PANORAMA POLÍTICO NACIONAL

El repiqueteo de la Iglesia copó la escena

Más allá de las sucesivas referencias sobre la situación social del país que hacen muy seguido los obispos, la presencia eclesial en el día a día de la última semana se dio en las homilías del 25 de Mayo, especialmente en la del cardenal Mario Poli, que fue ampliamente difundida y comentada en los medios. A su vez, las redes sociales explotaron el viernes con las interpretaciones de la visita de Hebe de Bonafini al Papa Francisco. A eso se suma el Informe del Observatorio de la Deuda Social de la UCA sobre el empleo.

En la homilía que el cardenal Poli leyó frente al Presidente, el 25 de mayo, solicitó "inteligencia y pasión al servicio del bien común". DYN
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En la homilía que el cardenal Poli leyó frente al Presidente, el 25 de mayo, solicitó "inteligencia y pasión al servicio del bien común". DYN

Por Hugo E. Grimaldi – Agencia DyN

La Iglesia esto, la Iglesia aquello. Más allá del histórico reconocimiento a los jubilados y del controvertido blanqueo de capitales que encaró el Gobierno, cuestiones que se van a unir en un solo proyecto de ley o de la polémica más bien técnica sobre si la prometida lluvia de dólares podría llegar a poner en peligro la competitividad del país, todos temas de la semana, tres de cada cuatro informaciones de estos días han aludido de modo recurrente al relevante papel que hoy cumple esa institución en la Argentina.

Como organización, la Iglesia ha sido vital para Cambiemos, desde que los curas del Conurbano recibieron la orden de ayudar activamente a María Eugenia Vidal -y por extensión a Mauricio Macri– a desplazar al kirchnerismo del gobierno por su pasado asociado a la pobreza, la marginalidad y el narcotráfico pero, por sobre todo, por el eventual peligro que podían representar para el tejido social los sucesores K de Daniel Scioli.

El Papa es argentino y el verticalismo para seguir sus instrucciones, aún políticas, es casi un dogma      

Más allá de las sucesivas referencias sobre la situación social del país que hacen muy seguido los obispos, la presencia eclesial en el día a día de la última semana se dio en las homilías del 25 de Mayo, especialmente en la del cardenal Mario Poli, que fue ampliamente difundida y comentada en los medios, mientras que las redes sociales explotaron el viernes con las interpretaciones de la visita de Hebe de Bonafini al Papa Francisco. En tanto, el Informe del Observatorio de la Deuda Social de la UCA aportó lo suyo en cuanto a referencias sobre el empleo, tema relevante si los hay en estos tiempos de incertidumbre y, sobre todo, haciendo una marcada de cancha muy precisa sobre la “herencia recibida”.

La inteligencia macrista -la del círculo más cercano al Presidente y también la otra- se devana los sesos para decodificar tamaño repiqueteo de la Iglesia, tal como no se recuerda desde hace muchísimo tiempo y ha llegado a la conclusión de que no se trata de la tradicional diplomacia vaticana, la que lleva dos mil años de experiencia, sino que el Papa es argentino y el verticalismo para seguir sus instrucciones, aún políticas, es casi un dogma.

Lo que no se calibra muy bien en el Gobierno es si se trata de su personalidad de jesuita indescifrable, antes que la de peronista orgánico, la que mete continua púa y mueve los hilos desde afuera o si es porque el caso de su país le ha caído como una carga adicional a su presencia pastoral urbi et orbe y se siente obligado. Pero, de lo que no tienen duda es que hoy Jorge Mario Bergoglio resulta ser un referente ineludible en el devenir de la política doméstica y en las charlas de la mesa chica presidencial se debate si lo mejor es el tendido de puentes con él o la negación de su poder.

¿Una crítica o una advertencia?    

Si todo lo sucedido en estos días son bajadas de línea del Papa o hay paranoia oficial al respecto ya se verá pero, lo concreto, es que los hechos sucedieron y dejaron secuelas y muchos interrogantes en quienes habitan la Casa Rosada. Igualmente, una cosa es el debate que se ha instalado a pleno en la calle y otra es creer con cierta ingenuidad que Macri no tenga tendidas líneas de mayor certeza con referentes eclesiásticos de aquí y de allá.

Por ejemplo, en la homilía que el cardenal Poli leyó frente al Presidente solicitó “espíritu servicial y humildad” e “inteligencia y pasión al servicio del bien común” y le pidió a Dios que “no” permita “que nuestras promesas defrauden a la gente, ni alimenten el desaliento y el desencuentro entre hermanos de esta gran familia que habita la casa común que es nuestra Nación”.

¿Es la referencia a la defraudación una crítica o se trata de una advertencia, casi una ayuda de la Iglesia, para que el macrismo no entre en la misma lógica de promesas incumplidas que hizo del kirchnerismo un previsible cliché? Cuando Poli solicita “crear espacios y mesas donde podamos compartir la sabiduría del diálogo”, ¿es una imposición al gobierno de Cambiemos o una crítica al régimen anterior? Apenas terminada su homilía, el jefe de Gabinete, Marcos Peña salió a decir que el Gobierno compartía “el 100 por ciento” de sus dichos; sin embargo, alrededor de Macri hay quienes sostienen que una mesa de diálogo no arreglaría nada.

Esperando los resultados para calmar a la Iglesia    

En esos conciliábulos alrededor del Presidente, quienes opinan que hay que acercarse al Papa suponen que éste quiere ayudar y que a cinco meses de su asunción no lo puede hacer con un “cuiden a Mauricio”. Creen que por eso recibió a Bonafini, para dejarla que descargue sus violencias y manifieste en público sus exageraciones: “vine a hablar de la angustia y el dolor de un pueblo que vivía feliz”, le dijo a su anfitrión, al tiempo que describió a Francisco como alguien “muy triste” porque la situación “le hacía acordar a la del ’55”.

