El pedido

Por Ignacio Levigne

Rodolfo tuvo la oportunidad que todos soñamos: se encontró con Dios. Le pareció un poco más gordo de como lo había imaginado pero no quiso perder el tiempo en detalles. Cuando se disponía a realizar su pedido, Dios lo interrumpió  para advertirle:

Recuerda que sólo tienes un deseo.

Rodolfo, que era un ávido lector de cuentos maravillosos, notó lo poco generoso que era su Dios si se lo comparaba con  los genios y siguiendo el rigor de la trama solicitó como era de esperar:

—Deseo  volver al instante  anterior a mi muerte con una lapicera en la mano.

Dios se sorprendió por el pedido,  pero como no acostumbraba a discutir los deseos de nadie abrió la palma de la mano derecha  e hizo aparecer la lapicera. Luego  posó su otra mano sobre la frente de Rodolfo y éste emprendió el regreso: Viajó en el tiempo hasta llegar al día 28 de junio de 1976.  Se encontró atado al elástico de una cama en un oscuro garaje que traspiraba humedad, y escuchó nuevamente los gritos entremezclados con el sonido de la radio a todo volumen. Con desesperación miró hacia el costado izquierdo y vio la lapicera en su mano. Hizo un gran esfuerzo, pero aunque en trazos desprolijos, alcanzó a escribir en la pared:

No podrán separarnos. Nos encontraremos en el futuro.

Papá.

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