El proceso de desmilitarización se estancó con la salida de producción de FANAZUL

Los datos fueron publicados por el matutino La Nación, a partir de fuentes consultadas en el Ministerio de Defensa. “Hay en los cuarteles más de 10.000 toneladas de chatarra bélica”, afirmó el periódico de circulación nacional.

Ingreso principal a la Base Naval Azopardo. Según publicó el matutino La Nación, en ese asentamiento de la Marina de Guerra, más precisamente en el sector de los polvorines, se almacenan más de 2.000 toneladas de chatarra bélica. La desactivación de armas y de municiones era una de las funciones que venían cumpliendo los trabajadores de FANAZUL hasta diciembre del año pasado. ARCHIVO/EL TIEMPO/NACHO CORREA


El interrogante quedó planteado en un informe que días pasados publicó el matutino La Nación, bajo el título “Hay en los cuarteles más de 10.000 toneladas de chatarra bélica”. En la crónica se da cuenta de la existencia, de acuerdo con los datos que obtuvo el matutino porteño de una alta fuente del Ministerio de Defensa, de la Base Naval Azopardo como “uno de los depósitos de mayor concentración” de esos materiales, “con más de 2000 toneladas”, pertenecientes a la Armada. Entre las armas y municiones fuera de uso almacenado en las distintas unidades de la Marina de Guerra, indicó La Nación, hay chatarra que data del año 1950.
Cabe recordar que personal contratado de Fabricaciones Militares tenía, entre otras misiones, las de realizar el desarme de proyectiles y el cese de funcionamiento de armas de antaño.
Según el informe, un par de años después de la fatídica explosión en Río Tercero, el gobierno de entonces se hizo eco del reclamo y desactivó la Compañía de Munición 601 y trasladó el material a cuarteles del interior, donde todavía se mantiene.
“Hoy, la Argentina cuenta con más de 10.000 toneladas de munición explosiva obsoleta, repartidas en distintos puntos del país, ubicadas en polvorines pertenecientes a las Fuerzas Armadas. Para dar una dimensión de la cifra mencionada, 500 kilos fue la cantidad de explosivos que se utilizaron para la demolición del Albergue Warnes, conjunto edilicio que existió entre 1951 y 1991 en el barrio porteño de La Paternal”, señaló LN.
Según fuentes gubernamentales consultadas por el periódico, el problema principal del almacenamiento de municiones es el gasto y el peligro que representa guardar durante varios años el material obsoleto. Las dos variables se cruzan porque es necesario mantener un personal especializado que se dedique a la seguridad de los depósitos y, además, contar con un grupo de técnicos que controlen la existencia de “compatibilidad de municiones”. Estas funciones las venían cumpliendo los trabajadores de FANAZUL y la idea de seguir adelante con dichas tareas fue expuesta por los propios fabriqueros en el proyecto que hicieron llegar a manos del vicejefe de Gabinete Gustavo Lopetegui. Semanas atrás, la iniciativa fue desestimada por la Dirección General de Fabricaciones Militares.
Al referirse a ese procesos que venía llevando adelante personal contratado por Fabricaciones Militares, en la nota se resaltó la importancia de seguir adelante con la “desmilitarización” de esas armas y municiones en desuso.
“Su desmilitarización es requerida no solo por el impacto que podría tener el material en el medio ambiente, sino también para su destrucción total o el desarme para la reutilización de alguna de sus partes. Tal es el caso del trinitrotolueno (TNT), que se puede obtener de algunos explosivos y sirve al sector minero para dinamitar distintas áreas. La desmilitarización de esta basura minimizaría el riesgo ante situaciones como lo que sucedió en Río Tercero. Lo que tenemos en depósitos no son chupetines, son bombas”, dijo a LN una fuente del Ministerio de Defensa que prefirió mantener su identidad en reserva.
Las unidades navales tienen el mayor porcentaje de material obsoleto almacenado, que incluye minas marinas, torpedos, armas antisubmarinas, cohetes, misiles y munición de artillería naval de distintos calibres.
Los sitios en los que se guarda este material se denominan “polvorines” ubicados en distintos puntos del país. Uno de los depósitos de mayor concentración está ubicado en Azul, con más de 2000 toneladas, pertenecientes a la Armada. Se localizan en 30 galpones, dentro de las 3500 hectáreas del predio militar Arsenal Azopardo, muy cercano a Fabricaciones Militares (Fanazul), planta estatal que cesó su producción a fines de diciembre.
Otra de las localizaciones con mayor volumen de basura bélica es la Base Naval Puerto Belgrano, cerca de Bahía Blanca, a pocos metros de la ciudad de Punta Alta, lo que la transforma en un lugar altamente riesgoso para la seguridad de la población, según los especialistas.
EL PROYECTO DE LOS FABRIQUEROS
El 28 de enero pasado, EL TIEMPO dio cuenta del “plan técnico de los fabriqueros” que se hizo llegar a manos del vicejefe de Gabinete Gustavo Lopetegui. El trabajo comienza recordando y resaltando que FANAZUL es “la única planta productora de TNT en Fabricaciones Militares y en América Latina” y que, mientras que Polonia y Alemania en la comunidad Europea, y EEUU para uso militar, “asemejan la calidad de nuestro producto”, el de “China es de inferior calidad”. Otro punto destacado es que nuestro Partido camina a una expansión real y concreta del desarrollo de la actividad minera, motivado esto último por la construcción de la autovía de la Ruta N° 3.
Finalmente se enuncia el proceso de “desmilitarización”, labor que los fabriqueros venían realizando y que proponen continuar y profundizar.
Según hicieron constar, a partir del convenio oportunamente firmado con la Armada Argentina se venía realizando el desarme y descarga de municiones de artillería acumuladas tanto en instalaciones del Arsenal Naval Azopardo como de la Base Naval Puerto Belgrano, sita en el Partido bonaerense de Coronel Rosales. En tal sentido se efectuaban tareas de “destrucción por voladura” –trabajo reservado a personal calificado- en virtud de los acuerdos ya firmados.
 

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