EL PARO DE LA CGT DE AYER: INTERNET, EL NUEVO CARNERO

 

Pasó el primer paro general que le hizo la CGT al gobierno de Mauricio Macri, jornada en la que se confrontaron varios modelos de país. Lo que hoy está claro es que hoy, viernes 7 de abril, las cosas seguirán igual para todos los trabajadores, ya que no habrá disponible más empleo ni se verán menos pobres en el horizonte. Tampoco esta huelga va a variar mágicamente la imagen que tienen los sindicalistas, hoy negativa de toda negatividad, dirigentes que en su confusión, a la hora de evaluar la jornada, pasaron en minutos, en una misma conferencia de prensa, de proclamar un “paro contundente”, a decir que se trataba apenas de un “llamado de atención” hacia el Gobierno.

Esta primer medida de fuerza contra Cambiemos se desarrolló en una tensa jornada cargada de mensajes en clave, acusaciones, hipocresías a troche y moche en todos los lados del mostrador, pulseadas en la calle, peligro de desmadre y aprovechamientos varios en la que el Gobierno, la dirigencia sindical y la izquierda promotora de los piquetes jugaron sus propios partidos mirando más a la platea que al desarrollo.

Todos saben que este paro general, que ha sido en verdad más que importante y suena como una advertencia que el Gobierno no debería ignorar, aunque se sienta agrandado por la marcha del sábado pasado, nació con un pecado de origen aquella tarde del 7 de marzo, cuando los kirchneristas y la izquierda le coparon al triunvirato cegetista el palco en la Diagonal Sur y los corrieron a golpes y patadas. En cada expresión, en cada respuesta, en cada movimiento de la jornada, los jefes de la CGT tuvieron presente siempre aquel fantasma. Hasta sacaron a relucir el “diálogo”, que efectivamente falta en la Argentina, pero que ellos mismos dinamitaron cuando se retiraron de la mesa tripartita. Es verdad que los empresarios no cumplieron con el compromiso de sostener el empleo, pero fueron estos mismos sindicalistas quienes dijeron adiós y a partir de allí se enredaron demasiado en decisiones inorgánicas, hasta culminar en aquella tarde de la huída del palco.

Frente a tal realidad, quizás Macri podría escuchar o hasta moderar algo de lo que quiere hacer, tal como le piden los mismos dirigentes que se agravian como ningún otro porque el Presidente habla de “mafias que están en los sindicatos, la política, las empresas y la Justicia”, aunque después se sacan fotos a la hora de los acuerdos sectoriales que aplauden.

Lo cierto es que desde la Casa Rosada se sigue proclamando que el modelo del Estado populista que gasta a troche y moche, que emite dinero y controla precios porque sólo privilegia el consumo, mientras paradójicamente cierra la economía y castiga a los consumidores, especialmente a los más pobres, se terminó en la Argentina. Al menos, hasta el próximo turno democrático.

En todo caso, de ahora en más podría darse un proceso que quizás suavice algo la sucesión de cambios que, empeñado en salir de ese modelo que la propia CGT de Hugo Moyano combatió hasta el 10 de diciembre de 2015 porque generó una fábrica de pobres, Macri dice que está decidido a llevar adelante, aunque hasta ahora con poco éxito: menos déficit fiscal, mayor inserción en el mundo, apertura no indiscriminada, crecimiento, inflación acotada hacia la baja y apuesta a las inversiones para generar empleo.

Y todo esto, en un momento en el cual efectivamente el Gobierno también declinó el diálogo de carácter político porque se ha empeñado en polarizar electoralmente con el kirchnerismo rumbo a octubre, en medio de un proceso aún difuso de recuperación económica. Desde la Casa Rosada se habla chicaneramente de un “paro de transportes”, pero lo que parece que está en colapso es la metodología. Casi lo mismo había sucedido en las últimas huelgas que se le hicieron a Cristina Fernández.

En este punto, vale hacer una mención especulativa, fruto de los nuevos tiempos, para que los sindicalistas tomen nota de aquí en más: atención que hoy, no existió falta de transporte público ni piquete físico que haya podido detener a quienes trabajaron desde sus hogares, vía un módem y una PC. Ni tampoco a quienes operaron online con sus bancos o a quienes vendieron por Internet.

¿Cuántos fueron? Pese a que algunos se manifestaron en las redes sociales, han sido los invisibles de la jornada y a ellos no los maneja ni el triunvirato ni la izquierda. Ni siquiera los gobiernos, por supuesto.

 

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