LA SEMANA POLÍTICA

El sentido de la memoria

Los 40 años del golpe militar deben dejar en claro que este país no puede repetir las tragedias del pasado.
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Los 40 años del golpe militar deben dejar en claro que este país no puede repetir las tragedias del pasado.

El aniversario número 40 del inicio de la última y más cruel dictadura cívico – militar desafía a este país a no volver a zambullirse en las sombras. Los silencios cómplices, un sistema de exterminio bajo la figura del desaparecido y un modelo económico que redefinió a la sociedad. De las frases hechas a las épicas inconclusas.

 

Escribe: Carlos Comparato (comparatoc@yahoo.com.ar)

El etéreo país de sombras largas y luminosos espejismos, inentendible, incontrastable, paciente tejedor de épicas inconclusas, conmemoró los 40 años del último golpe cívico – militar. Cadenas de discursos de repudio, la necesidad de preservar la memoria, la verdad y la justicia como consigna de una sociedad que suele trozar su historia. Una  base autoritaria fue siempre el germen propiciatorio para las asonadas militares durante el siglo XX pero el golpe de 1976 marcó un punto de no retorno y llenó de culpa a este país virulento de consignas. Hubo socios, cómplices silenciosos y una aceptación social ante la degradación que se vivía con un gobierno a cuyo frente estaba una inimputable como Isabel Martínez viuda de Perón, un brujo asesino como José López Rega, un peronismo de derecha con la Triple A desparramando muertos, una guerrilla que ya estaba en retroceso y una militancia que sin celulares y con la rebeldía del antipoder desgranaba sus últimas utopías.  Fue el escenario perfecto, con instituciones de la Nación en plena huida, para el horror que se derramaría: la eliminación del pensamiento y el sistema más perverso, con pocas semejanzas en el mundo, como fue el plan de desaparición sistemático de personas asociado el robo de bebés. Ni muertos ni vivos, una figura siniestra que el propio dictador Jorge Rafael Videla gestualizó en un intento de declaración a la televisión.

 

Eliminación del pensamiento    –

No había jueces, ni siquiera tribunales militares. Fue mucho más atroz porque ni siquiera se trató, en la mayoría de los casos, de enfrentamientos armados. Eran los secuestros en las madrugadas para ejecutar la limpieza del pensamiento, la eliminación del otro. Y no se trata, a esta altura, de justificar los asesinatos de la guerrilla. Esa fue la gran excusa para imponer un programa económico, político y social que significaría una bisagra en la historia argentina. La autocrítica debería alcanzar a todos.

Tampoco se trató de una línea recta todo el proceso. Duros enfrentamientos internos entre los militares pergeñados por el proyecto económico del más crudo liberalismo implementado por Videla y el ministro de Economía José Alfredo Martínez de Hoz que chocó con los intereses políticos de Eduardo Massera que imaginaba su proyección política a través de una denominada “democracia social” y su diario Convicción como ariete. Su redacción estaba integrada por experimentados periodistas que venían desde el peronismo de derecha hasta de la izquierda y se podían leer notas alabando a Trotsky, ironizando al modelo económico de Martínez de Hoz pero ejerciendo, desde su editorial, una férrea defensa del papel de la Armada en el proceso militar.

 

Socios del silencio    

Todo demasiado oscuro. A la complaciente sociedad que iba a Miami con el famoso “2 x 1”(que se repetiría con el menemismo), hasta el silencio (apoyo) del Partido Comunista Argentino alineado a la ex Unión Soviética porque el gobierno militar le vendía cereales frente al bloqueo internacional. O la posición de Cuba de no condenar a la dictadura en las Naciones Unidas. En esa trama se encuentra la participación en distintos niveles de dirigentes políticos o la zigzagueante relación con los Estados Unidos que, luego de la derrota de los republicanos que apoyaban la dictadura, el gobierno demócrata de James Carter tuvo una postura de denuncia por la violación de los derechos humanos.

El relato de la historia o, si se quiere, su interpretación, es demasiado dramático para sumergirse en simplificaciones y remitirse a un aroma adolescente de frases hechas.

 

Azul, un semillero   

Azul ocupó un papel ineludible en la llamada “lucha contra la subversión” encubierto por un consenso social. Junto a Tandil y Olavarría, con la presencia de fuertes unidades militares, cumplieron al pie de la letra la estrategia represiva y de propaganda en un vasto sector de la provincia de Buenos Aires incluyendo campos de concentración y numerosos desaparecidos. Esta ciudad, además, fue un semillero de represores como el ex marino Alfredo Astiz o el ex policía Miguel Etchecolatz, por citar dos “famosos” , ambos con parientes aquí a los que habría que agregar a los agentes de civil, militares y policías retirados.

Ya hay nuevas generaciones que sienten cierta lejanía de todo esto o intentan comprender los colgajos de tanta locura. Es bueno entenderlo pero dándole un sentido a la memoria.

 

El endeudamiento   

Consultado Horacio Verbitsky, presidente del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) por la agencia Paco Urondo sobre el balance a 40 años del golpe, señaló que “por un lado fue un proyecto exitoso en cuanto a la remodelación estructural de la sociedad argentina y fracasado en cuanto a la posibilidad de consolidación de una gobernabilidad permanente de los propios militares de la dictadura. Dio lugar a una democracia que en los 33 años transcurridos tiene diferentes etapas que expresan esa imposibilidad de afirmar un proyecto estable en forma permanente”.

Recordó una frase de Rodolfo Walsh relativa a que el peor de los crímenes de la dictadura fue “la miseria planificada”  y enfatizó que en ese período comenzó el ciclo de endeudamiento externo resultando el mismo “un gran ordenador de las relaciones internas de poder porque son siempre esos sectores los que reciben los beneficios del crédito y otros los que lo van a pagar”.

Justamente, el debate que abarca hoy a la Argentina, un tema pendiente que dejó el kirchnerismo al que hay que hallarle una salida y que abre interrogantes sobre las secuelas que podría tener para el futuro bajo el gobierno del presidente Mauricio Macri.

Este país se ha caracterizado por crear sus propios monstruos y sus sombras. Pero también es un paciente tejedor de épicas inconclusas.

 

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