CUARTOS DE FINAL DEL TORNEO APERTURA   

El punto se convirtió en banca

Los pronósticos (que comenzaron a torcerse en la ida) mayoritariamente apostaban a que Alumni vencería a este Chacarita irregular, que había llegado a cuartos en la última oportunidad. El tricolor se rebeló a esas expectativas y ayer llegó a semifinales, luego de empatar 1 a 1 en un partido que no jugó bien, pero que resolvió desde la suficiencia defensiva.

Un “Petaca” llena de felicidad. Matías Palermo festeja su gol con Pioli. El central funebrero fue una figura trascendental de Chacarita en el Emilio S. Puente.
FOTOS NICOLÁS MURCIA
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Un “Petaca” llena de felicidad. Matías Palermo festeja su gol con Pioli. El central funebrero fue una figura trascendental de Chacarita en el Emilio S. Puente. FOTOS NICOLÁS MURCIA

Chacarita obtuvo lo que fue a buscar, el empate. Y en la estrategia empleada para abordar el partido, implícitamente aparecía el reconocimiento de que enfrentaba a un rival superior. Objetivo cumplido: en semifinales, un cupo lo ocupará el sureño.

La virtud del tricolor –no obstante la de ganar la llave, para lo cual fue clave la ida– ha sido ayer la de arreglárselas (con escasos vestigios de la estética pasada) para que Alumni mordiese el anzuelo, perdiese el rumbo y se viera envuelto en una manera de jugar que lo tornaba muy improductivo. Esto se vio notoriamente en los últimos 15 minutos aproximadamente del primer tiempo y en el lapso final del complemento. Cuando no fue así, especialmente Morales y Palermo se erigieron como bastiones de la resistencia. El local debió ganar el partido, pero los méritos no siempre rayan en el marcador.

Era muy previsible la fotografía que el cotejo nos mostró inicialmente. El conjunto alumnista instalado en campo visitante, con Blando conectando posiciones con mucha lucidez, y Chacarita (que rápidamente dejó traslucir las intenciones) agrupándose contra su área y ensayando salidas prontas por los costados. Las proyecciones alternadas de los laterales Bossi y Arrigoni, alentaban esa política.

El balón iba y venía a lo ancho del campo en los pies albinegros y con el aval de su oponente. Esto no preocupaba a los sureños hasta que llegaba el pase vertical y la decisión de pasar a fase ofensiva; la amalgama centralizada (Blando-Layús-Ridao) comenzó a deslucirse y a recibir una más efectiva contraposición defensiva y por los costados, en posiciones un poco más estáticas, Zirilli y Guevara se las debían arreglar en el uno a uno, en parte su razón de ser. Pero de la fluidez inicial que posibilitaba que Alumni fuera profundo, el partido pasó al trámite más anegado que y opaco que beneficiaba los anhelos funebreros.

Chacarita descansaba en las pelotas largas y abiertas que, por izquierda, manejaba Pioli con buen tino en los desbordes y, por derecha, generalmente Escribano, cuyas intenciones pasaban más por enfilarse hacia el arco. La visita disponía del partido que necesitaba, ante un rival que recurría a herramientas que no le son naturales. No necesitaba atacar el tri, se preocupaba por aumentar la frustración de la cebra.

Y si el tri necesitaba confirmaciones de que los vientos del partido (o las brisas) se disponían a su favor, el gol le aportó certezas. En tiempo cumplido, un centro bajo enviado desde la izquierda, Ibáñez que no consigue contener, un rebote en el poste y Matías Palermo que, sobre la línea, empujó a la red.

La apertura del segundo tiempo fue el inicio mismo de la gran reacción alumnista, un largo lapso en el que el local mereció mejor fortuna en el marcador.  Para los cinco minutos, Alumni había consumado tres ocasiones nítidas para anotar; dos las repeló Morales, la otra propició el empate. Unos pocos metros fuera de su área mayor, Pomphile sacó un larguísimo pelotazo frontal que encontró el pique de Jesús Zirilli por delante del círculo central; “Yeyo” corrió casi todo el campo tricolor con la defensa de Chacarita persiguiéndolo, enfrentó a Morales y le cruzó el esférico contra su palo zurdo.

El equipo de Mariani estaba con todo a su favor. Creció mucho Mazzante, Ridao mostró mejores asociaciones en corto con Blando y Alexis García tuvo un ingreso inquietante y con mucha intervención.

Chaca no sabía cómo rebelarse al imperio local. No producía respuestas de los volantes (tanto en la administración del juego como en la resistencia al avance albinegro), zona en la que no emergía el peaje necesario para que Alumni no fuera con tantas licencias contra el fondo sureño.

Aun cuando la inquietud anímica le condicionaba el criterio, el albinegro monopolizaba el juego, daba forma a la fisonomía que poseía el cotejo, imponiéndose a equipo que necesitaba descansar (o distraer) la pelota bien lejos de Morales, y no podía lograrlo.

Y en esa contraposición de posibilidades y astucias, el partido comenzó a extinguirse y en Chacarita, la mueca de ofuscación fue mutando en sonrisa y aprobación. El ingreso de Couce y algunos movimientos de posiciones, aportaron al visitante de efímeras –pero venturosas– oportunidades de adormecer el trámite. En esas pequeñas circunstancias, Alumni se exasperaba y se adormecía, pero no terminaba de transformarse en profundo pesar.

El festejo sureño que desató el pitazo final de Elichiri (al que el partido se le fue escurriendo merced al pacto de “libertad” que estableció), hizo notar que el plantel no sólo se antepuso al mejor equipo del torneo en la fase clasificatoria, sino también a casi todos los pronósticos. Nadie quiere cruzarse a los “gringos” en playoff. Motivos hay.

LA FIGURA 

Martín Morales

De la mano con Palermo, el 1 tricolor se convirtió en una estupenda figura del partido ante Alumni. Logró atajadas espectaculares en momentos sustanciales (dos en los primeros minutos del complemento).  Sus intervenciones mantuvieron fáctica y anímicamente a Chacarita en el partido y fueron frustrando la ilusión rival.

 

 

 

 

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