En tanto, el grupo de quienes le sugieren a Macri no prestar atención de lo que creen son apretadas políticas del pontífice mira en las encuestas cierto deterioro de la imagen papal y supone que si todo sale bien, los resultados que se logren finalmente calmarán las críticas de la Iglesia. Y en el aspecto de los datos históricos del legado kirchnerista, el propio Papa no pudo haber sido engañado por Bonafini, ya que conoce de primera mano el panorama que presentó el lunes pasado el Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA).

Por más que, al igual que la titular de Madres, los medios kirchneristas hayan hecho un recorte interesado de la realidad para contar la gran cantidad de pobres y de desempleados que se agregaron en estos meses y adrede dejaron de lado la herencia del modelo anterior, lo concreto es que el informe de la UCA marca un descarnado punto de partida para el nuevo gobierno, algo que ningún macrista hasta ahora se ha animado a expresar con tanta crudeza, ni mucho menos a difundir en su amplitud, ni siquiera para retrucarle a Bonafini “todo lo que hicimos en 12 años”. Cuando se dice que el gobierno “comunica mal” ésta es una prueba fehaciente.

Cuestionamientos de la UCA 

Entre los cuestionamientos más severos de la bomba de tiempo que significó para el actual gobierno un “estado de situación” cristalizado hacia fines de 2015 en materia económica y social, en especial en materia de empleo, entre otros, la UCA marcó:

– Pese a las extraordinarias oportunidades que tuvo el país durante esos años, ningún cambio cualitativo tuvo lugar en materia de ingresar a una senda sustentable de desarrollo socioeconómica y ambiental.

– La pobreza, la marginalidad y la desigualdad serían actualmente, luego de una década de fuerte crecimiento, más estructurales que hace veinte o treinta años.

– Hace un lustro que la economía está estancada en materia de inversión y crecimiento, sin creación de nuevos buenos empleos, al mismo tiempo que sometida a un desgastante proceso inflacionario, un generalizado desorden macroeconómico y un insostenible déficit fiscal.

– La negación sistemática de problemas acuciantes, entre ellos la inflación, la pobreza o la inseguridad, habría sido un instrumento del discurso político para confrontar en el plano retórico.

– La incapacidad para acordar consensos sociopolíticos amplios impidió una vez más que el país pudiera contar con un plan estratégico para enfrentar tanto la emergencia como los problemas estructurales que nos mantienen en el subdesarrollo.

Tampoco el gobierno actual la sacó barata en materia de críticas con respecto a sus primeras medidas, aunque con la chance de que todavía tiene tiempo para hacer correcciones. Ni mucho menos los empresarios:

– La nueva administración apuesta a alcanzar soluciones más estructurales en la lucha contra la pobreza a través de un régimen de mayor libertad económica y seguridad jurídica; a partir de lo cual confía en lograr un derrame de inversiones, empleo y bienestar.

– También ha buscado activar -aunque a veces algo tardíamente- una serie de medidas de alivio social.

– Mientras se espera que este plan heterodoxo (no centrado en el equilibrio fiscal ni monetario) logre su cometido de recuperar la confianza y reactivar la inversión, algunos actores sociales, en particular los empresarios empoderados pudieron, una vez más, protegerse frente a la incertidumbre. La estanflación especulativa ha seguido siendo la moneda de cambio de un empresariado nacional con escasa gimnasia capitalista.

– Cabe advertir sobre el riesgo que encierra poner demasiadas expectativas en el “derrame social” que podrían generar las nuevas inversiones.

– Sólo bajo un encuentro económico-social amplio, en donde se pongan en discusión las diferentes responsabilidades en juego entre quienes han sido particularmente empoderados, podrá surgir tanto un plan de emergencia como de desarrollo que priorice a los sectores más débiles, seguramente ausentes en la mesa de negociaciones.

“Que no nos paralicen las estadísticas”     

Más allá de que tal convocatoria a un acuerdo económico-social siga estando ausente, se imponen las siguientes preguntas. ¿Se están repartiendo con equidad los costos de la herencia? El Gobierno se defiende diciendo que no se pueden comparar 12 años con 5 meses, mientras que la estrategia defensiva del kirchnerismo está centrada en igualar responsabilidades en todo, ya sea en las operaciones de dólares-futuro o queriendo poner en un pie de igualdad a Lázaro Báez con el primo de Macri o emparentando el lavado de dinero con el caso de los Panamá Papers que involucra al Presidente, a quien ahora se le cuestiona su declaración de activos en el exterior por tenerlos y pagar los impuestos.

Más allá de la rosca política y de los desvíos criminales que deberá dirimir la Justicia de los hombres, en una de sus frases más difundidas, el cardenal Poli le pidió a Dios “que no nos paralicen las estadísticas”, pero además, solicitó que “no perdamos la sensibilidad para escuchar y redoblar esfuerzos y servicios ante el dolor de los más pobres, de las familias que sufren la humillación por carecer de lo esencial”.

Finalmente, y esto trasciende inclusive al Bergoglio político, ésa es la misión pastoral de la Iglesia, de allí su lógico repiqueteo. Y a quien le quepa el sayo que se lo ponga.

 

 

 

 

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1 Comment

  1. Edgardo

    mayo 31, 2016 at 12:48 pm

    Una opinión o un comentario sin firma no merece ser leído.

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