cacho” Fontana, en el que Mario Miguel comenzó a concursar contestando sobre “Pájaros de la provincia de Buenos Aires”. El concurso se desarrolló durante dos meses, con niveles impensados de televidentes, llegando a alcanzar picos de audiencia de 39 puntos la noche del 30 de agosto (Día de Santa Rosa y, casualmente, Día del Ferroviario), cuando finalizando el certamen, Fontana le realizó una pregunta “trampa”. Descubrieron una larga mesa con más de cincuenta pájaros embalsamados (desde pichones hasta pájaros adultos) y le pidieron a Mario Miguel que identifique al Pirincho, al que habitualmente conocemos como Urraca. “No –dijo con certeza-, ese pájaro no está sobre la mesa”. Y efectivamente no estaba. Así se alzó con un premio de un millón de pesos. Y su vida cambió…

Popularidad y tangos   

Marateo editó su primer libro “Pájaros argentinos”, del cual se agotó la tirada de 30.000 ejemplares. Y se popularizó en todo el país la frase “¿Qué pájaro sos que Marateo no te conoce?”.

En 1972 fue nuevamente convocado a participar en “Odol pregunta. Ronda de ganadores”, compitiendo  por dos millones de pesos. Sin embargo, tras tres empates consecutivos con Claudio María Domínguez (quien con tan sólo 12 años contestaba sobre mitología griega), se decidió desde la producción del programa repartir el premio en partes iguales, siendo ambos ganadores.

Hasta Mirtha Legrand lo tuvo en su mesa en seis oportunidades, incluso casi veinte años después de aquellas victorias.

El anonimato pasó a ser parte del pasado. Los recibimientos en Azul siempre fueron multitudinarios, sin embargo, para Mario Miguel no había mejores momentos que los que pasaba con sus padres, su adorada Teresita y su familia.

Pronto llegó su segundo libro “El aficionado a los pájaros”. Escribió múltiples artículos para los periódicos El Tiempo y Diario del Pueblo, participó de diversas charlas y disertaciones, y regresó a la televisión en reiteradas oportunidades.

En diciembre de 1998 fue declarado “Ciudadano Ilustre del Partido de Azul”.

En octubre de 2002 su amigo Félix Campodónico le propuso hacer un programa radial todos los domingos por la mañana. Así comenzó por FM del Pueblo “En familia y sin Re-Fu-Po” (En Familia y sin religión, fútbol ni política). El programa se mantuvo al aire durante nueve años,  espacio en el que Mario Miguel, junto a Teresita, supo también canalizar su pasión por Carlos Gardel, siendo merecedor en 2006 del premio CADUCEO.

Descansar en el nido…   

Mario Miguel forjó un estilo de vida poco común en nuestros tiempos, con humildad y la modestia propia de los grandes hombres que no necesitan demostrar nada. Un ser querido, una figura respetada en diferentes ámbitos, receptor de consultas continuas por parte de especialistas o de legos, a los que atendía en su hogar (al que cariñosamente había bautizado “Teresita”), escuchaba y respondía con amor por su pasión: las aves.

Poco a poco, Mario Miguel y Teresita fueron soltando responsabilidades y se quedaron en la tranquilidad del hogar, recibiendo como siempre a sus amigos y acompañados por el inmenso cariño de sus vecinos, que de alguna u otra manera los cuidaban.

En julio de 2017, gracias a la inmensa colaboración de Alberto Sarramone, Mario Miguel tuvo el placer de reeditar su libro “El aficionado a los pájaros”,  a través de Editorial Biblos.

Volar alto, hasta alcanzar el cielo…  juntos…

Lamentablemente, el 25 de enero del corriente año, falleció Teresita y desde ese momento la vida de Mario Miguel ya no fue la misma. Como alguna vez se escribiera, el amor entre ambos era palpable, inmenso, chispeante… alcanza con recordar lo que Mario Miguel le escribió: “Tus ojos me matan de amor, tus ojos para mí son luces de ilusión que alumbran la pasión que albergo para ti. Yo no sé cuántas noches de insomnio en tus ojos pensando pasé… Sólo sé que yo llevo en el alma tu imagen marcada con el fuego del amor”.

Ella siempre estuvo a su lado; cuando ganó en “Odol Pregunta”, cuando publicó sus libros, cuando fue a la televisión y hasta fue su conductora en el programa radial, y como leal compañera también estuvo en los malos momentos. Sin lugar a dudas dos almas gemelas se encontraron en nuestro plano terrenal… hasta para coincidir en el gusto por el pájaro Federal.

El dolor ante la ausencia de su amor se hizo cada día más grande… En los últimos meses la salud de “El Hombre de los pájaros” se quebrantó considerablemente. Finalmente, en la tarde de ayer, 14 de diciembre de 2018, Mario Miguel Marateo falleció a los 90 años de edad.

En su libro, en su legado, escribió: “Azul es mi ciudad natal, enclavada en el centro mismo de la provincia de Buenos Aires, te invito. En esta zona tenés para visitar parques, sierras, pampas, lagunas, arroyos, etc., donde podrás observar la ornitofauna en su ambiente natural, con alrededor de 160 especies.

No olvides que este libro fue escrito por un aficionado con 6º grado de estudio y traté de explicarlo en forma simple, como lo son mis modestos conocimientos, y algo de lo que aprendí quise volcarlo aquí tal cual lo pienso y siento.

Si alguien te dice que no son tristes las despedidas, decile que se despida y verá que en un simple adiós hay tristeza, amor, cariño y la esperanza de volverse a encontrar. Por eso simplemente te doy las GRACIAS..

Hoy, los azuleños te decimos: “¡Mario Miguel, gracias por tu ejemplo de vida! ¡Adiós, hasta el reencuentro! ¡Vuela, vuela alto, en la libertad del cielo, vuela junto a tu amada Teresita!”.

 

 

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