“El problema era que querían poner el sindicato, nada más”

En el marco del juicio Monte Pelloni II se presentaron cuatro nuevos testigos vinculados al caso de la fábrica FABI. Los testimonios fueron breves pero reforzaron la represión y la arbitrariedad de las detenciones ocurridas en mayo de 1976.
La audiencia del jueves pasado por el juicio Monte Pelloni II duró poco, apenas más de una hora, pero alcanzó para reforzar los hechos ocurridos en 1976 en la localidad  olavarriense de Hinojo. Con cada testimonio quedó claro que un grupo de trabajadores de la Fábrica de Bolsas Industriales (FABI) fue detenido por miembros del ejército y la policía bonaerense en el marco de la organización de un sindicato que pudiera defender sus reclamos laborales. El caso FABI es relevante en diversos aspectos ya que da cuenta del apoyo que brindó la dictadura a los intereses empresariales; amplía su campo de acción más allá de la represión física de la militancia política; y demuestra que no existió rincón en donde no operara. La localidad de Hinojo de hace más de 40 años atrás es pequeña en comparación con la actual y, sin embargo, allí también actuó la represión.
El tribunal estuvo presidido por el Dr. Víctor Bianco y estuvieron presentes el Dr. Juan Manuel Portella en representación del Ministerio Público Fiscal y el Dr. Guillermo Torremare por la APDH. Por su parte, la defensa contó con la presencia de seis abogados. El primer testimonio fue el de Carlos Alberto Canobi, un ex trabajador de FABI que no fue víctima de las detenciones que se juzgan pero que sí trabajaba en esa época y fue testigo de los hechos. Señaló que en esos momentos había conflictos gremiales por el sindicato. “El problema era que querían poner el sindicato, nada más”, dijo.
Canobi pudo nombrar algunos de los trabajadores que fueron detenidos y señaló a Zuljevic (ex jefe de FABI) como la persona que ante los militares marcó a quienes debían llevarse. También contó que previo a este episodio existieron suspensiones y despidos, y que incluso el mismo había sido suspendido en una oportunidad. Ante las preguntas del fiscal respecto de cuáles eran los reclamos puntuales, Canobi manifestó que los trabajadores no tenían quien los defendiera dado que no existía un gremio que los representara y que por ello buscaban “tener la defensa del obrero”. Por su parte, los abogados defensores, intentaron dar cuenta de unas pintadas y disparos que se habrían realizado sobre algunas viviendas de trabajadores que no se plegaban a las protestas. De esta manera, se intentaría justificar las detenciones producidas, aunque sería difícil justificar las torturas denunciadas. Canobi señaló que los trabajadores detenidos, una vez que consiguieron la libertad, no pudieron regresar a la fábrica.
“Los castigaron y los picanearon a todos”    
El segundo testimonio fue el de Irma Lidia Beratz, viuda de Ignacio Alberto Morey, trabajador detenido de FABI. Este fue el testimonio más extenso de la jornada, duró casi 20 minutos y dio cuenta de las secuelas psicológicas que quedaron luego de las detenciones y las torturas sufridas. Beratz contó que vio a su marido una vez que lo trasladaron a la cárcel de Azul, ya que antes no se lo habían permitido. Allí pudo notar los golpes y marcas en el cuerpo producto de las torturas recibidas. “Los castigaron y los picanearon a todos. Hay uno que hasta las muelas le sacaron (…) Tenía marcada la cara, los brazos, las piernas, incluso los ojos tenía negros”, detalló. Beratz contó que todo esto lo supo porque pudo verlo y porque además se lo contaron los compañeros de su marido, ya que él nunca quiso hablar del tema. “Yo le pregunté un montón de veces sobre las torturas y no me contestaba… agachaba la cabeza y se le caían las lágrimas. Era tabú, pero se los veía marcados”, manifestó. La testigo contó que vio al militar Aníbal Verdura en el operativo de detención de los trabajadores y relató que los militares ingresaron a su casa buscando material que incriminara su esposo pero no encontraron nada.
Pocos recuerdos   
Los últimos dos testimonios fueron los más breves por varias razones. Daniel Horacio Morey, hijo de Irma Lidia Beratz y Alberto Morey, tenía 3 años al momento de los hechos. Poco recordaba de lo sucedido y dado que su padre no había contado mucho los hechos denunciados, no tenía demasiada información para aportar. “Lo que yo sé es muy poco porque mi padre nunca quiso contar”, afirmó. El último testimonio fue el de Alicia Isabel Di Dino, viuda de Alfredo Valicenti, ex trabajador de FABI, también detenido en 1976. Di Dino solo contó que su marido fue detenido, que recién lo pudo ver cuando salió en libertad, que no pudo volver a trabajar a la fábrica y que su marido no le compartió nada de lo sucedido. Durante su testimonio se la notó angustiada y el presidente del tribunal pidió a las partes tener en cuenta su estado emocional.
Las audiencias continuarán este viernes desde las 10 con tres nuevos testimonios. Queda claro que hay una historia que aún duele, que cuesta poner en palabras y que hay familias y toda una comunidad que, en la actualidad, desconoce parte de lo sucedido. De esta manera la justicia se presenta como una oportunidad para reconstruir aquello olvidado. O tal vez ocultado intencionalmente. (Por Leandro Lora . Agencia Comunica y Radio Universidad FACSO)

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