El proyecto de Dios sobre los pobres y la Iglesia

HOMILÍA

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Escribe: Miguel Esteban Hesayne.

Obispo Emérito de Viedma.

www.cristifero.com.ar

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El capitalismo liberal-el neoliberalismo, temen al pobre. La pobreza social es un conflicto. Hay casos que hasta lo consideran un enemigo, por eso han inventado la ayuda como contención; aplacar al enemigo.

Por el contrario, el cristiano ama al pobre como Dios lo ama, a tal punto que en Jesucristo -su Hijo hecho Hombre- se hizo pobre. Y Dios desde su amor, es una solución para el pobre. Jesucristo en su evangelio nos ha dejado solución para la pobreza indigente.

Dios soluciona al hombre desde el hombre, haciéndose Hombre. Dios soluciona la pobreza indigente desde el hombre: haciéndose Hombre pobre, y suscitando hombres que desde su pobreza, solucionen la indigencia. Suscita la Iglesia pobre.

Es la conclusión a la que se llega cuando se sigue el pensamiento de Dios sobre los pobres y la pobreza. Dios ama a todos, pero su preferencia son los pobres. Es lo que acontece en una familia; el padre y la madre derraman su ternura, prodigan sus cuidados con preferencia al hijo o la hija de alguna manera carenciado.

Los dejo con una síntesis de un estudio teológico bíblico “Pobreza evangélica y promoción humana (*)”. Este estudio servirá a las comunidades cristianas para encarar la pobreza indigente como Dios la encara y transformarse en Iglesia pobre. Tema que se irá desarrollando en un servicio de formación de una cultura política humana y humanizante.

“Desde el concepto de pobreza, que hemos analizado en toda su plenitud bíblica, la Iglesia como tal debe ser pobre, no tanto por razones de tipo social como por razones profundas de tipo religioso.

Yo no hablaría mucho de “Iglesia de los pobres”, sino de “Iglesia pobre”. La primera expresión, aunque reconozco su validez, puede prestarse a una cierta ambigüedad. La Iglesia aparecería como la consoladora celestial de una desgraciada condición humana, que dejaría de serlo por su incorporación de que la evangelización apareciera a los ojos humanos como un freno de la promoción. Es la misma Iglesia la que como tal debe ser pobre: su realidad eclesial sólo ha de aceptar, para subsistir, lo que sea estrictamente necesario. Solamente así podrá ser digno de un Dios que es un puro don gratuito.

En el Concilio Vaticano II se ha hablado insistentemente contra el triunfalismo y la ostentación de la Iglesia.  Un grupo considerable de obispos han afirmado un compromiso solemne de lucha eficaz contra estos gestos de poder y de riqueza que apelmazan el vuelo evangelizador de la Iglesia. El fino humor cristiano ha bautizado este documento con el nombre sugestivo de “esquema 14”: realmente, la Constitución conciliar sobre la Iglesia en el mundo actual –el famoso “esquema 13”- no podrá lograr su eficacia si la Iglesia como tal –sobre todo, sus pastores- no se deciden a convertirse en signos eficaces de la trascendencia gratuita del don divino.

El eclipse de Dios que de una manera tan alarmante se ha producido en el seno mismo de las viejas cristiandades, se debe indudablemente a este espesor de la riqueza y el poder que con su densa opacidad han destruido la transparencia divina de la Iglesia.

Una Iglesia humanamente poderosa y rica, no puede de ninguna manera transparentar la lejanía trascendente del “Absolutamente-otro”.

En el horizonte de la propia humanidad atómica sólo podrá reaparecer Dios a través del sutil y fino celaje de una Iglesia pobre, humilde y despojada”.

(*) Pobreza evangélica y promoción humana. José María González Ruiz.

 

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